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Cartel de la Obra 'Sed'
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Cartel de la Obra 'Sed' (Foto: Life Triumph)

'Sed': perversiones e inhibidores

Si el teatro es riesgo, ‘Sed’ es puro teatro. El montaje de tan corto título es de esos que sacan al espectador de la sala con una incomodidad letal, con el vómito a punto de estallar, con más preguntas de las que entró, con la memoria recurrente a un texto, a un tema tan viejo en la historia (en la Grecia clásica hay ya antecedentes documentados de ello) como hoy oculto entre nosotros: la pedofilia.

El arriesgado, pero cuidado texto de ‘Sed’ es de Alejandro ButrónIbáñez, la certera dirección de César Barló (lo tenía difícil después de ‘La tempestad’, aunque ha superado la reválida), y la estupenda interpretación de Sauce Ena y Mariano Rochman. Los actores dan vida en escena a una joven pareja, con un niño de 5 o 6 años, que tiene que sortear un verdadero choque emocional cuando Él -psicólogo, profesionalmente en horas bajas- le confiesa a Ella -abogada en ejercicio-, que siente una involuntaria atracción sexual hacia los niños (“¡soy un monstruo…!”). A partir de ahí, sus relaciones se ven deterioradas progresivamente porque la desconfianza se instala en su relación y el sentimiento de culpa de Él no le basta a Ella para derribar ese muro de inseguridad, de alarma y de repulsión que le origina saber que el padre de su hijo se siente atraído por otros niños de su edad, aunque le asegure que nunca ha tocado a ninguno, y menos aún a su hijo, ni a su primo, que lleva ya varias semanas en casa, después de que sus padres hayan ido de vacaciones sin el pequeño.

La escenografía (de Juan Sebastián Domínguez, que también se encarga del vestuario), es polivalente y sencilla, y recuerda las construcciones de los famosos juegos infantiles Lego (una mesa, que al darle la vuelta se convierte en bañera; pequeños bancos que hacen de sofá doméstico, o mesas de ordenador…), algunos muñecos Playmobil, como evocadora metáfora de la presencia constante de los niños en la cabeza del psicólogo. La potente luz (de César Barló) pronuncia no solo los distintos ambientes físicos de la casa, sino también del estado anímico de la pareja que va de la rabia a la depresión, de la ira al sentimiento de culpa, de la desconfianza al enfrentamiento. Y, de fondo, en los momentos críticos, una música lejana, incómoda, que pugna por hacerse un hueco con los alegres y despreocupados gritos de los niños disfrutando en un parque o saliendo de la escuela.


Perversiones

La pedofilia está clasificada dentro de las parafilias (perversiones sexuales) y alude al comportamiento sexual de ciertos individuos que se excitan ante estímulos inapropiados, es decir, aquellos que no están socialmente aceptados. Sobre el tema hay teorías diversas, y no siempre coincidentes. Y ya que, las últimas razones del montaje parece que apuntan a que el espectador se responda a las muchas preguntas que se suscitan, ahí va la mía. Intentar explicar las actividades del pedófilo y llegar a comprender los factores sociales y psicológicos que han contribuido a que desarrolle este tipo de conducta, vienen a ser los caminos que recorren estudiosos y expertos que, sin embargo, suelen detenerse mucho menos en las consecuencias que la pedofilia provoca en el sujeto más débil de la relación, es decir, en el niño o la niña que han sido objeto de abusos. Y este es, creo yo, el bien a proteger en esta relación tan desigual porque, por mucho que se quiera empatizar con el pedófilo, lo innegable es que en una relación tan desequilibrada, hay un abuso manifiesto de una parte hacia la otra.

Un tema tan delicado, tan tenso, tan duro, necesita de un silencio casi sepulcral en el patio de butacas para respetar el inmenso trabajo de transición entre estados emocionales tan diversos de los actores, que, no obstante, y para no romper la regla que ya parece definitiva y desgraciadamente instalada entre nuestros patológicos espectadores, se rompe con más frecuencia de la deseada. Lo mismo aquí, en lo que se plantea en el escenario, como lo que sucede en el patio de butacas, los cada vez más frecuentes timbrazos del móvil (llamadas, Whatssapp, sms…) no hay más que una posible solución: terapia psiquiátrica y psicológica que, incluso, puede que tenga que ayudarse de inhibidores químicos para los primeros, y de inhibidores de frecuencia para los segundos, los espectadores despistados e irrespetuosos.


‘Sed’

Texto: Alejandro Butrón Ibáñez

Dirección: César Barló

Intérpretes: Sauce Ena y Mariano Rochman

Sonido: Lisi Búa

Diseño gráfico: José Gonçalo Pais

Fotografía: Life Triumph

Técnica: Raquel Rodríguez

Producción: Doble Sentido Producciones

Distribución: Mara Bonilla Distribución

Teatro Lara,Madrid

Todos los martes, hasta el 11 de abril de2017
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