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La transión militar según Narcis Serra

La transión militar según Narcis Serra

Narcis Serra, ministro de Defensa durante ocho años (1982-1988), ha publicado recientemente un interesante libro sobre la transición militar. En esta obra aprovecha su larga experiencia de gobierno y su posterior labor de asesoramiento en otros países para exponer un modelo contrastado por la práctica que, estimándose conveniente, permita el control civil de los militares. El libro se mueve en el terrero académico de las relaciones civiles-militares, pero todas sus reflexiones teóricas pretenden estar ancladas en su propia experiencia de gestión de la reforma democrática de las Fuerzas Armadas españolas. 

La obra repasa los distintos enfoques del debate académico sobre las relaciones entre el gobierno y los militares, con especial referencia a los autores que, desde hace décadas, han tratado de estas cuestiones en Estados Unidos. Muestra la evolución de los distintos planteamientos desde el final de la segunda guerra mundial hasta los actuales conflictos en Irak y Afganistán. El autor se adhiere razonadamente al modelo ocupacional progresista de control civil democrático de las fuerzas armadas, que sitúa la eficacia de éstas en la identificación con la sociedad a la que sirven y no deja ámbitos a la autonomía militar, frente al conservador enfoque institucional de los ejércitos, que avala la existencia de una cultura profesional militar diferenciada del resto de la sociedad, argumentándose una pretendida mayor eficacia.

Narcis Serra divide la reforma militar desde un régimen autoritario en dos fases: la transición y la consolidación, debiendo irse superando progresivamente una serie de etapas que consiguen cambiar el inicial control militar por el control civil. Sin constituir unas memorias sobre su gestión ministerial, el autor reivindica continuamente la tarea realizada por los gobiernos democráticos españoles: la fase de reforma de los gobiernos de la UCD y la fase de consolidación democrática de los gobiernos socialistas. La presentación de la obra a cargo de Felipe González y de la actual ministra Chacón, junto con la asistencia de numerosos oficiales generales y altos cargos del ministerio de entonces y de ahora, subraya la idea de una continuidad en la gestión socialista de la Defensa.

Está generalizada la opinión de que la reforma militar, como la propia transición política, constituyó una difícil tarea que supo abordarse con éxito. En la versión de Serra la transición militar española puede servir de referencia para otras transiciones al tratarse de un modelo acabado en el que se habrían ido cubriendo sistemáticamente todas las etapas. Ninguna reforma sustantiva estaría ya pendiente y todos los pasos se habrían realizado con una mezcla bien dosificada de prudencia y firmeza. Además de inmodesta, se trata de una opinión discutible tanto respecto del pasado como, lo que es más importante, en relación con el futuro.  

No creemos que pueda sostenerse que los gobiernos democráticos, incluidos aquellos en los que participó el Sr. Serra, tuvieran controlado el proceso en todo momento. De hecho puede decirse que hasta muy avanzada la década de los años ochenta no se empezó a ejercer un control efectivo sobre la institución militar; el propio Serra reconoce, aunque no parece sacar consecuencia alguna, que se tuvo que esperar hasta 1987 para rehabilitar a los oficiales de la UMD, eso sí, teniendo que aprovecharse un relevo de la cúpula militar para que estuviera vacante la jefatura de los ejércitos y sin intención de que volvieran al servicio activo, todo ello no obstante la opinión favorable de todas las fuerzas políticas desde las Cortes Constituyentes. Este ejemplo, entre otros, muestra que, efectivamente, con el tiempo se fueron conquistando parcelas de control civil, pero fue tardío y parcial mientras se corrían serios riesgos de involución. 

La complacencia excesiva en la transición, como hace el ex ministro Serra en su estimable libro, puede llevar a dar por concluido todo el proceso, cuando faltan muchos campos en los que no se ha avanzado gran cosa desde la transición y algunos otros en los que incluso se ha retrocedido sutilmente. El concepto de persistencia democrática utilizado en el libro para definir las medidas de la actualidad, que presuponen que se ha alcanzado ya el control civil, se antoja muy optimista a la vista de la gran tarea de democratización de los ejércitos todavía pendiente de abordar. Señalemos algunos ámbitos: la integración total de la administración militar en la administración general del Estado y de la jurisdicción militar, anulando su fuero especial, en el poder judicial; la formación básica del personal militar de acuerdo con el sistema educativo general, sin centros educativos especiales, salvo los técnicos y tácticos; o la regulación de una vía para el ejercicio de los derechos fundamentales de los militares y para la defensa, como cualesquiera otros ciudadanos, de sus legítimos intereses profesionales, económicos y sociales.

Se trata de reformas necesarias para, teniendo el control civil de las fuerzas armadas, integrar a los miembros de los ejércitos en la sociedad democrática. Cuanto mayor sea la convergencia de valores y principios de los ejércitos con su sociedad mejor rendimiento proporcionarán al Estado, comportándose como un eficaz instrumento de la acción del gobierno. Destruido por la experiencia el mito de la superior eficacia del enfoque institucional, pocos argumentos avalan ya el mantenimiento de la excepción de los militares a la plena ciudadanía democrática.
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