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Después del coronavirus

domingo 15 de marzo de 2020, 13:13h

No hace falta esperar al final de la epidemia del coronavirus para saber que a partir de entonces nuestra vida va a ser muy diferente de la de hasta ahora.

En primer lugar, por nuestra sensación de vulnerabilidad, tras una época de continuos avances tecnológicos y económicos que nos hacían creernos merecedores de todos los derechos, por muy remotos o caros que éstos fueren. En segundo lugar por el hecho objetivo de que nuestra economía descenderá varios dígitos, con una deuda global bestial, pobreza extendida, impuestos galopantes, ruptura de la cadena de producción tradicional, etcétera, etcétera.

Todo esto, digo, en cualquier caso, sin necesidad de esperar a que haya por ello —suceso probable— movimientos sociales, protestas ciudadanas, ascensión de posturas políticas extremistas, etcétera, etcétera.

O sea, que vamos a vivir peor, que no sabemos por cuánto tiempo y que tampoco estábamos preparados para ello.

Lo siento, pero no soy del todo exacto. Hay una generación muy reducida, la de la posguerra —española o mundial, tanto da— que vivió en sus carnes una situación parecida cuando terminaron sus respectivos conflictos bélicos. Los tales hemos sobrevivido hasta ahora y, en su momento, no echábamos de menos todos los beneficios que nos llegarían después y que por lo mismo sabemos relativizar su importancia y sabríamos vivir tan ricamente sin ellos.

O sea, que tenemos que acostumbrarnos a vivir peor, a compartir el coste social que eso va a suponer y a no esperar que las autoridades públicas solucionen todos nuestros problemas. Cuanto más tiempo tardemos en danos cuenta de ello, más difícil va a ser el período de adaptación a nuestra nueva y más penosa situación, más va a costarnos a todos y más podremos perjudicar a quienes queden más perjudicados por ella.

Si eso no nos enseña a ser más solidarios con los demás, no sé a qué nueva catástrofe tendremos que esperar para conseguirlo.

Enrique Arias Vega

Diplomado en la Universidad de Stanford, lleva escribiendo casi cuarenta años. Sus artículos han aparecido en la mayor parte de los diarios españoles, en la revista italiana Terzo Mondo y en el periódico Noticias del Mundo de Nueva York. Entre otros cargos, ha sido director de El Periódico de Barcelona, El Adelanto de Salamanca, y la edición de ABC en la Comunidad Valenciana, así como director general de publicaciones del Grupo Zeta y asesor de varias empresas de comunicación. En los últimos años, ha alternado sus colaboraciones en prensa, radio y televisión con la literatura, habiendo obtenido varios premios en ambas labores, entre ellos el nacional de periodismo gastronómico Álvaro Cunqueiro (2004), el de Novela Corta Ategua (2005) y el de periodismo social de la Comunidad Valenciana, Convivir (2006).

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