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Ramón Vargas: "El Teatro Real ha sido muy valiente y ejemplar programando óperas a pesar de la pandemia"

> El gran tenor mexicano vuelve al Teatro Real después de 21 años

jueves 24 de septiembre de 2020, 18:19h
Ramón Vargas: 'El Teatro Real ha sido muy valiente y ejemplar programando óperas a pesar de la pandemia'
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(Foto: Lou Valiérie Dubuis. www. loucharacterdesigner.com)
Grande entre los grandes. Primus inter pares. El mexicano Ramón Vargas está instalado en la élite de los tenores desde hace muchos lustros. Recién cumplidos sus 60 años, y casi cuatro décadas después de su debut profesional, sigue manteniéndose en primerísima fila con su tan clásico como increíble equilibrio vocal entre técnica y belleza tras haber recorrido -y triunfado en- los más prestigiosos escenarios del mundo. Ahora se encuentra en España, contratado por el Teatro Real de Madrid, al que regresa tras su primera y única actuación en 1999 para interpretar el personaje de Riccardo de ‘Un ballo in maschera’ de Giuseppe Verdi. Por cierto que en esta difícil época de la pandemia, deja clara la valentía y responsabilidad ejemplar del Teatro para programar óperas, cuando la mayoría de los de otros países no se han atrevido y siguen cerrados.

Este reencuentro sucederá este viernes 25, después de la suspensión del pasado domingo por las protestas de un grupo de espectadores de la zona de Paraíso (en los últimos pisos), de que sus localidades no guardaban la distancia exigida. Lejos del divismo de muchos otros grandes de la ópera, Vargas se muestra no sólo con enorme naturalidad, sino también simpatía y empatía, hasta el punto de que ruega al periodista que le trate de tú.

P.- Su reaparición en el Real, al margen de lo artístico, de lo que hablaremos después, va a ser inolvidable por los sucesos y las reclamaciones del domingo de esa pequeña parte del público. ¿Entiende sus protestas? ¿Cómo lo vivió?

R.- Vivimos tiempos muy extraños y fue muy frustrante para mí. Veo las dos perspectivas: el Teatro hizo lo que la ley exige, pero la gente estaba muy preocupada porque había visto las funciones anteriores de La Traviata hace dos meses, que fueron distintas, con un mayor distanciamiento incluso en el escenario. Y los de las protestas igual pensaron que iba a ser algo así, quizás tenían una mala información no adecuada. Insisto en que el Teatro hizo las cosas bien, incluso ofreciéndoles moverlos de su lugar, cambiarlos de sitio o ponerlos más extendidos. Pero quizás un grupito llegó con la consigna muy clara de no dejar continuar la función por una cuestión clasista. Y lo digo porque tengo testigos oculares, entre ellos mi hijo.

P.- Vayamos, pues con lo artístico, ¿podemos aplicar el ya legendario título del inmortal tango de Gardel-Le Pera de que ‘veinte años es nada, por esas dos décadas largas que han pasado desde que vino a sustituir a Alfredo Kraus en Werther?

R.- Bueno lo primero que quiero decir es que yo siempre quise volver, incluso con las direcciones anteriores del Teatro, pero por una u otra razón no se llegó a concretar ni con ‘Idomeneo’ ni precisamente con ‘Baile de máscaras’. Así que ahora estoy contento, es una vista retrospectiva. Caray, después de más de 20 años estoy aquí y es algo singular porque el Teatro ya está consolidado y funcionando magníficamente. Además con una gente muy amable, simpática y servicial. No me extraña que ahora se quiera venir al Real a cantar.

P.- ¿Y cómo se siente ante esta especie de reto?

R.- Pues estoy curioso y contento, aunque ya tuve un primer contacto anterior con esa función dedicada a los jóvenes, que son un público muy interesante porque están menos influenciados de estos prejuicios operísticos de los expertos sobre los cantantes. Ello llegan con ingenuidad y sus reacciones son espontáneas: si no les gusta, no te aplauden. Por lo que para mí fue importante haber obtenido un éxito muy bonito. Fue una especie de prueba de fuego antes de la fuerte de este viernes ya con el público de abonados y común del teatro, vamos a ver qué pasa. Insisto, me siento curioso y contento.

P.- Es un lugar común que el público madrileño en particular y el español en general es muy caliente, y si le gusta el artista se vuelca con él como en ninguna otra parte. ayuda al artista?

R.- Sí, así es y no sólo en Madrid, por supuesto, porque en estas dos décadas largas de ausencia en el Real he cantado en otras ciudades como Barcelona y Oviedo, también muy calentitos. Pero Madrid es otra cosa, es la capital con un público en este teatro más complicado para la ópera, porque siempre ha habido una gran afición y una gran tradición. Recordemos que el Real estuvo mucho tiempo cerrado con las representaciones haciéndose en el de la Zarzuela, donde muchos pensaban que no era recinto ideal, no se habían formado, era otro público. Igual me equivoco en mi análisis, pero ahora ya es una realidad con las exigencias de siempre, lo que voy a saber este viernes.

