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La persistencia de la mentira

viernes 13 de enero de 2023, 13:35h

La tolerancia a la mentira de nuestro país es solo comparable a nuestras tragaderas.

La ficción es la clave de bóveda de la sociedad humana. Sin nuestra capacidad de ficcionar no habríamos subsistido 200.000 años. Así, el dinero, las fronteras, las leyes, la religión, la economía… son ficciones que nos ayudan a sobrevivir.

El sistema financiero es lo más sorprendente porque 8.000 millones de personas se han puesto de acuerdo en algo tan evanescente como es la economía. Hubo un tiempo, hasta los 70 del siglo pasado, en que el dinero tenía un respaldo con la realidad y, así, en los billetes podía leerse “El Banco de España pagará al portador” el valor facial del billete. Incluso en algunos países, Colombia, los billetes decían “El Banco de Colombia pagará al portador 200 pesos ORO”. Es decir, cada billete era un cheque librado por el estado y avalado por el Tesoro Nacional. Se llamaba “Patrón Oro”. Ahora no. En Génesis 1.3 se lee Dixitque Deus: “Fiat lux” et facta est lux. Hágase la luz, y la luz se hizo. En los 70, varios países encabezados por EEUU y Alemania, abandonaron el Patrón Oro y hoy nuestro sistema es denominado fiat money cuya traducción es, literalmente, Hágase el dinero, pero sin un aval como el oro, magia potagia.

Una de las mentiras más atroces para España es la de la Leyenda Negra que, como me decía el profesor emérito de All Souls en Oxford, Stephen Smith, Ustedes (los españoles) son los únicos que todavía la creen.

Nuestra historia es grande e importante; la primera globalización humana se produjo por la acción de gobierno de Felipe II que tenía el más vasto imperio jamás concebido, que abrió rutas comerciales y culturales con China, estableció la Plata Española como la moneda de cambio mundial y llevó el idioma español y la religión católica a todos los rincones que pisó.

Gobernar un imperio de ese tamaño ni era fácil ni era barato. No había correo electrónico. No existían los antibióticos ni la luz eléctrica y aún así, Felipe II se las arregló para enviar sus órdenes a América, a Filipinas, a África, a Asia-Pacífico, órdenes y leyes que se ejecutaban y acataban en todo el orbe.

Felipe II inventó la administración pública casi como hoy la entendemos. Trabajaba catorce horas diarias y, a través de Juntas de funcionarios, coordinaba finanzas, ejércitos, religión, ciencia, cultura y aprovisionamiento por todo el planeta. Claro que no siempre acertó, quién fuera capaz, pero ahí están sus logros y la historia de los documentos (no la que conviene a Podemos, a ERC, a Bildu o a cualquier negacionista resentido).

Tenemos falseada nuestra historia y nos avergonzamos de grandezas como la Conquista de América emponzoñada por la Leyenda Negra, un chisme pernicioso que se deshace con la realidad documental.

Si un extraterrestre llegara hoy a Colombia, fliparía: España y América están separados por un océano; Uruguay y Argentina por el río más ancho del mundo; los Andes, del mar a las nieves eternas a 6.000 metros de altura, una muralla prácticamente infranqueable en el 1500, separan cinco países desde Argentina a Colombia y, siguiendo por selvas y maniguas hasta la frontera del Río Grande, el extraterrestre encontrará 20 países con la misma lengua, la misma religión y los mismos apellidos. Y descubrirá que pueblos y ciudades que nunca se habían conectado lo fueron por las vías que construyeron los conquistadores, apenas un puñado de españoles y los autóctonos que se les unían en su avance. Llevamos métodos modernos de agricultura, los acueductos, el alcantarillado, la irrigación, la educación, la sanidad, el vino, los baños públicos, la rueda y la polea, el caballo y la ganadería. Y las universidades, los hospitales y la lectoescritura. El extraterrestre preguntaría con razón cómo puede ser que con idénticas lengua, religión y apellidos seamos 20 países y no uno solo.

La mentira es persistente, los españoles la toleramos por ignorancia e incompetencia y hoy nos gobierna el más mentiroso de los hombres nacidos en esta piel de toro. Este sí que nos está dando espejuelos y cuentas de colores a cambio de votos subvencionando videojuegos o regalando a nuestros enemigos declarados el territorio, la ley y el erario público a cambio de un plato de lentejas, producto que, por cierto, también llevamos a América.

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