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Pobreza farmacéutica: soportar dolores por no poder comprar medicamentos
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(Foto: Pixabay)

Pobreza farmacéutica: soportar dolores por no poder comprar medicamentos

lunes 29 de noviembre de 2021, 11:30h

Una dolencia de espalda la apartó de su trabajo en la hostelería. Tras el ERTE que le trajo consigo la pandemia, su economía comenzó a tambalearse. Esta joven, de 26 años y que prefiere mantener el anonimato, debe tomar morfina a diario para paliar los dolores que le causa su lesión. Sus problemas de salud se agravan cuando piensa en su situación laboral: todavía no ha sido rescatada del Expediente de Regulación de Empleo y con este panorama, tampoco se ve con fuerzas para la búsqueda de trabajo. Un horizonte desalentador que se empeora ante la imposibilidad de hacer frente a los gastos que le supone la medicación. Sin trabajo y sin dinero resulta difícil afrontar el pago de un coste extra, pero necesario para su salud.

Otro caso, el de una mujer a la que diagnosticaron cáncer de pecho. El tratamiento de quimioterapia le provoca unos efectos secundarios muy adversos. Vómitos y mareos que podrían mitigarse si tomase la medicación pautada. Pero no puede permitírselo, se trata de un fármaco muy caro y que no costea la Seguridad Social. Su situación económica no le da tregua y al final, esta vecina de Villaverde opta por pasar, sin apoyo farmacéutico, el mal trago de las consecuencias de una terapia.

Como estas dos mujeres, hay otras muchas personas que la crisis les ha dejado sin trabajo y con una enfermedad que sigue su curso. En algunos casos, se han acabado los ahorros y todavía no cobran el Salario Mínimo Vital, por lo que llegar a final de mes se convierte en una carrera de obstáculos y más aún, si padecen una dolencia que necesita medicamentos.

En España se suele asociar la pobreza a calificativos como 'energética' o 'alimentaria'. Sin embargo, existe otra tipología de vulnerabilidad social en la que ya se encuentran inmersas un gran número de personas. Se trata de la pobreza farmacéutica. Segmentos de población que no disponen de recursos económicos para hacer frente a los gastos derivados de los tratamientos médicos.

Según el Barómetro Sanitario del CIS de 2019, el 2,6 por ciento de la población española (1,8 por ciento en la Comunidad de Madrid) reconocía haber dejado de adquirir medicamentos prescritos por la Sanidad Pública por motivos económicos. Eso significa que 1,2 millones de españoles padecían pobreza farmacéutica en 2019: "Cifra que con seguridad ha aumentado de forma dramática debido a la crisis sanitaria del Covid-19. Lo cual contrasta abiertamente con un sistema sanitario que se presume que debe ser universal para todos los ciudadanos. Y que quizás lo es en cuanto a la asistencia médica, pero que deja de serlo cuando el tratamiento de medicamentos que debe seguir a esta asistencia no es accesible para las economías más vulnerables", explica Homero Val, uno de los responsables del Fondo Social de Medicamentos de Cataluña y Aragón del Banco Farmacéutico.

Una entidad sin afán de lucro que surgió en España en a partir de la experiencia de Banco Farmacéutico Italia, nacida en el año 2000. El objetivo es favorecer la inclusión social de las personas que sufren desigualdad en el acceso a los medicamentos por motivos económicos. Y a partir de una visión de la sociedad "que se fundamenta en la cultura colaborativa entre todos los agentes implicados en atender y dar solución al problema de la pobreza farmacéutica y en una sociedad basada en la gratuidad y en la centralidad de la persona por encima de ideologías y estructuras", cuenta Val.

Dado que la cobertura pública o privada para atender estos casos de pobreza farmacéutica y sanitaria no es total, desde esta entidad vieron que era necesario cubrir una realidad que no contempla la Administración Pública: "Pagar la aportación de copago de los medicamentos financiados por el Sistema Nacional de Salud (normalmente en estos casos es del 40 por ciento) a aquellas personas que se encuentran en situación de exclusión y vulnerabilidad extrema, garantizando la medicación durante un mínimo de seis meses (en caso de procesos crónicos), prorrogables.

Desde que Banco Farmacéutico pusiera en marcha el Fondo Social de Medicamentos en 2015 se han destinado 1.200.000 euros a cubrir más de 7.000 planes de medicación de personas de Cataluña, Aragón y Madrid. En la región madrileña, 318 personas han sido beneficiadas pagando medicación por valor de más de 61.000 euros.

