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Del 15-M al 26-J: de los indignados de entonces, a los de ahora

sábado 14 de mayo de 2016, 20:48h

Se cumple un lustro del 15M desde aquel día que cuarenta personas con posterioridad a la manifestación del 15 de mayo, celebrada para promover una democracia más participativa, decidieron acampar en la Puerta del Sol de Madrid, delante de la Real casa de Correos, sede de la Comunidad de Madrid. Tras los cristales de sus balcones, Esperanza Aguirre y Gil de Biedma, condesa consorte de Bornos (con grandeza de España) y de Murillo, se asomó tras los cristales y pensó que eso que estaba viendo, o eran actores de reparto aspirantes al Goya, o bien una broma que le quería gastar su cordial amigo Alberto Ruiz-Gallardón (alias el h.p. en palabras de la condesa) pues para eso estamos en San Isidro, y en fiestas se permite casi todo. Pero no, aquello era el comienzo de una gran amistad entre indignados que querían expresar su descontento. Presidia el país José Luis Rodríguez Zapatero y el ministro de Interior era Alfredo Pérez Rubalcaba. Desde la CAM y el Ayuntamiento instaban al ministro para que desalojarse a los acampados, a lo cual alegó Rubalcaba que “los agentes están para resolver problemas y no para crearlos".

Este movimiento de los indignados, nombre que toman del libro ¡Indignaos!, de Stéphane Hessel, uno de los redactores de la Declaración Universal de Derechos Humanos, plantea un alzamiento contra la indiferencia y a favor de la insurrección pacífica, lo que convierte a esta concentración en algo más que una simple acampada, pues, como se comprobará con posterioridad, entre los indignados había personas de gran peso específico en la universidad y en los movimientos ciudadanos, que habían tomado la obra de Hessel como su credo político. Dos meses antes (12 de marzo) aparece en Portugal un movimiento que comparte muchas de las reivindicaciones que se estaban gestando en los grupos de indignados españoles. Se denomina Geraçäo à Rasc y convocó en Lisboa una gran manifestación en favor de los "quinientoseuristas", que protestaban por las pésimas condiciones laborales, a las cuales se sumaron, estudiantes y familias enteras preocupadas por el devenir de sus hijos. En España aquello sirvió de acicate para lo que ya se estaba gestando bajo el nombre Democracia Real Ya.

Ante la perplejidad de los políticos del Partido Popular que veían que los perroflautas (como despectivamente los llamaban) no se movían de la Puerta del Sol, empezaron a preocuparse por la situación, a la vez que por lo bajito en un ejercicio de cinismo consumado, les gustaba lo que estaba pasando, pues las críticas contra el Gobierno de ZP, les allanaba el camino hacia la Moncloa.

No voy a poner en cuestión la Transición, pero era evidente que quien tenía de verdad el control de dicho proceso era la derecha reconvertida en democrática, ante quien las fuerzas de izquierdas debieron de ceder muchas de sus reivindicaciones que se postulaban como irrenunciables, lo que condujo a una democracia de perfil bajo con la que hemos convido hasta la fecha. No hubo una ruptura con el Estado anterior, sino una apertura y ese modelo está hoy en día está en revisión por la ciudadanía. Es evidente que los poderes financieros y económicos, estaban muy atentos a los movimientos para que se cumpliese aquello de: cámbialo todo, para que todo permanezca igual. Había cosas que hasta hace muy poco eran intocables y ahora siguen aunque parece que con menos intensidad. Me estoy referendo a la Corona (he dicho Corona y no Corina ¡que quede claro!) donde la figura de Juan Carlos I era incuestionable, intocable e infalible. Los medios de comunicación glosaban la figura del monarca como el gran embajador de las empresas españolas en el exterior y el adalid de la democracia. Dichos medios, al igual que ahora, estaban dominados por las clases más conservadoras y tan solo había resquicio para la crítica moderada en el Grupo Prisa de Polanco, muy alejado de lo que representa ahora mismo dicho grupo desdibujado por el paso del tiempo.

