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Primo de Rivera y la flor caída del vicio fatal

miércoles 11 de enero de 2023, 09:37h

Entramos en el año en que se conmemorará el centenario del inicio de la dictadura, aceptada de buen grado por el rey Alfonso XIII y protagonizada por el general Miguel Primo de Rivera y Orbaneja, que se extendería de 1923 a 1930.

Alejandro Quiroga, doctor en ciencias políticas por la London School of Economics and Political Science, y uno de los más brillantes biógrafos del personaje, explica que el jerezano fue un ferviente admirador de Mussolini y del fascismo italiano, amén de: “… el primer líder político en utilizar de modo sistemático un discurso populista desde el poder en España”, y que tras su famoso y golpista Manifiesto al País y al Ejército en la madrugada del 13 de septiembre de 1923, hizo bandera de la “antipolítica”, convirtiendo al partido oficial, la Unión Patriótica, en un “antipartido”. Completa su retrato diciendo que, además: “… tuvo una manera de lidiar con la comunicación política muy innovadora: decía que si hay que mentir, se miente, si hay que contar historias que no son verdad, se usa la imaginación -incluso hizo entrevistas falsas que distribuyó a la prensa-. En un tercer nivel, su manera de hacer política persigue constantemente ganarse la legitimidad popular. El propio dictador es el que conoce al pueblo, llega al pueblo y hace cosas por el pueblo”.

Miguel Primo de RiveraTan del pueblo quería ser que se puso a organizar nada menos que los hábitos alimentarios de los españoles y en un artículo publicado en el diario La Vanguardia el 9 de octubre de 1929 escribía esto: “El plan de vida en España de las clases medias y pudientes es disparatado. La comida o el almuerzo, que no se sabe bien lo que es ni cómo llamarla, de las dos y media a tres de la tarde, y la comida o cena de las nueve y media o diez de la noche, son un absurdo y un derroche y una esclavitud de la servidumbre doméstica, obliga a trabajar casi hasta las doce de la noche, hora en que se apagan los fogones y se levantan los manteles. Bastaría sólo una comida formal, familiar, a manteles, entre cinco y media y siete y media de la tarde y después, los no trasnochadores, nada; los que lo sean, un refrigerio”.

Por otra parte, los esfuerzos de don Miguel en su peculiar todo para el pueblo, también alcanzaron a las jóvenes descarriadas que se dedicaban al tráfico de estupefacientes.

Eran aquellos felices veinte en los que, entre distintos e influyentes sectores sociales, se había iniciado una campaña contra el consumo de morfina y cocaína, especialmente en cabarets y music hall de Barcelona, Madrid, y Valencia; Primo, tras la muerte de su esposa, Casilda Sáenz de Heredia, se convirtió en asiduo parroquiano de salas de fiesta y lujosos burdeles. En uno de ellos conoció a una joven hermosa y pizpireta, apodada La Caoba, que se dedicada al flamenco y a la distribución de farlopa.

La muchacha fue finalmente detenida y encausada, asignándose el caso al juez José Prendes Pando y Díaz Laviada, famoso por haber resuelto casos de gran fuste, y en ese momento magistrado jefe del Juzgado de Instrucción del Distrito del Congreso en la capital. Enterado el dictador de los hechos, contactó con el ilustre togado y le conminó a que retirara los cargos que pesaban sobre La Caoba y la pusiera en libertad, pero este se negó en rotundo a hacer tal cosa.

Miguel de Unamuno desterrado en FuerteventuraLoas hechos trascendieron a la opinión pública provocando inmediatamente el rechazo airado de notables personajes, como, entre otros, Rodrigo Soriano, Presidente del Ateneo de Madrid, o Miguel de Unamuno, Vicerrector de la Universidad de Salamanca, quien se lanzó a escribir sobre el asunto en estos términos: “Famoso se hizo el caso de la ramera, vendedora de drogas prohibidas por la ley y conocida por La Caoba, a la que un juez de Madrid hizo detener para registrar su casa y el Dictador le obligó a que la soltase y renunciara a procesarla por salir fiador de ella. Cuando el caso se hizo público y el Rey, según parece, le llamó sobre ello la atención, se le revolvió la ingénita botaratería, perdió los estribos -no la cabeza, que no la tiene- y procedió contra el juez tratando de defenderse en unas notas en que se declaraba protector de las jóvenes alegres. Aquellas notas han sido uno de los baldones más bochornosos que se han echado sobre España, a la que el Dictador ha tratado como a otra ramera de las que ha conocido en los burdeles. Se ha complacido en mostrar sus vergüenzas y en sobárselas delante de ella”.

Y héteme aquí que el dictador, siempre tan resolutivo, puso en conocimiento de don Buenaventura Muñoz y Rodríguez, presidente del Tribunal Supremo, la insolente desobediencia de Prendes, pero Muñoz le hizo saber que estaba decidido a amparar su independencia. El dictador, hecho un basilisco, se trasladó a Palacio donde no le fue difícil conseguir la firma del rey, al pie de un decreto que, fechado el 7 de febrero de 1924, obligaba al magistrado a aceptar una jubilación forzosa. Pero el presidente del Supremo no dio su brazo a torcer y el siguiente día 13 asistía a la reposición en el puesto del retirado en primera instancia. Antes de que pasara un mes, el 11 de abril, y recurriendo a sabe Dios qué y quien, Primo de Rivera contemplaba complacido como Tormos era alejado de Madrid y enviado a Albacete como magistrado de su Audiencia Territorial. La Caoba, quedó en libertad sin cargos, y los metomentodo Soriano y Unamuno, fueron destituidos de todos sus cargos y desterrados a la isla de Fuerteventura.

Por su parte, Primo, y antes de lo antedichos hecho, se había significado como adicto y mentor de aquellos que años después Camilo José Cela llamaría “dramas con acompañamiento de cachondeo y dolor de corazón”, en compaña de jaraneras vedettes y canzonetistas, izas, rabizas y colipoterras. Una de ellas, Lolita Arellano, estrenó en octubre de 1926, El tango de la cocaína, que comenzaba diciendo: “Soy una flor caída del vicio fatal/ esclava por el destino vencida,/ sola en el mundo/ nacida del pecado,/ un desalmado me hizo mujer”, para concluir: “Reina de la orgía su bendita tiranía poco a poco consumiendo va mi ser./ Ella me domina y otro mundo me ilumina cuando calma busca mi alma de mujer./ Ella endulzó la hiel”.

Pilar Arcos, intérprete del Tango de la cocaínaPor su parte, Pilar Arcos, una cantante cubana-estadounidense de origen español de voz sólo comparable a la de Lilián de Celis, le regalaría los oídos al Duce castizo con el cuplé La cocaína estrenado en 1927 y acompañado de una letra que rezaba: “Yo cenaba en un foyer/ y a mi amigo amante vi/ que besó con frenesí/ a una estrella del cuplé./ Su maldita ingratitud/ agitó mi corazón/ y oprimiendo así un cuchillo/ vengar quise su traición./ ¡Viva el champán que da placer!/ ¡Quiero olvidar, quiero beber!/ Mi juventud ya declina;/ dadme a gustar cocaína./ “Amante fiel, yo vengo a ti”, / loca grité de exaltación,/ y en mi fatal desvarío,/ hundí el cuchillo en su corazón".

Cosas de un tiempo en el que acaecía la pintoresca dictadura de Primo. Y luego, como siempre, seguimos para bingo.

Miguel Ángel Almodóvar

Sociólogo y comunicador. Investigador en el CSIC y el CIEMAT. Autor de 21 libros de historia, nutrición y gastronomía.

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