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Bush vuelve a su rutina tras una infructuosa gira por Oriente Medio

El presidente de EEUU, George W. Bush, volvió este lunes a su rutina tras una gira por Oriente Medio en la que no consiguió ni empujar el maltrecho proceso de paz ni que Arabia Saudí colaborara en la solución de la crisis del petróleo.

Bush, que llegó la pasada noche de regreso a Washington, se reunió este lunes con el secretario del Tesoro, Henry Paulson, para tratar sobre la situación económica del país.

Pero en una entrevista que emitió este lunes la cadena NBC, el presidente repasó la gira que le llevó la semana pasada a Israel, Arabia Saudí y Egipto, y se mostró optimista ante la posibilidad de un acuerdo sobre un Estado palestino antes de que expire su mandato, en enero próximo.

"Creo que existirá un Estado y sé que es necesario para la paz en Oriente Medio. Me siento optimista de que podremos definirlo durante mi presidencia y ponerlo en marcha", declaró.

Pero pese a sus palabras optimistas, Bush no ha conseguido, al menos en apariencia, ninguno de los objetivos que se había trazado antes del viaje: dar un impulso al proceso de paz y presionar a Arabia Saudí para que aumente su producción de petróleo y contribuya con ello a rebajar los altos precios del crudo.

En el vuelo de regreso a Washington, el consejero de Seguridad Nacional de la Casa Blanca, Stephen Hadley, sostuvo que el viaje se proponía "dejar claro el apoyo de EEUU al pueblo israelí" y demostrar "el continuo apoyo a los esfuerzos para negociar una paz con los palestinos".

Durante la gira no hubo una reunión a tres bandas con israelíes y palestinos, como originalmente pretendía EEUU. La secretaria de Estado, Condoleezza Rice, aseguró, no obstante, que entre bambalinas se desarrollan negociaciones de paz intensas que lo serán aún más "en los próximos meses".

Bush concluyó su gira con un discurso ante el Foro Económico Mundial en Sharm el Sheij (Egipto) que se ha interpretado en la zona como un intento del presidente estadounidense de "leer la cartilla" a los mandatarios árabes.

Ese discurso, acogido con sólo aplausos esporádicos, pidió más respeto a las libertades, un papel más amplio para la mujer en la sociedad y que se intensifique el libre comercio.

El tono del discurso contrastó vivamente con el pronunciado ante el Parlamento israelí apenas tres días antes, en el que felicitó a ese país en el 60 aniversario de su creación y calificó a Israel de "pueblo elegido".

"Con demasiada frecuencia, en Oriente Medio la política ha consistido en un líder en el poder y la oposición en la cárcel", declaró en Sharm el Sheij Bush, quien añadió que "ha llegado el momento de que los países en Oriente Medio abandonen esas prácticas y traten a sus pueblos con la dignidad que merecen".

El presidente también abordó el programa nuclear iraní, sobre el que aseguró que "permitir que el principal patrocinador del terrorismo en el mundo obtenga el arma más mortífera del mundo sería una traición imperdonable a las generaciones futuras".

Bush contaba con recibir la simpatía de una audiencia de mayoría suní, preocupada por la creciente ascendencia de Irán, de mayoría chií.

Pero los mandatarios árabes han dejado claro en repetidas ocasiones que, si les preocupa la influencia iraní, les preocupa aún más la posibilidad de que Estados Unidos pudiera lanzar un ataque preventivo contra Teherán, en una iniciativa que tendría repercusiones en toda la región.

Durante su gira, Bush se reunió con el primer ministro israelí, Ehud Olmert, con el rey saudí Abdalá y, en Egipto, con el presidente Hosni Mubarak, el monarca Abdalá II de Jordania y el líder palestino Mahmud Abás, entre otros.

No pudo reunirse, sin embargo, con el primer ministro libanés, Fuad Siniora, quien tuvo que cancelar el encuentro previsto y permanecer en su país por la crisis política que enfrenta a su Gobierno con la organización chií pro iraní Hizbulá.

En sus declaraciones a bordo del Air Force One, Hadley afirmó que la crisis actual en Líbano puede acabar siendo "una oportunidad para las fuerzas libanesas de la democracia y la libertad, y para aquellos en la región que las apoyan, para hacer que Hizbulá rinda cuentas".