La pobreza farmacéutica genera un círculo vicioso. Cuando el paciente padece un problema de salud y no puede asumir el pago del tratamiento de medicamentos prescrito, tiene que escoger entre adquirir la medicación o priorizar otros bienes básicos, como la alimentación o el gasto de vivienda: "Tiene que elegir entre comer o medicarse”. Y la elección casi siempre prioriza la primera opción desterrando a segundo plano la medicación, lo que provoca consecuencias preocupantes para la salud. "Hay quienes reducen las dosis para alargar la duración del medicamento y otros renuncian a la medicación por completo", argumenta Javier Cuenca, presidente de la Asociación de Vecinos La Incolora, de Villaverde Alto. "Tan malo es dejarlo de tomar como hacerlo de manera incorrecta", añade. Los precios de algunas medicaciones son desorbitados: "Pueden suponer, en algunos casos, un gasto mensual de 180 euros. Sin trabajo y sin apenas una renta mínima, cómo hacer frente a este coste si a veces no pueden ni pagar la luz o la comida".

Ante esta realidad, la asociación de vecinos de Villaverde decidió movilizarse y crear el proyecto Incofarmacia. La irrupción del Covid-19 y la crisis económica, que llegó después, ha colocado a la sociedad en una situación que ha ido empeorando con el paso del tiempo. Según datos de la Encuesta de Condiciones de Vida que publicó el INE en julio de 2021, la pandemia disparó al 7 por ciento la población que se encontraba en situación de carencia material severa a finales de 2020, frente al 4,7 por ciento que sufría esta circunstancia el año anterior. Asimismo, el porcentaje de población en riesgo de pobreza o exclusión social (tasa AROPE) aumentó al 26,4 por ciento, desde el 25,3 por ciento de 2019. El confinamiento afectó a las economías de las personas más vulnerables haciendo mella en los ingresos de un hogar. La pérdida de trabajos, los Ertes y otras situaciones laborales colocaron a miles de personas en una encrucijada que, a día de hoy, todavía sigue sin solución.

Desde la asociación vecinal de Villaverde hablan de un incremento de personas que sufren pobreza farmacéutica: "En la colas del hambre nos dimos cuenta que no solo existían necesidades por la alimentación. También nos contaban que no podían hacer frente a los gastos por medicación", recuerda Javier Cuenca. En ese momento, desde el colectivo vecinal deciden hacer frente a esta realidad social, que se "invisibiliza" ante la sociedad, para encontrar medidas que cubran esta necesidad: "Algunas hay pero no llegan para todos. Son insuficientes", denuncia el presidente. Además, Cuenca "llama la atención a las distintas administraciones y juntas de distrito. Dicen que no disponen de presupuesto pero seguro que una parte se podría derivar y no solo en Villaverde. Se trata de una realidad que afecta a otros distritos y pone en juego la vida de las personas".

Desde el área de Servicios Sociales del Ayuntamiento de Madrid aseguran que la realidad es otra: "Pueden prestar ayuda a todas las personas en situación de vulnerabilidad tras estudiar su caso y su perfil". Cuando una familia se encuentra en una situación vulnerable y necesita ayuda para pagar medicamentos, "desde Servicios Sociales se le puede tramitar una ayuda económica de emergencia para que hagan frente a la sus necesidades urgentes, como es el pago de medicamentos y otras básicas".

Lo normal sería que cuando las personas están enfermas puedan seguir el tratamiento que les prescribe un facultativo pero lo cierto, es que, a pesar de las buenas intenciones de unos y otros, la pobreza farmacéutica sigue sin encontrar solución. Solo remiendos -y bienvenidos- por parte de vecinos y organizaciones. Así, desde La Incolora, con Incofarmacia se han beneficiado 40 personas, de ellas cuatro menores, y se han retirado 150 lotes de medicación en la farmacia. Desde el Banco Farmacéutico, en Madrid, en el primer trimestre de 2021, "dimos 75 altas frente a las 30 altas que se dieron el mismo trimestre el año anterior. Es un dato alarmante, sin duda, pero que plasma en cifras las consecuencias sociales que está arrojando la pandemia", describe Homero Val. Datos que ponen de manifiesto la necesaria actuación ante esta realidad que no permite costear los medicamentos.

Una farmacia de apoyo

Todo se centraliza en Villaverde Alto en una farmacia que se ubica cerca de La Incolora. Hasta allí se acercan cada mes una treintena de vecinos para adquirir sus medicamentos que se los paga la asociación. La botica de Mari Ángeles Pérez Romero les dispensa las medicinas que luego abona el colectivo vecinal, gracias a las aportaciones que le llegan de los propios vecinos del barrio. "Organizamos actividades para recaudar fondos, un taller de mandalas y maratones por ejemplo. También contamos con donativos".

En la farmacia, a través de unos códigos y de una visita previa con una trabajadora social, los vecinos que lo necesitan pueden llevarse sus medicamentos sin coste alguno para ellos: "Cotejamos todos los datos para evitar que se aprovechen otras personas que no lo necesitan". Pero en este lugar, todos se conocen. Marí Ángeles lleva 11 años en el barrio: "Conocemos a todos los vecinos. Ellos nos cuidan y nosotros les cuidamos".

