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Rusia contra la OTAN

martes 11 de enero de 2022, 08:44h

Se presenta una semana intensa de contactos y negociaciones entre rusos y norteamericanos. Los ámbitos de los encuentros son el marco del control de armas de largo alcance y con capacidad nuclear que reúnen en Ginebra a responsables de Washington y Moscú; el Consejo OTAN-Rusia en Bruselas y la reunión plenaria de la OSCE (Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa) en Viena. El simple hecho de que se celebren estas reuniones es positivo y puede servir para relajar en lo posible la tensión que se ha ido acumulando en los últimos meses por la situación en Ucrania y, más recientemente, por la crisis en Kazajistán.

Los presidentes de Estados Unidos, Joe Biden, y de Rusia, Vladimir Putin, han mantenido varias video conferencias en los últimos tres meses que han servido, al menos, para evitar que los recelos y posibles hostilidades en Ucrania pudieran incrementarse y derivar en el desencadenamiento de un conflicto violento con consecuencias difícilmente calculables. Las advertencias de Estados Unidos y de la Unión Europea hacia el gobierno ruso son contundentes para intentar disuadir a Putin de lo que todos temen que sea ya una decisión tomada que es una invasión de Ucrania. La apuesta europea se ha escenificado con el viaje del Alto Representante para la Política Exterior de la UE, Josep Borrell, a la frontera de Ucrania con Rusia. Pocos kilómetros más allá, el Ejército ruso ha desplegado, que se sepa, unos 170.000 efectivos con el material bélico correspondiente.

El objetivo de Putin es evitar a toda costa que Ucrania entre en la OTAN y rechaza categóricamente la posibilidad de que el ingreso ucraniano en la Organización del Atlántico Norte signifique la instalación de sistema de armas que considera una amenaza grave e intolerable para la seguridad de la Federación rusa y de sus aliados, con los que Putin pretende mantener e impulsar su peso político, militar, económico y comercial en el mundo. Portavoces rusos comentan desafiantes que no hay nada que negociar con los norteamericanos porque no les incumbe lo que ocurre en Ucrania y su más inmediato futuro.

El lenguaje que se está utilizando por parte de ministros y portavoces rusos, además de las últimas intervenciones públicas de Putin, se parece mucho al que se esgrimía en 2014 cuando la crisis de la plaza Maidán en Ucrania se saldó con la expulsión del poder del presidente pro ruso, la posterior invasión de Crimea y su anexión a Rusia y la guerra en el Donbás con unas consecuencias graves para la población de la región de Lugansk y Donestsk, pero limitada a nivel general. Una guerra abierta en Ucrania con enfrentamiento entre rusos, norteamericanos y europeos sería una tragedia para todos. La diplomacia debe funcionar para evitarlo.

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