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Enfriamiento

Enfriamiento

jueves 24 de julio de 2008, 21:46h
Actualizado: 18 de septiembre de 2008, 01:34h
Mucho se ha comentado ya sobre las causas del boom global de los últimos años. La principal, para una parte importante de la biblioteca, ha sido el extraordinario crecimiento de la demanda de los consumidores norteamericanos, en medio de la expansión crediticia y la innovación financiera que dieron origen a la burbuja de precios de los activos inmobiliarios. Téngase en cuenta que si sumamos los consumos de Estados Unidos, La Unión Europea ampliada, China, India y Japón, los consumidores norteamericanos representan, nada menos, que el 45% del total. Sin dudas, un ajuste de los consumidores del Norte, derivado de la explosión de la burbuja inmobiliaria, y sus consecuencias sobre el crédito, el nivel de actividad, y la salud (enfermedad) del sistema financiero, tiene una influencia notable sobre el crecimiento mundial. ¿Cómo se transmite, el boom de consumo, o el ajuste de Estados Unidos al resto del mundo?. A través de su déficit de cuenta corriente (exceso de gasto, sobre la producción interna).

¿Qué ha pasado con el déficit de cuenta corriente de Estados Unidos, últimamente? Si lo neteamos de las importaciones de Petróleo -después vuelvo- el déficit pasó de su récord de principios del 2006, 4,3% del PBI al 2,3% actual. Es decir, la economía norteamericana se ha estado ajustando. ¿Cómo se hace un ajuste de cuenta corriente?

Reduciendo el poder de compra, medido en bienes extranjeros de los consumidores y abaratando, para los extranjeros, el valor de la producción local. En otras palabras ¡Devaluando!. Obviamente, hemos asistido, en los últimos años, a la devaluación del dólar, para ajustar una economía norteamericana recalentada, intentando un "aterrizaje suave". Y, como siempre, el aterrizaje se convirtió en forzoso y dramático. Pero, como alguna vez dijo un Secretario del Tesoro Estadounidense, dirigiéndose a sus colegas del resto del mundo "El dólar es nuestra moneda, pero es su problema". Y, efectivamente, la devaluación del dólar fue el problema del resto del mundo. Algunos países, la compensaron, parcialmente, dejando revaluar sus propias monedas, moderando el efecto inflacionario y limitando el crecimiento de sus economías, a tasas más sustentables.

Otros, prefirieron seguir atados al dólar, o revaluando muy levemente, para aprovechar a pleno el ciclo mundial favorable, amplificándo al máximo el crecimiento, importando inflación y acumulando reservas en dólares. Pero, como ya sabemos los argentinos, por experiencia propia, es difícil engañar mucho tiempo a todo el mundo. La devaluación esperada del dólar generó varias consecuencias. La primera financiera. En todos los países en que las monedas locales se revaluaron, se hacía "tentador" financiar el crecimiento, endeudándose en dólares, y transformando esos dólares en moneda local, para devolverlos, en su momento, con espectaculares ganancias en dólares, después de pagar la bajísima tasa de interés. Esta "bicicleta global", a su vez, inflaba todavía más la actividad económica. La segunda consecuencia, ligada directamente a la "estafa" de la devaluación, fue el fuerte incremento de los precios del petróleo y el resto de los commodities, en dólares. Como una protección, en especial de los productores de petróleo, frente a la pérdida de poder de compra de sus exportaciones. La aceleración de los precios del petróleo y el resto de los commodities de los últimos meses, entonces, se origina, fundamentalmente, en el intento de contrarrestar la devaluación del dólar, en especial de los países árabes. (Recuerden que el petróleo cotiza en dólares).

Volviendo al déficit de cuenta corriente norteamericano, la "factura" del petróleo, pasó de 2% del PBI, a fines del 2006 a casi 4% del PBI ahora -todo por efecto precio, obviamente-. En otras palabras, cuando se incorporan las importaciones de petróleo, los norteamericanos todavía no se han "ajustado", tienen el mismo déficit de cuenta corriente que hace dos años. ¿Qué significa esto?. Que hay uan fuerte "redistribución del ajuste". Mientras los países exportadores netos de petróleo "no se han enterado", los importadores netos tienen el doble problema, de la menor demanda estadounidense y la mayor factura de la energía. Esto tiene, además, fuertes consecuencias geopolíticas. Las democracias occidentales y asiáticas, están transfiriendo, dramáticamente, enormes cantidades de recursos a países con teocracias fundamentalistas, o poco democráticos, o con fuertes sesgos antioccidentales, o con riquezas excesivamente concentradas en unos pocos. Y éstos, a su vez, con sus extraordinariamente ricos "fondos soberanos", reciclan, a su antojo, esa riqueza. Aprovechando la "anemia" de capital del sistema financiero global. O financiando aventuras militares peligrosas. O comprando "en liquidación" todo tipo de activos mundiales, etc.

