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Feliz año nuevo amazigh

lunes 16 de enero de 2023, 09:45h

Entretenidos la mayoría de los medios en los pormenores de la celebración del año nuevo chino el próximo domingo 22, este, que como la vaca lechera no es un medio cualquiera, ha querido llamar la atención de sus lectores desde estas líneas, recordando la muy reciente celebración del año nuevo amazigh, el pasado viernes 13, a cuya cultura se adscribe cerca de la mitad de la población de la Ciudad Autónoma de Melilla, española desde 1497 cuando el jerezano Pedro de Estopiñán y Virués, al frente de 5.000 infantes y 250 jinetes, tomara posesión de la plaza para el Imperio en nombre de los Reyes Católicos.

Vista aérea de MelillaLa primera referencia con que cuenta el nombre del enclave, Russadir o Rusaddir, es de origen fenicio tirio, aunque tras la ocupación de los árabes, alrededor del año 620, pasó a llamarse Mliliat, muy probablemente como adaptación del vocablo Tamlilt, que en la lengua autóctona tamazight de los amazigh significa “la blanca”, para, definitivamente y hasta nuestro días, castellanizarse en Melilla.

Sin la más levísima intención de menoscabo, desconsideración a desdén hacía la comunidad china residente en España, la cuarta más numerosa del continente europeo y a la que nos unen, además de una gratísima convivencia en el presente, añosas tradiciones como el trabajo laborioso, el engaño perpetrado contra la inocencia, el tabernario juego de “tres con las que saques”, el gusto por las mandarinas y los mantones chulapos, consideramos, utilizando el plural mayestático, que el año nuevo amazigh debiera de interesarnos tanto o más que el que están a punto de celebrar los aborígenes de la República Popular asiática, habida cuenta de que los contactos hispanos con la cultura que, inapropiadamente, se vino en llamar rifeña o bereber, se remontan a tiempos pre islámicos, mientras que a los chinos empezamos a conocerlos en el siglo XVI, a través de Filipinas, y en la década y media de ocupación del norte de la isla Hermosa o Taiwán en la centuria posterior.

Pues, dicho lo dicho y a lo que vamos, el año nuevo amazigh, llamado Yennayer, Nnayer o Yennar, celebra el primer día del calendario agrario de este pueblo norteafricano, que venía a coincidir con el solsticio de invierno y primer día de enero en el calendario juliano, vigente en occidente hasta que, progresivamente, fue sustituido por el gregoriano promulgado en 1582 por Su Santidad Gregorio XIII. Por lo que a este año en el que entramos el viernes pasado, se trata del 2973, algo más de la mitad del chino del conejo que se nos viene encima y que corresponde al 4721 de su calendario.

Miembros de la comunidad amazigh mostrando su banderaEn este punto es imprescindible o al menos prudente aclarar que el calendario amazigh es de confección muy reciente, ya que fue creado por el especialista argelino en cultura bereber Ammar Negadi a comienzos de los ochenta del pasado siglo. Buscando en esta cultura un hecho histórico incontestable y de fuste, equiparable, por ejemplo, al nacimiento de Cristo o la migración de Mahoma de La Meca a Medina, fue a dar con la fecha del 950 a.C., cuando el rey bereber Sheshong, Chichnaq o Chichneq, citado en la Biblia con el nombre de Sésaq y Shishad en hebrero antiguo, accedió como faraón al trono de Egipto, unificando el imperio y dando el banderazo de salida a la XXII dinastía que reinó en el país del Nilo hasta el 715 a.C.

Como toda celebración de pompa y circunstancia, el nuevo año amazigh se recibe con un gran banquete de cena, el imensi umenzu n yennayer, que se sustenta en un ritual que está destinado a acabar con el hambre, consagrar el cambio de añada y acoger con júbilo a las fuerzas invisibles en las que creían sus ancestros. El plato fuerte es un cuscús a base de sémola de trigo, al que se añade carne de aves sacrificadas al efecto, asfel, gallo o pollo para los varones y gallina para las damas, a veces mezclada con carne seca o tasajo, acedluh, acompañado de tortitas, y cremas de legumbres secas, en preparaciones siempre hervidas, al vapor o con levadura, porque los alimentos que Cuscús de ave y verdurasaumentan su volumen en el cocinado son signos de buenos augurios. En los postres tienen especial protagonismo los frutos secos, higos, albaricoques, nueces, etc., de la cosecha anterior que se conservan en grandes cántaros de barro, ikufan, con un abultamiento u ombligo para ir sacando su contenido. El imensi umenzu n yennayer se prolonga hasta altas horas de la noche y conseguir la saciedad de todos los comensales es requisito imprescindible.

Como en todo nuevo año que se precie, hay que expresar deseos y compromisos, que en el caso de la cultura amazigh se concretan en la esperanza de preservación de una cultura y una lengua, el tamazigh, con tres mil años de antigüedad a sus espaldas y que se hablaba incluso antes que el latín; un “vestigio arqueológico e histórico” en palabras de Ángel Castro director de la UNED en Melilla, que además está vivo y que, como señala Inmaculada Marrero, directora de la Cátedra Internacional Amazigh de la Universidad de Granada, constituye un patrimonio cultural al que en caso alguno deberíamos renunciar.

En el mismo sentido y yendo aún un poco más allá, se manifiesta el periodista y antropólogo social marroquí y nacionalizado español, Rachid Raha Ahmen, fundador del Congreso Mundial Amazigh y actualmente vicepresidente para Europa de la Asamblea Mundial Amazigh, editor del periódico Le Monde Amazigh/ Amadal Amazigh, que se publica en Rabat, y presidente de la Fundación Montgomery Hart de Estudios Amazigh. Sostiene Rachid que es urgente que la sociedad melillense integre en sus escuelas la lengua de los amazigh porque, con ello, además de cumplir distintos convenios internacionales podría consolidar la cultura milenaria de muchos niños que la hablan en sus casas y a la vez permitir a los infantes hispanohablantes: “… conocer y descubrir el idioma de sus Rachid Raha Ahmen y Audrey Azoulay, Secretaria General de la UNESCOpaisanos de otra cultura”. Añade a continuación que: “Incluso el Banco Mundial defiende que proporcionar a los niños la instrucción en el idioma que hablan en casa es esencial para eliminar la pobreza del aprendizaje”. En este punto recuerdo una carta dirigida por el gran pensador Antonio Gramsci a su hermana Teresina desde la cárcel en marzo de 1927, en la que, refiriéndose a Mea o Edmea, hija de su hermano mayor Gennaro, manifiesta que consideraba un error que desde pequeña no se le hubiese permitido hablar libremente el sardo: “Eso ha perjudicado su formación intelectual y ha puesto una camisa de fuerza a su fantasía”, por lo que le recomienda encarecidamente: “… no cometas el mismo error y dejes que tus hijos chupen todo el sardismo que quieran y se desarrollen espontáneamente en el ámbito natural en que nacieron; no será un estorbo para su futuro, sino todo lo contrario”.

Y cuál si fuera un soneto lopesco: “… voy los trece acabando; contad si son catorce, y ya está hecho”. Feliz año nuevo amazigh.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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