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La nueva socialdemocracia de Pedro Sánchez

miércoles 01 de marzo de 2017, 16:03h
Este mes de febrero, la candidatura que impulsa a Pedro Sánchez ha producido un documento de 33 páginas (estructurado en 168 párrafos), titulado Por una nueva socialdemocracia, con el que pretende orientar al PSOE cara a su próximo congreso, dirigido no sólo a sus militantes sino a todo aquel que simpatice con el socialismo democrático. En el texto se pide a unos y otros que hagan un análisis crítico de la propuesta. Voy a tratar de satisfacer ese deseo.

Ante todo, lo primero que salta a la vista en el documento es que está integrado por distintas plumas que pasan de un plano más elevado y estratégico al barro de la pelea más callejera. Por ejemplo, cuando se está reflexionando sobre la función de los partidos políticos de manera general, aparece de pronto un ataque rabioso contra la gestora, a la califica así: “una Gestora nombrada y mandatada de un modo que no se corresponde ni con las reglas, ni con la cultura socialista, ni con los criterios democráticos básicos habituales” (párr. 134). Desconcertante. ¿Pero –permítanme la incauta pregunta- esa gestora no fue la nombrada tras una votación democrática en el Comité Federal provocada por Sánchez? Pareciera que el documento abandona el tono reflexivo para satisfacer el hígado del exsecretario perdedor. Algo que produce sospechas respecto del nivel y la intención del discurso.

El documento parte de la necesidad de renovar la socialdemocracia en España y Europa para enfrentar los graves retos del presente. Noble propósito, desde luego. La cuestión es saber cómo quiere alcanzar ese propósito. Algo que debe partir de un diagnóstico riguroso de por qué la socialdemocracia necesita ser renovada. Y aquí el análisis me parece un tanto simplista.

La SD habría perdido el norte porque ha caído progresivamente en los brazos de la derecha. Esa sería la verdadera causa. Por cierto, que algunos debates importantes de la SD desaparecen. La reflexión socialdemócrata de los años noventa acerca de cómo enfrentar la globalización brilla por su ausencia. La propuesta inicial de la tercera vía pensada por Giddens (y luego reventada por Blair con su participación en la guerra de Irak) nunca existió. Las dificultades sustantivas de los Estados de Bienestar para cautelar una economía global desregularizada no tienen peso político. Simplemente la SD se dejó arrastrar por los políticos del neoliberalismo. Así de sencillo. Uno tiene la impresión de escuchar los viejos ecos de la extrema izquierda tildando a la SD de muleta del capitalismo.
A partir de este diagnóstico sencillo, la renovación de la SD no es difícil de imaginar: lo único que tiene que hacer es alejarse de la derecha, tomando toda la distancia posible de su representación en España, el PP. El párrafo 37 lo deja claro: “Por estas razones, el socialismo democrático español tiene dos adversarios: uno ideológico, el neoliberalismo, y otro político, el Partido Popular”. No hay donde perderse.

Por cierto que el documento hace un uso del término “neoliberalismo” que no es precisamente nuevo. Recuerda el que hacían los grupos antiglobalización de los años noventa o el que hace el populismo latinoamericano hasta el día de hoy. Porque no se trata de negar la existencia del pensamiento único, ni del Consenso de Washington de comienzo de los noventa. Pero hoy la situación es un poco más compleja. Ya el regreso a lo público de principios de este siglo mostró el agotamiento del modelo neoliberal. Y si la base de ese modelo fue el énfasis en el libre comercio, hoy nos enfrentamos (con el Brexit y Trump) precisamente a lo contrario.

Usar el neoliberalismo como lo hace el documento es, en realidad, una muestra de desactualización conceptual. ¿Y con ese discurso se quiere renovar la socialdemocracia?

Pero, lamentablemente, creo que el asunto es más grave. Pareciera que el grupo de Sánchez no aprecia el nuevo peligro real. O como decían los clásicos: confunde el enemigo principal. El aparecimiento del populismo (de derechas o de izquierdas) es una respuesta a la crisis basada en la simplificación, la demagogia y el secuestro de la democracia en última instancia. En Francia está claro que la única forma de enfrentarlo es mediante un acuerdo ciudadano en torno al Estado de Derecho y los fundamentos constitucionales. Dicho de otra forma, a los socialistas franceses no les quedará más remedio –sin renunciar a la izquierda- que votar a la derecha constitucional (los representantes del neoliberalismo, según Sánchez) si éstos quedan segundos en la primera vuelta. De lo contrario, ganará Le Pen y todos (en Europa) perderemos.

Sánchez debería sacar alguna lección del escenario francés. ¿Es la derecha constitucional española, el PP, el único adversario del socialismo democrático? ¿Es su política económica conservadora, con sus innegables costes sociales, el único enemigo del sistema democrático en España? Pues desafortunadamente no lo creo. Cada vez tengo más claro que enfrentamos un riesgo por el otro extremo. Comienzo a pensar que el Podemos de Pablo Iglesias es un peligro letal para la gobernabilidad del país. ¿Puede alguien imaginar lo que sería tratar de gobernar con Podemos en la España actual? Pues resulta que Sánchez considera la alianza con Podemos –junto a los sindicatos- como una “Alianza Estratégica Básica”. Parece que todavía no se ha dado cuenta de que una buena parte de su partido no posee sólo una línea roja, la referida a los secesionistas, sino que tiene otra no menos gruesa, la que guarda relación con el populismo de Podemos. Y lo más dramático es que Sánchez dice buscar la reconstrucción de la unidad del PSOE. ¿Todavía no es consciente de que su estrategia política produce la profunda división de ese partido?

Desdichadamente, la vida es algo más compleja de como Sánchez nos la pinta. La renovación de la SD en España no se producirá satanizando a la derecha y aliándose con el populismo y la extrema izquierda. La figura de la política actual en este país no es una simple línea bipolar, sino que se parece más a un triángulo. La defensa del Estado de Derecho y los valores constitucionales requerirán del PSOE una posición propia, más allá de la derecha y del populismo. Y desde esa actuación autónoma, una veces deberá pactar con el PP y otras con Podemos. Esa será la auténtica posición de izquierdas para mejorar la situación económica y social desde la democracia. Claro, tal estrategia autónoma constituye una apuesta: puede volver a poner en valor el espacio socialdemócrata, pero también puede dejarlo en un indeseable sándwich. El problema es que esa apuesta parece inevitable si de verdad se quiere reflotar la socialdemocracia en España.
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