Pero la respuesta no se hará esperar. De hecho ya empezó. Hay que frenar la escalada de los precios del petróleo. En el corto plazo, esto implica bajar la demanda de combustibles y frenar la caída del dólar, aún a costa de una mayor recesión global. Respecto del freno a la demanda, la mayoría de los países que "subsidiaban" dicha demanda de combustibles y energía, manteniendo sus precios baratos (No sólo Cristina quería tener "precios argentinos"), en especial, China e India, están reduciendo los subsidios y aumentando los precios internos del petróleo y derivados. Esto implica, efectos sobre la demanda de energía, pero también "efectos sustitución" sobre la demanda de otros productos. Pero también implica que la "exportación de deflación" -con costos mantenidos artificialmente bajos - que realizaban estos países y el resto del Asia emergente, se está transformando en "exportación de inflación" o "blanqueo de inflación reprimida". ¿Le suena?

A su vez, como se espera que el dólar deje de devaluarse, toda la "bicicleta global" antes comentada se está desarmando, y las políticas cambiarias luchan ante esta tendencia, revirtiendo la posición de los que revaluaban y los que devaluaban, frente al dólar. Todo esto, en medio del "desarme" del boom de crédito global y la crisis financiera. Pero la "liberación de inflación reprimida" y la necesidad de frenar la baja del dólar, genera, más temprano que tarde, un incremento de las tasas de interés en dólares y una acción coordinada del G7 para intentar moderar la escalada petrolera. El mundo, entonces, parece encaminarse a un reajuste global que termina con menos crecimiento y con una moderación de las "fuerzas estructurales" que subyacen.

Claramente, la fiesta terminó y, dependiendo de la habilidad y el grado de coordinación de los bancos centrales y de las tesorerías, la resaca durará más o menos tiempo y los costos serán más o menos graves. La habilidad estará en cómo "manejar" todas estas fuerzas que se han puesto en reversa a gran intensidad.

¿Y la Argentina?. Primero, un probable "veranito en invierno" de la normalización de la comercialización granaria. (la soja en silobolsas es una cosa, convertida en pesos circulando por la economía, al menos parcialmente, es otra). Pero volviendo al tema global, nuestro país vivió esa fiesta "muy lejos del VIP". Nuestro casi exclusivo "canal de contacto" han sido los precios de los commodities, el turismo receptivo, la exportación de servicios, el componente de la industria más regionalizado, o productor de commodities industriales, y algo de especulación financiera e inmobiliaria. Si la demanda global se ajusta, todos estos sectores crecerán mucho menos, o caerán. Aunque pueda "abaratarse", en algo, la factura energética, no habrá más remedio que ajustarse también a la nueva situación. También aquí habrá que "blanquear inflación reprimida", proteger a los sectores más vulnerables, y adaptarse fiscalmente a las nuevas condiciones globales. Y, fundamentalmente, combatir la inflación que exageramos, con una política fiscal totalmente descontrolada.

El tren de la "eterna juventud" parece que ya pasó. Eso no quiere decir que estamos perdidos. Pasado el ajuste global, las fuerzas estructurales volverán a predominar, aunque con una evolución más lenta y racional -después de todo, así son los cambios estructurales-. Si aprovechamos este momento de transición, para "hacer los deberes" y prepararnos estratégicamente, para la recuperación del ciclo, la aparente oportunidad perdida de los últimos años, podría convertirse en una "oportunidad ganada". Si ignoramos estos cambios, seguimos con "más de lo mismo", y creemos que "relanzar" el gobierno es, aumentar el gasto, sumarle a LAFSA, Aerolíneas Argentinas, y echar a algunos muchachos del gobierno, estaremos en más problemas todavía.
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