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La semana política que empieza. La sonrisa congelada de ZP

La semana política que empieza. La sonrisa congelada de ZP

Dicen quienes acompañan a Zapatero en sus viajes al exterior que el presidente ha congelado algo su sonrisa. Un testigo durante su desplazamiento de este domingo a Turquía aseguraba que no puede disimular --y mira que es buen encajador-- su desencanto ante algunas de las cosas que están ocurriendo. Que 'le' están ocurriendo y, por extensión, 'nos' ocurren al resto de los españoles.
 
Tome usted, por ejemplo, algunas de las cosas que nos vienen esta semana que ahora comienza. Los órganos institucionales catalanes se preparan para su constitución formal sin que Zapatero haya arriesgado aún una opinión en público acerca de qué le parece esta reedición del Govern tripartito, y encima con un Carod-Rovira, del que hay que recordar algunas de las cosas dichas contra el inquilino de La Moncloa, como vicepresidente de la Generalitat. Marcando el paso al molt honorable president José Montilla. Eso, en Cataluña, cuyo futuro político había sido diseñado, por el propio Zapatero y por el convergente Artur Mas, de manera muy diferente, como ya todo el mundo sabe, aunque no se quiera reconocer públicamente.
 
O mire usted hacia el País Vasco, donde ha renacido con fuerza la 'kale borroka' --ya ha estado a punto de producirse el primer muerto por la brutalidad de los manifestante proetarras-- y donde el mundillo 'abertzale' ha vuelto a tomar las calles en las actitudes más provocativas. ¿Dónde quedaron aquellas disquisiciones jurídicas acerca de si debía o no permitirse la presencia de Batasuna en las manifestaciones?  Porque la verdad es que ahora esa presencia es constante y sonora.
 
Así que los dos grandes problemas de la política española --la economía, a Dios gracias, va por otro lado y bien-- subsisten. No es que los haya inventado ni traído Zapatero, como podría pensarse escuchando a algunas voces de la oposición, a la que, por cierto, ahora hay que oír en dos registros distintos. Pero la verdad es que el presidente del Gobierno socialista alentó muchas, ya se ve que demasiadas, esperanzas, a su llegada al poder.
 
Nos dió a entender que podría controlar, a base de diálogo y alianzas, algunas ambiciones excesivas de los nacionalistas catalanes y vascos. Y, hasta ahora, ha logrado que Convergencia i Unió se vuelva su peor enemigo, cuando hasta llegaron a hablar de qué ministros nacionalistas catalanes podrían integrarse en el Gobierno central. Es más: no sólo ha perdido el apoyo del grupo de CiU en el Congreso, sino que hasta puede que los socialistas catalanes acaben formando grupo parlamentario propio, acompañados por los diputados de Esquerra. Un nuevo quebradero de cabeza, gracias a la 'rebelión' de un 'segunda serie', Montilla, precisamente cuando ZP estaba convencido de que todo iba a salir bien.
 
¿Y en el País Vasco? Pues algo parecido. Zapatero generó una excesiva confianza entre los ciudadanos, en el sentido de que se podría llegar a una negociación más o menos satisfactoria con la banda terrorista en un plazo razonable, que comenzaría con el otoño. Hasta ahora, nada de esto ha ocurrido, y sí, por el contrario, un retorno de la peor violencia callejera de fin de semana, acompañada por manifestaciones en las que las reivindicaciones amparadas por los etarras se corean sin empacho. Hasta el interlocutor privilegiado de los socialistas, Arnaldo Otegi, se ha permitido adoptar una actitud irritantemente amenazante. Tan irritante que Zapatero ha tenido que enviar a sus mejores bazas, comenzando por la vicepresidenta Fernández de la Vega, a recorrer las tierras de España asegurando que no habrá negociación ni concesión alguna a ETA mientras no haya gestos pacíficos inequívocos procedentes de la banda.
 
Así que, si usted habla estos días con empresarios, con algunos relevantes ex altos cargos socialistas, con comunicadores independientes, no le extrañe que le digan, con desusada unanimidad, que Zapatero está atravesando horas bajas. Y de poco le han de servir los estímulos qaue encuentre en Turquía a su alianza de civilizaciones para paliar la sensación de vértigo que sin duda le está embargando en estos momentos cruciales al regresar a casa.
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