www.diariocritico.com

Todavía estamos a tiempo

viernes 26 de enero de 2018, 09:17h

Los fardos de asuntos pendientes siguen flotando en la ciénaga catalana. De vez en cuando, empujado por las corrientes más propicias, alguno de ellos se acerca a la orilla. Los mirones observan el bulto y sin mojarse los tobillos identifican el contenido: “Son las pensiones”. Así funcionamos últimamente. El aspecto del paquete es deprimente. Amenaza con reventar por las costuras y dispersar lo que lleva dentro en las aguas turbias de la charca. Los más próximos al espectáculo, políticos de izquierda y sindicalistas revenidos, contemplan la deriva y proponen soluciones improvisadas: “Hay que incrementar los ingresos de la Seguridad Social con un nuevo impuesto sufragado por la banca”. Paños calientes y cataplasmas inútiles que no atajan la gravedad del enfermo. Ellos lo saben. Con ese dinero, poco más de cinco mil millones de euros, apenas se pagaría una de las dos pagas extras anuales que todavía perciben los pensionistas.

Los tratamientos ambulatorios propuestos hasta ahora no sirven para nada, hay que aplicar una cirugía eficaz que extirpe del sistema los graves males que padece. Los gurús de la macroeconomía, aquellos que defienden el liberalismo radical y las sacrosantas leyes del mercado, proclaman siempre su conocido corolario de recetas magistrales: retrasar la edad de jubilación, multiplicar el número de cotizantes y apuntarse a los planes privados de pensiones. La supervivencia del estado del bienestar, tal y como aún se mantiene en las sociedades más avanzadas, les importa un rábano.

Estudiemos las propuestas citadas. ¿De qué nos vale prolongar la vida laboral de los activos si una parte de ellos se va a la calle antes de cumplir los sesenta años? En este país nuestro, en sucesivas etapas relacionadas o no con la crisis, se han aplicado miles de expedientes de regulación de empleo. Los trabajadores más veteranos han sido los protagonistas de la inmensa mayoría de esos ajustes de plantillas. El 60% de los parados de larga duración tienen más de cincuenta y cinco años. Hablamos de un colectivo de 600.000 personas. Esa es la paradoja: pretender que se trabaje más años y despedir paralelamente a buena parte de aquellos que están todavía en condiciones de hacerlo.

La tipología de los nuevos cotizantes no invita a la esperanza. Mayoritariamente se les contrata a tiempo parcial, temporalmente, como falsos autónomos, por semanas o por días, sin posibilidad alguna de mantenerse en su puesto de trabajo y pagándoles lo justito. Así las cosas, aunque lleguemos a los veinte millones de empleados, no resolveremos la problemática que rodea a las pensiones. Nos queda por analizar otra falacia: los planes privados de jubilación. Tal iniciativa ampliaría la brecha entre los que pueden pagárselo y los que no, agrandándose la desigualdad social que ya sufrimos. Por todo ello, al margen de ofertas circunstanciales, hay que sanear la Caja Única de la Seguridad Social, complementándola con una partida suficiente en los Presupuestos Generales del Estado. De sus fondos no deberían salir las prestaciones sociales que no se correspondan con las pensiones contributivas. Tampoco se debería cargar en su debe los gastos que genera el funcionamiento de la institución. Tendríamos que modificar la legislación laboral, eliminando el fraude empresarial y fomentando la contratación indefinida. Deberíamos corregir también nuestra pirámide de población, con muchos mayores en la base y pocos jóvenes en la cúspide. La concertación familiar y las primas a la natalidad son fundamentales. Si nos ponemos a ello, todavía estamos a tiempo.

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)

+

0 comentarios