P.- No obstante, también a este público le llegan las influencias ya desde hace años y cada día más de la prioridad –o la dictadura- de la imagen. Al respecto me consta que en otras declaraciones ha dejado claro que la ópera no necesita galanes sino buenos cantantes. ¿Es un cambio negativo?

R.- Es un asunto que hay que ver con cuidado, porque evidentemente ahora vivimos de la imagen, de la televisión, de Netflix, del fenómeno de Hollywood etc. Y todo esto ha influido en la ópera, que no fue hecha para hacer en cine, sino que necesita cantantes expertos. Es un fenómeno con el que debemos tener cuidado. Y me parece negativo que se busquen esos cantantes que den el tipo físico, algo muy peligroso para la ópera, que no es sólo teatro. Es teatro cantado y tenemos que balancearlo con la imagen de sus intérpretes, pero sin olvidar que la música es la parte primordial. Aunque, eso sí, tiene una parte positiva, que de ahora en adelante los cantantes de ópera se tienen que volver mejores actores.

P.- Una de las características de Ramón Vargas, aparte de su calidad, es que, a diferencia de otros como Plácido Domingo ya más barítono que tenor, no le ha variado mucho la voz. ¿A qué se debe?

R.- Es verdad que mi voz no ha cambiado tanto como a otros cantantes, aunque pero no llego a barítono. Ha sido una evolución lenta y natural que la ha hecho más central, con colores más oscuros, con más potencia, y he adaptado mi repertorio. Al contrario que el gran Don Alfredo Kraus, al que, también de forma natural no le cambió nunca.

P.- Y ya que ha salido a relucir Plácido Domingo, ¿qué le parecen las acusaciones que ha sufrido últimamente respecto a su machismo con algunas cantantes que lo han denunciado?

R.- Es un tema muy delicado, que creo ha habido mucha superficialidad en su manejo situación de Don Plácido. Si se demuestra en un juicio que es culpable, entonces sea castigado como cualquiera, que reciba lo que merece. Pero llevarlo a la horca sin un juicio justo es superficial y está manejado con muchos intereses alrededor. De repente salen noticias de que algunas de las personas aparentemente víctimas por otra parte le buscaban para afianzar sus carreras y le acusaban por detrás. De modo que, como tantas cosas en la vida, esto no es ni negro ni blanco, todo se equivocan, Plácido y ellas. Hay que ser más responsable en dar un juicio cuando no se tienen pruebas.

P.- Como hombre pendiente de la sociedad en que vive, le supongo la tristeza porque dos de los paíese más afectado por la pandemia son el suyo y el mío, México y España.

R.- Es terrible. En nuestros países, el tema de la cultura y la salud lo manejan a veces con mucha superficialidad. La cultura es el último vagón del tren y a veces sin enganchar, lo que es grave. Qué hubiera pasado durante la pandemia sin cine, lectura música, ballet, literatura, pintura. Los artistas somos necesarios pero no siempre se nos da el lugar que merecemos como si fuera un lujo.

P.- Con respecto a si después de esta panemia que parece eterna saldremos, individual y socialmente mejor hay una taurina división de opiniones. ¿Cuál es su opinión?

R.-. No sé no lo hemos vivido antes y desconocemos cómo va a acabar. La pandemia nos debería ayudar a recuperar valores perdidos. Y no sólo eso, por ejemplo, la industria española y mexicana se deberían reactivar, tener menos dependencias de países como China y sus productos baratos. Y cada país debería hacer intercambios políticos y sociales pero siempre en una dirección humana, no buscar sólo el beneficio económico. La ópera enseña que siempre volvemos a los mismos errores y pecados. Pero ahora creo que hemos tocado fondo, por lo que yo aún confío en el ser humano en su capacidad para mejorar y aprender de estas desgracias.

P.- ¿Cuáles son los planes inmediatos de Ramón Vargas?

R.- Todo lo que tenía hasta fin de año se ha cancelado en Tokyo, Nueva York, Praga y muchos otros lugares se ha cancelado. De modo que hasta enero de 2021, cuando vuelvo a ‘Un baile de máscarar’ pero en Sevilla no tengo nada. Por eso hay que destacar el esfuerzo, disciplina del Teatro Real, tan ejemplar, de seguir con su programación a pesar de la pandemia. Y lo ha hecho con responsabilidad con test covid a todos los que estamos en el teatro: cantantes, artistas, coro, orquesta, técnicos y administrativos. Es un mérito y hay que decirlo que a veces sólo nos fijamos en los errores.

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