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Europa expuesta a las intervenciones unilaterales de Donald Trump

viernes 14 de abril de 2017, 14:08h
La noticia impactaba ayer en medios preocupados por la paz y la seguridad del planeta (comenzando por Naciones Unidas): poco tiempo después del bombardeo unilateral con misiles sobre territorio sirio, el presidente Trump daba una orden directa para dejar caer en Afganistán la bomba convencional más potente que existe, conocida técnicamente como GBU-43, aunque en la Fuerza Aérea estadounidense se apoda como MOAB (Mother Of AllBombs). La bomba fue efectivamente arrojada desde un avión MC-130 y cayó sobre la provincia de Nangarhar, donde se supone que ISIS posee instalaciones militares en el subsuelo.

La Casa Blanca y el propio Trump han presentado esta acción con un discurso altamente discutible, a juzgar por reconocidos medios norteamericanos. En realidad, podríamos estar ante un nuevo episodio de propaganda y desinformación de dimensiones considerables. Los argumentos expuestos para justificar esta intervención son: 1) se trata de una demostración de compromiso en la guerra contra el ISIS; 2) se usa un artefacto muy potente porque es necesario alcanzar instalaciones militares bajo tierra; 3) se realiza con especial cuidado para no afectar a la población civil.

Veamos uno por uno tales supuestos. En primer lugar, como hace tiempo se establece en la propia Estrategia de Seguridad Nacional de los Estados Unidos, la guerra contra el yihadismo es de naturaleza distinta a las guerras entre Estados y no puede enfrentarse por medios convencionales; se trata de una guerra irregular donde los factores políticos y el trabajo de información son las principales herramientas. Este ataque reciente, mediante una gran bomba, puede parecer muy aparatoso pero no infringe un daño estratégico importante a ISIS ni al jihadismo en general. Más bien puede constituir una muestra de prepotencia occidental que justifique acciones desesperadas del radicalismo islamista.

El uso de una bomba tan potente para lograr mayor penetración tampoco está claro. En el arsenal norteamericano hay otras bombas GBU probadas capaces de lograr ese nivel de penetración. Todo indica que se trata de un ejercicio de prueba operacional y de demostración de ostentación de poder de fuego.
De igual forma, el argumento de que la bomba se ha usado con especial cuidado para no afectar a la población civil es altamente discutible. Aunque se trata de un artefacto integrante del grupo de armas guiadas (GBU), lo cierto es que no está propiamente teledirigido y el uso de paracaídas le hace sensible a vientos de cierta consideración, que pueden desviarle de su objetivo inicial.

Dicho en breve, la operación no constituye precisamente un acierto en términos militares estratégicos contra un enemigo definido. Su naturaleza guarda más relación con posibles réditos políticos para el presidente Trump. En el plano interno, todo parece indicar que este tipo de demostraciones de fuerza está obteniendo apoyo de su propio electorado y busca compensar las críticas sociales que emergieron nada más llegar a la Casa Blanca. En el plano internacional, trata de enviar mensajes a sus diversos contrincantes, en especial Rusia y Corea del Norte.

Pero cabe preguntarse acerca de las posibles consecuencias que pueden tener estas acciones unilaterales en el campo específico de la guerra irregular contra el jihadismo, en especial en el escenario europeo. De inmediato, lo previsible es una exacerbación del conflicto mucho más que un daño estratégico del radicalismo islámico. Estos actos permiten una lectura donde se acuse otra vezde la prepotencia occidental contra el pueblo seguidor del islam. Las redes sociales jihadistas van a llenarse de argumentos que justificarán aún más las acciones de los lobos solitarios, sobre todo en las capitales europeas.Cuanto más aparatosas sean las acciones occidentales mayor será la reacción del terrorismo capilar.

El problema para Europa es que tales riesgos no cuentan mucho en el círculo íntimo de un Presidente como Trump que está convencido de que tiene carta blanca en el escenario internacional. No sólo se considera por encima de las Naciones Unidas, sino que no entra en sus planes tomar en consideración los criterios de los gobiernos europeos, que no parecen tener otra opción que preparase para pagar los costos de las aventuras unilaterales de un patán.

La situación se agrava porque una vez adoptado este camino de gendarme mundial, el nuevo Presidente de Estados Unidos tendrá que dejar caer todas las veleidades aislacionistas con las que llegó a la Casa Blanca. A partir de ahora no podrá deshacerse de su investidurade gendarme, porque eso sería un retroceso político que difícilmente puede asumir. Así que ya estamos advertidos: el mundo ha quedado a disposición de un aventurero populista, que tiene alta experiencia –eso sí- en campañas de intoxicación informativa. No parece que Europa pueda confiar en los famosos contrapesos del sistema político estadounidense.

Probablemente la opinión pública europea no tenga más remedio que movilizarse de nuevo para forzar a sus gobiernos a respaldar la propia seguridad, que un irresponsable cowboy parece dispuesto afragilizar sin mayores miramientos.
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