Hadley dejó la puerta abierta a la posibilidad de que Bush regrese a Oriente Medio este año, en lo que sería su tercera visita desde enero. El presidente volverá, afirmó, "cuando haya tarea que hacer para conseguir el progreso del proceso" de paz.

Bush pierde los papeles y se gana reproches

La gira del presidente de EEUU por Oriente Medio parece haber servido para soliviantar a sus aliados árabes y despertar más suspicacias sobre la validez de su papel como mediador en el proceso de paz.

Si Bush llegó a la región con la intención de impulsar las negociaciones entre israelíes y palestinos, puede que haya conseguido exactamente lo contrario, a juzgar por la reacción árabe.

En concreto, el discurso que el estadounidense pronunció ante la Kneset (Parlamento israelí) el pasado jueves escoció especialmente en la región, que vio como Bush afianzaba su vinculación con Israel sin hacer apenas referencia a los palestinos.

"EEUU es el mejor amigo y el mayor aliado de Israel", aseveró el estadounidense, además de recordar que su país no permitirá que el estado hebreo desaparezca.

A seis meses del final de su mandato, y cuando parecía que Bush ha puesto toda las energías de su política exterior en la paz en Oriente Medio, su paso por Arabia Saudí y Egipto no consiguió anular las "malas vibraciones" que despierta su alianza a sangre y fuego con Israel.

El líder estadounidense hace tiempo que perdió la batalla por los corazones de los árabes, pero ahora corre también el riesgo de quedarse sin sus aliados políticos.

Para Mohamed el Masri, analista del diario oficialista egipcio Al Ahram, que suele reflejar las tesis oficiales del régimen, "Bush llegó a Egipto para mejorar su imagen entre los árabes, pero no lo consiguió en absoluto".

Sin embargo, Masri puntualizó a Efe que en muchos asuntos, aunque Bush y sus aliados árabes se odien, deben mantenerse unidos.

Puede que eso les cueste más de lo previsto.

El presidente egipcio, Hosni Mubarak, abandonó el domingo la sala donde dio su discurso de inauguración del Foro Económico Mundial sobre Oriente Medio poco antes de que Bush pronunciase el suyo.

Ese supuesto desplante, que ha recibido un amplio eco por parte de la prensa independiente egipcia, deja a las claras la delicada posición en la que ha quedado Bush incluso con uno de sus principales socios regionales.

La alocución posterior del estadounidense tampoco consiguió, pese a algunas buenas palabras, tranquilizar los ánimos.

Al contrario, la intervención estuvo en gran parte dirigida a amonestar a los gobiernos árabes por sus prácticas antidemocráticas y a darles una cuantas recetas paternalistas para llevar el progreso a sus países.

Para colmo de Bush, otro de sus mayores apoyos, el presidente palestino, Mahmud Abás, ha salido visiblemente contrariado de su visita.

Pese a que Bush y Abás dejaron el lugar de su reunión en Sharm el Sheij agarrados de la mano, la realidad es que el palestino reprendió al estadounidense por "olvidarse" de su causa ante la Kneset.

Tras su entrevista, se han disparado los rumores sobre el futuro del proceso de paz, pero todos apuntan en la misma dirección: Abás está decepcionado con la actitud unilateral de EEUU y duda del éxito del proceso de paz.

Para un periodista palestino que cubre las negociaciones en Sharm el Sheij pero que pidió permanecer en el anonimato, "el destino de Bush y el de Abás están unidos de la mano, y ahora Bush está arrastrando en su caída a Abás".

En otro frente abierto en la región, las ambiciones nucleares de Irán, Bush cuenta con el respaldo de los países árabes de mayoría suní, que observan con recelo al vecino chií, y así se lo hizo saber el rey saudí, Abdalá Bin Abdelaziz, en su entrevista en Riad, pero ese apoyo no será incondicional.

"Los árabes rechazan adoptar una posición común con EEUU contra Irán. Prefieren intentan llenar el enorme vacío que existe ahora entre Teherán y Washington", señaló Masri.

En su discurso del domingo en el Foro de Davos sobre Oriente Medio, el estadounidense vio cómo su proclama de que "el mundo no puede permitir a Irán que se haga con el arma nuclear", apenas arrancó algún aplauso.

La gelidez con que la audiencia, compuesta por 1.500 líderes políticos y económicos, recibió la alocución no es probablemente el recuerdo que Bush habría preferido llevarse de Oriente Medio.

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