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El criminal negocio millonario de las armas españolas para Arabia Saudí

lunes 18 de septiembre de 2017, 07:45h

La venta de armas a Arabia Saudí es ilegal y corre el riesgo de hacernos cómplices en la comisión de crímenes de guerra, denuncia y nos alerta la prestigiosa organización social Greenpeace.

Entre 2014 y 2016 España ha vendido armas a Arabia Saudí por valor de casi mil millones de euros. Desde 2015, una coalición de países encabezada por Arabia Saudí bombardea sin piedad a población civil, mercados, escuelas, mezquitas, funerarias, fábricas y hospitales en Yemen y mantienen un bloqueo naval y aéreo que dificulta el acceso de la ayuda humanitaria.

Un conflicto “olvidado” que ya se ha cobrado más de 10.000 víctimas mortales, según la ONU, y del que corremos el riesgo de ser cómplices.

Y es que más allá del dilema moral de tener relaciones comerciales con un país que viola los derechos humanos de forma flagrante, la venta de armas a Arabia Saudí es ilegal según el derecho internacional y español.

El pasado mes de enero el rey Felipe VI viajó hasta este país para cerrar el contrato de venta de cinco barcos de guerra made in Spain al régimen saudí. Estas corbetas, fabricadas por la empresa española Navantia, estarían equipadas con cañones de diverso calibre, misiles, torpedos y pueden transportar un helicóptero de combate.

Desde Greenpeace, dentro de la campaña Armas Bajo Control junto a Amnistía Internacional, FundiPau y Oxfam Intermón, denuncian que estas operaciones son ilegales y piden al Gobierno español que deje de vender armas a Arabia Saudí.

No podemos ser cómplices de la violación de derechos humanos en Yemen, un país que antes del conflicto ya era uno de los más empobrecidos del mundo. Desde la hospitalidad de las páginas de Diario crítico nos sumamos a la denuncia y apoyaremos en cuanto podamos a las acciones que han puesto en marcha.

Con palabras de Martín Luther King reafirmamos que tendremos que arrepentirnos en esta generación no tanto de las acciones de la gente perversa, sino de los pasmosos silencios de la gente buena. Y con el recuerdo del gran Paulo Freire, afirmamos y denunciamos que en el conflicto entre el poderoso y el desposeído, el no intervenir no significa ser neutral, sino ponerse del lado del poderoso. Para que no nos ocurra como temía Albert Camus que nuestros descendientes no tengan que avergonzarse de nosotros porque, habiendo podido tanto, nos atrevimos a tan poco.

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