Carreras, golpes, policías a caballo, apasionados encuentros dialécticos, inflamados idealismos y anhelos de libertad. Un mes de mayo de hace 40 años, la convulsa situación internacional y las ganas de cambiar el mundo de los jóvenes franceses se unieron a la lucha contra el franquismo liderada por una universidad cada vez más crítica. La primavera trajo a las aulas de Madrid el germen de una futura renovación. Por delante, los años más duros de la contienda entre los estudiantes y la autoridad franquista. A sus espaldas, los viejos modos de entender el mundo y el silencio cómplice del oprimido.
El 18 de Mayo de 1968 la facultad de Políticas de la Universidad
Complutense-entonces Universidad Central- estaba hasta la bandera. Miles de estudiantes habían acudido, en una universidad perpetuamente sitiada, a la llamada de libertad que encarnó en aquella jornada la voz del cantautor valenciano Raimon. Un concierto inolvidable para muchos universitarios, que tampoco olvidarán nunca la represión que siguió a su canto.
La explosión de fantasía y afán de renovación que recorría en París el Barrio Latino, llegó a las facultades madrileñas cuando éstas ya llevaban a sus espaldas varios años de lucha contra el aparato del régimen. Por ello sus protagonistas no recuerdan que el movimiento francés supusiera un cambio extraordinario en la lucha en los campus.“A nosotros mayo del 68 nos pilló muy rodados, porque veníamos de la protesta universitaria desde el año 62”, recuerda Estrella López Keller, estudiante de postgrado entonces y profesora hoy de Historia del Pensamiento en la facultad de Políticas de la UCM.
“Quizás les mirábamos un poco por encima del hombro, diciendo, bueno, ellos tienen un sistema democrático, no tienen tanto motivo como nosotros, nosotros sí que teníamos una causa por la que luchar de verdad. Lo que pasaba en Francia nos podía divertir, interesar, pero incluso nos daba envidia porque, aunque también hubiera una represión tremenda por parte de la policía francesa, era mucho menos peligroso, no se arriesgaban a siete años de cárcel por tener panfletos o a asesinatos, como hubo”, indica López Keller.
Ya unos años antes, en 1965, cinco catedráticos (Tierno Galván, García Calvo, López-Aranguren, Montero Díaz y Aguilar Navarro) habían sido apartados del campus por encabezar una manifestación estudiantil. “Esa expulsión de profesores sentó muy mal en el profesorado, movió a muchos profesores a mirar con más simpatía la protesta de los estudiantes”, concluye Estrella López.
Agustín Araújo, naturalista, escritor y reconocido periodista medioambiental, compartía facultad con Estrella- la llamada ‘cajita de cerillas o ‘Galerías Castañeda’, en honor a un decano ‘hueso’que entonces allí imparía enseñanza-, aunque acababa de empezar la carrera. Recuerda la universidad que encontró como un universo de “abismos contrapuestos”. “Era una frustración tremenda para el que llegaba queriendo cambiar el mundo por su conservadurismo, pero a la vez, una tabla de salvación para el náufrago que llegaba a ella”.
“El ‘establisment’ estaba en las nubes, no estaban emocional y mentalmente en condiciones de encajar lo que estaba pasando con el colectivo estudiantil que tenían enfrente. Incluso los ‘progresistas’, los mas avanzados, por una razón de generaciones, no podían entender la dinámica juvenil que se expresaba con una virulencia extraordinaria.”, coincide Federico Soto Casariego. Y es que, según este profesor de Economía en la Facultad de Políticas de la UCM, que en el curso 67-68 era estudiante de primero de Derecho, la transformación de la sociedad de rural en urbanita, la incorporación de la mujer al trabajo y otros pequeños grandes cambios como la ruptura musical que fue el rock, crearon una brecha generacional imposible de salvar.
Y los estudiantes tomaron la iniciativa de crear una sociedad nueva. “La presencia en la universidad de la policía era continua –explica Joaquín Araújo- Yo acabé en la cárcel siete veces en ese período, por ser un líder sindical y organizar eventos culturales”. En estas circunstancias, Mayo del 68 aportó a las ansias de libertad de los estudiantes madrileños "la esperanza de una salvación en forma de una evolución histórica que no estuviera basada en la voracidad consumista y en el fanatismo del desarrollo tecnológico”, en palabras de Federico Soto.
Así, el concierto de Raimon quedó grabado en el recuerdo de muchos jóvenes. “Fue la primera vez en mi vida en que veía a alguien con el valor y la osadía de enarbolar la bandera de la hoz y el martillo. Todos aplaudimos; no se trataba de que fueras comunista, sino de que aplaudías la afirmación de libertad que significaba enarbolar la bandera.”, relata Soto. Para Estrella López fue “absolutamente emocionante”. “Yo había comprado su primer disco, el long-play de ‘Al Vent’, en el 65. En el 68 ya era un mito entre nosotros, entre los estudiantes. Me encontraba en la parte de arriba, detrás de donde estaba él cantando y no cabíamos, estábamos como sardinas en lata”. Araujo recuerda especialmente la salida cuando “el barrio de Argüelles estaba igual que el barrio Latino de París”.
Después del recital, los estudiantes, huyendo de la carga policial que se produjo, se dispersaron en distintos grupos. Uno de ellos, en una de esas acciones frecuentes que se calificaban como "saltos"”, invadió la carretera de A Coruña para paralizar el tráfico. Al parecer, en uno de los vehículos viajaba la aún princesa Sofía. “Fue una situación muy sonada. Los estudiantes zarandearon el coche. Esto da una idea del nivel de enfrentamiento que había”, asegura Soto.
Y el enfrentamiento continuó, recrudeciéndose, durante los años más duros de la represión franquista desde la década de los 40. A principios del 69, tras el asesinato del estudiante Enrique Ruano y la declaración del enésimo estado de excepción, la policía estableció un cuartelillo dentro de cada facultad. Este jueves, la canción protesta de Raimon vuelve 40 años después, al campus de la Complutense. Un símbolo, como sostiene Araujo, de que la renovación de mayo es, hoy, más necesaria que nunca.