Pero, claro, con tanta contestación… entre rejas, metafóricamente hablando. Nuestro político de hoy quiere salir, no tiene espacio, la huerta valenciana se le queda pequeña y el aire franquista es irrespirable. Él aún no lo sabe, pero en 1967 –cuando a él le aprisionan esas mallas que vemos en la foto- las cárceles están aún a rebosar. Él tomaría luego el testigo de la contestación.