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Crisis profunda

Solo la intuición de que ETA puede tener, por estrategia, dificultades para volver a matar, porque perdería los pocos apoyos que le quedan y desaparecería por el sumidero de la historia, hace mantener a día de hoy una leve esperanza de que no se rompa este nuevo intento de acabar con la violencia.

Pues estamos viviendo los días más difíciles desde el alto el fuego permanente de ETA. Los ataques  al 'proceso' vienen desde todos los frentes. El primero, el peor, el de los terroristas que lejos de demostrar su voluntad inequívoca de dejar las armas se dedican, en acciones  mezcla de propaganda y provocación, a disparar sus ametralladoras en los mítines o a robar pistolas en Francia.

La ilegalizada Batasuna, que ve como se acerca la fecha de las elecciones municipales y sigue fuera de la ley, chantajea, amenaza y saca a sus jóvenes violentos a la calle y vuelve a los asaltos urbanos incrementando cada día un punto más su gravedad (ayer estuvieron a punto de quemar a dos policías que vigilaban un botellón en Bilbao).

Todavía Otegui se permite chulerías como ofrecer al Gobierno que está dispuesto a recorrer todos los pueblos de Euskadi y parar la kaleborroka si el ejecutivo frena a los jueces. Sólo desde la zafiedad  y una mente totalitaria se puede ignorara a estas alturas que en un Estado de Derecho existe la separación de poderes y que, por tanto, el Gobierno no controla a la judicatura.

Declaraciones confusas como las que hizo el otro día Zapatero tampoco ayudan a dejar claro que este proceso, si sale, será dentro de la ley o no será. Por eso es importante la constancia y el rigor  de Maria Teresa Fernández de la Vega  que  repite semana tras semana donde están lo limites, por donde no pasarán. El mensaje, contundente, sirve para tranquilizar a la ciudadanía sometida a toda clase de amenazas apocalípticas por parte del Partido Popular.

Porque ese es el otro frente contra la esperanza de paz. La estrategia electoral del PP, por mucho que los dirigentes de Génova lo nieguen, de hacer fracasar el proceso y no sólo no apoyar al Gobierno sino poner todos los palos posibles en las ruedas para que se quiebre. Cuentan con la ayuda inestimable de organizaciones como la Asociación de Víctimas del Terrorismo, presidida por Alcaraz, o el Foro de Ermua dispuestos a presentar denuncias contra cualquier iniciativa y llevar a los tribunales algo tan complicado como una negociación. Saben que en un sector de la magistratura sus denuncias van a ser muy bien atendidas y comprendidas de ahí su contumacia.

En estas circunstancias, y con el asesino De Juana Chaos en huelga de hambre por la nueva condena, casi parece un milagro que pueda desaparecer la lacra del terrorismo que hemos soportado cuarenta años.

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