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¡Y vuelta la burra al trigo!

lunes 09 de agosto de 2021, 10:37h

Hay tics, mecanismos recurrentes, que solemos utilizar por diversos motivos. Unas veces porque alguien alguna vez nos rió la gracia, otras porque la fórmula fue efectiva en algún momento y en una tercera vía porque revelan una inquina, una furia incontrolable por la herida que alguien nos ocasionó en cierta ocasión. Esta última parece ser la causa que podría explicar la madrileñofobia que se anida en el seno del gobierno de Pedro Sánchez que no desperdicia la ocasión, cuando no la propicia como es el caso, de meterse contra la Comunidad Autónoma de Madrid y, muy en especial, contra su presidenta, Isabel Díaz Ayuso.

La última de la serie -tranquilos, que habrá muchas más-, tiene su origen en una propuesta con la que se destapó la quijotera de Ximo Puig cuando apuntó la idea de generar desde el gobierno de la nación un nuevo tributo para los madrileños con rentas altas. A la ola se sumó inmediatamente José Luis Escrivá, ministro de Seguridad Social, seducido por Ximo Puig en algún chaise longe del palacio de la Generalitat valenciana en una reciente visita realizada por Escrivá. Y a ambos dirigentes socialistas se les ocurre lanzar al aire semejante propuesta horas después de que Sánchez anunciase una inversión de 1 700 millones de euros para la ampliación del aeropuerto barcelonés del Prat. No pudieron escoger mejor momento…

Esta vez no ha sido un compañero de la otra ala del gobierno de la nación, la podemita, a través de alguna otra intempestiva solución que, perfectamente, podría haber partido de Yolanda Díaz, sino de una compañera del PSOE, la ministra de Hacienda y Función Pública, María Jesús Montero, a quién le ha faltado tiempo desde Sanlúcar de Barrameda, para rechazar de pleno tanto la propuesta de Puig como el apoyo de Escrivá al afirmar en público que ese hipotético impuesto «No va a estar nunca en la agenda del Gobierno».

El mecanismo de declaraciones sucesivas y contradictorias entre dos o más miembros del ejecutivo de Pedro Sánchez ni es nueva, ni creo que, a estas alturas de la película, cause ya sorpresa a nadie. La perplejidad inicial del ciudadano ante puestas en escena como esta sobre asuntos que interesan al gobierno por una u otra razón (unas veces por envidia, otras por el ánimo de dejar bien claro quién manda aquí, o por inquina personal, o por lanzar un nuevo embate contra la comunidad estandarte de la oposición popular). El hecho es que ya lo único que provocan los teatrillos como este en el ciudadano es la media sonrisa y hasta la hilaridad y, anteel esperpento, sencillamente pasan página.

La propuesta de Ximo Puig no fue secundada inicialmente ni siquiera por otros presidentes de comunidades autónomas de su mismo partido. Supongo que una lógica aplastante tras revisar mínimamente la historia de la capitalidad madrileña, vigente desde 1561 y que, sin embargo, solo ha hecho posible que su pujanza económica haya descollado en las dos últimas décadas, les habrá llevado a la lógica conclusión de que para ello ha sido necesario mucho más que el mero hecho de ser la capital de España.

A veces da toda la impresión de que la construcción y lanzamiento de temas vacíos de verdadero contenido como este del impuesto especial a los madrileños de clases más altas, no obedece más que a ocurrencias gubernamentales que buscan tapar muchos otros problemas reales y de inmenso calado sobre las que, sin embargo, no parecen tener propuestas ni soluciones.

Léase al respecto, y, por ejemplo, la reactivación económica, la disminución del endeudamiento público, la creación sostenida de empleo –en especial para los jóvenes-, la implementación de una ley de pandemias que evite este carajal en el que se ha convertido el ruedo ibérico con 17 respuestas distintas frente a un mismo problema… Y, sin embargo, ni se oyen posibles soluciones gubernamentales serias sobre el particular ni sobre la reforma del sistema de financiación autonómico, la mejora de su gestión, el establecimiento de mecanismos de control del gasto público, la mejora de su competitividad, o de la simplificación de sus estructuras. Nada de eso; aquí, al parecer, la única iniciativa vuelve siempre a ser la misma: la búsqueda de nuevas fórmulas que hagan daño a la fiscalidad madrileña, o la oferta pública -más de 30 000 para los próximos meses-, puestos de funcionarios que engrosen aún más la ya bien nutrida nómina de empleados públicos.

En mi pueblo, como en otros muchos de la geografía española, se define muy bien esta machacona tendencia de alguien a volver al territorio argumental que solía. Se le aplica una expresión que ahora bien podría colgársele al gobierno Sánchez: “¡Y vuelta la burra al trigo!”. Hay muchas cosas que hacer mucho antes que la de intentar volver a las andadas del enfrentamiento con la señora Ayuso. Una obsesión que le costó muy cara al PSOE el pasado 4 de mayo y que, a este paso, va a ser su tumba.
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