"A veces después de preguntar cuánto cuesta, responden con un "no me lo llevo ahora, no me viene bien. La gente aguanta dolores porque no lo pueden pagar". Y esa circunstancia, denuncia Mari Ángeles, "no debería pasar".

Convenio con el Servicio Madrileño de Salud

El programa del Banco Farmacéutico establece un circuito entre los Centros de Salud (CS), las oficinas de farmacia y los propios beneficiarios, a través del cual una persona que es dada de alta en el proyecto por el trabajador social, puede dirigirse a cualquiera de las farmacias que forman parte de nuestra red colaboradora, en la que se le dispensa la medicación sin coste, para que sea Banco Farmacéutico quien posteriormente abone el total dispensado a la farmacia.

"Banco Farmacéutico, siempre que abre el proyecto Fondo Social de Medicamentos en una Comunidad Autónoma, firma un convenio con la entidad pública sanitaria responsable de los Equipos de Atención Primaria de los Centros de Salud, donde están integrados los trabajadores sociales que colaboran directamente en el proyecto. Así, en Madrid existe un acuerdo de colaboración entre el Servicio Madrileño de Salud (SERMAS) y Banco Farmacéutico, que regula la implantación de este proyecto en toda la Comunidad Autónoma de Madrid. Tanto la operativa del proyecto como los criterios de selección de los beneficiarios han sido consensuados con ellos. Ante la excelente acogida del proyecto por los beneficiarios, trabajadores sociales y farmacéuticos, y la positiva valoración de los resultados obtenidos los dos primeros años de actuación, acabamos de renovar el convenio con el SERMAS", cuenta Homero Val. También tienen un acuerdo firmado con el Colegio Oficial de Farmacéuticos de Madrid (COFM), que recoge los aspectos técnicos de la colaboración de las farmacias en el proyecto.

A nivel global, el Fondo Social de Medicamentos cuenta con la colaboración de los equipos de trabajo social de 220 Centros de Salud y 650 farmacias de Aragón, Cataluña y Madrid. Por el momento, en la capital, el proyecto está operativo en los distritos Puente de Vallecas y Villa de Vallecas, con la participación de 15 Centros de Salud y 35 farmacias voluntarias. "Iremos ampliando la cobertura a otros distritos hasta que consigamos abarcar la totalidad de la Comunidad de Madrid en los próximos años", confirma.

Al igual que en el proyecto de Villaverde, en esta iniciativa los equipos de trabajo social son quienes realizan una valoración de la situación socioeconómica del paciente sobre la base de un protocolo definido: "Si cumple los requisitos establecidos previamente por el Servicio Madrileño de Salud y Banco Farmacéutico, el trabajador social da de alta a esta persona como beneficiaria del Fondo Social de Medicamentos a través de una Intranet (plataforma informática de la ONG Banco Farmacéutico), siguiendo los niveles de seguridad vigentes de acuerdo con la Ley de Protección de Datos Personales y Garantía de los Derechos Digitales". El paciente, convertido ya en beneficiario de la prestación que ofrece la ONG, puede acudir a cualquier farmacia colaboradora y retirar la medicación prescrita en receta electrónica y subvencionada por el Sistema Nacional de Salud sin tener que aportar nada. Y Banco Farmacéutico abona a las farmacias -posteriormente- el coste de los medicamentos dispensados.

El colectivo más vulnerable que se encuentra esta asociación sin ánimo de lucro son las familias monoparentales con hijos a cargo (en su mayoría son mujeres), personas con escasa formación y parados a quienes les ha vencido la prestación por desempleo y no reciben todavía ningún tipo de ayuda no contributiva, pero mantienen todavía el nivel fiscal del año anterior y tienen que hacer un copago en farmacia del 40 por ciento del coste de la medicación. "Especialmente sensible es el caso de los menores, que suponen el nueve por ciento de los beneficiarios del Fondo Social de Medicamentos. De ellos, más del 50 por cien padecen trastornos del sistema nervioso. Ello obedece, entre otros factores, a la tasa de probabilidad de padecer un trastorno de este tipo que afecta acuciantemente a los menores que viven en familias en el umbral de la pobreza o en pobreza severa".

En la farmacias que colaboran con Banco Farmacéutico hay un póster en un lugar visible con el código 03262 para hacer el donativo por Bizum a la ONG, o por otros medios, y una breve información para sensibilizar a los ciudadanos sobre la pobreza farmacéutica.

Lo ideal sería que se acometiesen cambios legislativos que lograsen revertir la situación, que afecta a más de 1,2 millones de españoles. Mientras tanto y siempre con este objetivo en primera línea, asociaciones y colectivos colaboran y se esfuerzan para no dejar abandonadas a todas las personas que necesitan medicamentos y no pueden costearlos. Colectivos vulnerables que se encuentran inmersos en una realidad compleja y desconocida, la pobreza farmacéutica, que no desean quedar en el olvido de administraciones y Gobiernos.

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