En el corazón de Europa, donde las culturas y religiones se entrecruzan en un tejido social diverso, crece una amenaza invisible que apunta al segmento más vital de la sociedad: la juventud. La organización de los Hermanos Musulmanes, fundada en Egipto en 1928 como un movimiento político islámico que buscaba establecer un Estado regido por la sharía, ha dejado de ser un fenómeno regional.
Se ha convertido, según recientes informes de seguridad europeos, en una red transnacional que utiliza plataformas digitales y asociaciones civiles para reclutar a jóvenes migrantes o de origen migrante, poniendo en riesgo no solo la seguridad del continente, sino también sus identidades culturales y su cohesión social.
En este artículo analítico examinamos cómo pasó el grupo del “islam político” a convertirse en un instrumento del extremismo, basándonos en fuentes oficiales e informes de inteligencia, para revelar el peligro que representa para la juventud europea y sus dimensiones de seguridad.
Nicolas Lerner, director de la Dirección General de Seguridad Exterior de Francia, advirtió en una entrevista publicada por Le Figaro el 12 de noviembre de 2025 que el riesgo del terrorismo islamista “sigue siendo elevado a pesar de la disminución de los atentados directos”, señalando “transformaciones cualitativas” en la amenaza.
El peligro ya no proviene solo de organizaciones centrales como Dáesh o Al Qaeda, sino también de “ramas locales independientes” en Siria, Afganistán-Pakistán y la región del Sahel africano, además de “amenazas inspiradas” dentro de Europa, donde individuos extremistas se ven influidos por la propaganda en internet sin un vínculo organizativo directo. Esta transformación hace que grupos como los Hermanos Musulmanes sean más peligrosos, pues explotan el vacío cultural entre los jóvenes para difundir narrativas que presentan el “deber religioso” como solución a la marginación social.
Esta visión se refuerza con el informe TE-SAT de Europol sobre la situación y tendencias del terrorismo en la Unión Europea, presentado ante el Parlamento Europeo en junio de 2025, que reveló que más de un tercio de los detenidos en casos de terrorismo en 2024 (alrededor del 30%, es decir, 133 de 449 detenidos) tenían menos de veinte años, incluidos menores desde los 12 años. Estos jóvenes, a menudo de orígenes norteafricanos o migrantes, son reclutados a través de redes sociales, foros de videojuegos y entornos de realidad virtual, donde los grupos difunden contenidos basados en “persuasión emocional y religiosa”, apuntando a personas entre los 15 y 25 años.
¿El resultado? No solo atentados individuales, sino un deterioro del proceso de integración social, pues estos reclutamientos transforman a los jóvenes de ciudadanos en “individuos inspirados” que forman redes locales de radicalización.
El peligro no se limita a los yihadistas armados; también afecta al islam político organizado, del cual los Hermanos Musulmanes son considerados la “madre ideológica” de muchas redes europeas. El Parlamento Europeo debatió en junio de 2025 una propuesta para clasificar al grupo como “organización terrorista”, pidiendo un plan europeo para combatir “las redes transfronterizas del islam político”, argumentando que utilizan organizaciones benéficas y educativas para difundir ideas contrarias a la convivencia. La iniciativa busca acabar con la “ambigüedad legal” que rodea sus actividades, especialmente al recibir financiación europea sin supervisión.
Un documento parlamentario europeo revela vínculos entre asociaciones financiadas por la UE y los Hermanos Musulmanes, como “Islamic Relief” y el “Foro de Estudiantes y Jóvenes Musulmanes Europeos”, organizaciones que se presentan como entidades culturales, pero difunden una ideología orientada hacia la “creación de un Estado islámico”, debilitando la seguridad nacional y la cohesión social.
Un informe francés sobre “los Hermanos Musulmanes y el islam político en Francia” (mayo de 2025), debatido en una pregunta parlamentaria, señala que el grupo construye un “poder paralelo” a través de instituciones educativas y centros religiosos, utilizando financiamiento legal para influir políticamente en las nuevas generaciones.
Estas redes no atacan de forma directa; más bien penetran en los sistemas para construir bases sociales paralelas, como lo describen informes franceses de 2025, que señalan que Europa se ha convertido en un “objetivo alternativo” tras el retroceso del grupo en Oriente Medio, con apoyo financiero de Qatar y Turquía.
El mayor peligro radica en el enfoque sobre los jóvenes, quienes representan el 30% de los detenidos por terrorismo en 2024, según el informe de Europol. El informe de la Comisión Europea “Tackling Terrorists’ Explotation of Youth” advierte que los grupos extremistas explotan “sentimientos de agravio y búsqueda de identidad” entre jóvenes migrantes, mediante un discurso religioso falso que presenta a los Hermanos Musulmanes como “defensores de la comunidad”, lo que facilita el reclutamiento en internet o en entornos cerrados.
En 2024, se registró el intento de realizar 58 atentados terroristas en 14 países europeos, de los cuales 34 se perpetraron, lo que subraya la necesidad de abordar el problema desde una perspectiva ideológica además de la seguridad.
Este reclutamiento no es aleatorio, sino estratégico, dirigido a jóvenes en universidades y barrios marginales, donde los Hermanos Musulmanes ofrecen “servicios sociales” como cobertura para difundir su ideología, como en el caso del Foro de Jóvenes y Estudiantes Musulmanes Europeos (FEMYSO) en Bélgica, que recibió 80.000 euros de la Unión Europea en 2012 sin una supervisión adecuada.
Europa enfrenta no un terrorismo pasajero, sino una “amenaza sistémica” que socava sus valores democráticos, según diversos informes del Parlamento Europeo. Lerner elogió la cooperación con Marruecos como “socio esencial” en el desmantelamiento de complots, pero advirtió del creciente número de combatientes norteafricanos que se unen a grupos como Al Shabaab en Somalia, lo que devuelve el riesgo a Europa a través de “ramas locales”.
Esto llevó en 2025 a debates en Alemania y Francia sobre la prohibición de los Hermanos Musulmanes, considerando que el “islam no violento” puede suponer un peligro para la cohesión social.
Sin embargo, para enfrentar esta amenaza Europa debe adoptar una estrategia multidimensional: reforzar el apoyo psicológico y social a los jóvenes, como recomienda la Comisión; imponer un control estricto sobre los fondos, como propone el Parlamento; y, como señala Lerner, apostar por la cooperación regional –con países como Marruecos– para frustrar amenazas inspiradas.
Los Hermanos Musulmanes no son solo un grupo político; son una red que amenaza el futuro de Europa mediante el reclutamiento de su juventud, convirtiendo la diversidad en división. Ignorar este peligro significa arriesgar la seguridad del continente, mientras que enfrentarlo fortalece la democracia. Y el momento no es para el debate, sino para actuar.