La corrupción que sale relucir cuando menos se espera, los esperpénticos y vergonzosos ejemplos de la BBR (Bárcenas, Blesa y Rato) a la que se suma un ministro en ejercicio (Soria) un Comisario Europeo reincidente (Cañete) un yerno/cuñado del Rey chorizo, una hermana/tía del Rey dudosa fiscalmente y una hija/hermana del Rey en el banquillo, me hacen cuestionar si realmente la democracia ha remontado ese perfil bajo al que me referí anteriormente. Los Papeles de Panamá, está hasta convirtiendo en villanos a la ejemplar familia Alcántara de Cuéntame. Al ritmo que vamos, los últimos capítulos se desarrollaran en La Finca, en lugar de San Genaro, con el hijo de CR7 haciendo de Carlitos ¡Vivir para ver!

Otro de los déficits democráticos de la Transición fue el sistema electoral elegido del cual han sido rehenes los partidos minoritarios, a favor de una representación bipartidista que jugaba a la alternancia y que fueron bautizados por los del 15M como el PPSOE. Dicho sistema electoral, produce unas instituciones escasamente representativas salvo para los nacionalistas, que no nos olvidemos por mucho que hoy en día se demonicen sus formaciones, han sido la bisagra minoritaria de centristas, socialistas y populares que les ha permitido gobernar en mayoría. A esto debemos añadir la escasa democratización de los partidos, secuestrados por aparatos que se eternizan en el poder, por mucho que alardeen de primarias y consultas a las bases como sinónimo de salud democrática, donde casi siempre ganan los candidatos apoyados por la cúpula (salvo ZP ante Bono) y se legitiman referéndums donde la militancia se ha ido a tomar el sol en lugar de ir a tomar la papeleta, pues esa película ya la han visto y saben que siempre gana lo previsto por el Polit Buro del partido.

El último gran fracaso, y a mi juicio la demostración que la democracia necesita un profunda regeneración, la tenemos con las pasadas elecciones del 20-D. Los partidos no han sabido digerir un cambio tan brusco sobre el fin del modelo bipartito, lo cual ha conducido a una constante política de vetos impuestos, negociaciones sin visos de éxito y consecuentemente, desolación en el electorado. Este país parece creer que sin mayorías absolutas, no hay paraíso y mucho me temo que esto es parte del legado de la transición, o lo que es lo mismo, la democracia solo me sirve, si tengo mayoría absoluta. Aún no sabemos gobernar en coalición, asignatura pendiente de un país democráticamente maduro, o mejor debo decir sólido, que luego alguien me puede llamar bolivariano.

Las nuevas generaciones cuestionan la democracia existente en España. No saben lo que fue la dictadura ni les importa, no saben lo que fue la Transición ni les importa y no les importa lo que fue el consenso, porque lo que de verdad les importa es que su voz se oiga y se sientan representados. Aquel grito del 15M de “No nos representan” resuena en su subconsciente y posiblemente ahora más que nunca lo percibamos el 26-J.

Las insuficiencias del Estado del Bienestar han dinamitado las esperanzas, y la percepción es que el Estado no representa los intereses de la población, sino los grandes intereses financieros y empresariales entrelazados con el Estado, ante lo que el 15-M clamaba diciendo: “Lo llaman democracia y no lo es” como clara denuncia de su malestar.

Aun recuerdo como políticos y líderes de opinión decían con aire de superioridad y prepotencia a los acampados en la Puerta del Sol: “si quieren reivindicar, que se organicen como partido político y que participen en las instituciones”………¡De traca! Ahora que lo han hecho y Podemos es una clara opción de Gobierno, se rasgan las vestiduras de Armani o de Zara, que para el caso es lo mismo, y apelan a la sensatez con cara de circunstancias. El 26-J lo veremos.


JOSE JOAQUIN FLECHOSO

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