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La farsa de esta Diada y otros mitos democráticos
(Foto: EP)

La farsa de esta Diada y otros mitos democráticos

(La Tribuna Crítica)

lunes 12 de septiembre de 2016, 08:49h

Secuestrada por los independentistas y nacionalistas más radicales, la Diada ha dejado de ser la bella fiesta catalana que era siempre. Como ha dicho Albert Rivera, todos deberíamos esperar que algún día se vuelva a celebrar con normalidad este día 11 de septiembre, que es la de todos los catalanes y de los que viven en ella, y no un verdadero acto de fuerza, año tras año, de los soberanistas.

Un pulso al Gobierno central que desde hace un lustro se vive todas las Diadas, intentando llenar las calles de personas movilizadas bajo una gran farsa, que es una exigencia de independencia forzada, manipulada y exagerada, prometiendo un referéndum irrealizable. Ni es mayoría la población catalana que quiere la independencia ni lo sería luego la mayoría de catalanes convencidos de haber logrado algo positivo para su tierra. Y es que el Brexit está reciente, y está claro que hoy en día, buscar romper fronteras en lugar de aunarlas, no tiene ningún sentido.

Ahora bien, creyendo firmemente en los principios democráticos, es innegable e incuestionable la gran voz elevada desde el pueblo catalán por celebrar una consulta legal o un referéndum de independencia. Un referéndum negado desde Madrid y que quizás, eso sí, sí que cuente con el apoyo de la mayoría de los catalanes para su celebración. Otra cosa, claro, sería la respuesta a esa pregunta planteada: ¿quiere que Cataluña sea un Estado independiente y por tanto abandone el Estado español?

Olvidan algunos que la democracia también es consenso, no imposición. Incluso de las mayorías. Para eso hemos tenido el claro ejemplo de 4 años de rodillo del PP, donde su mayoría absoluta ha sido ejercida, más que nunca en nuestra reciente historia democrática, como una manera de aplastar a los que piensan distinto. Ha sido un claro ejemplo de imposición de unos valores conservadores y liberales frente a una sociedad española que clamaba piedad ante la crisis económica y un trato más empático para gestionarla. Y claro, ahí también entró Cataluña, ya que como puede que acertadamente han afirmado varios líderes políticos, Rajoy y su PP han sido una fábrica de nacionalistas que ha producido en serie en estos 4 años.

Ahora los resultados son estos: millones de personas en las calles pidiendo independencia. Aunque no hay que olvidar que Cataluña tiene 7 millones y medio de habitantes, y que salgan entre 1 y 2 millones a la calle, muchos de ellos menores de edad movilizados e instrumentalizados por sus padres, pero sin derecho a voto, no debería ser interpretado como una aplastante victoria popular. Una cosa es movilizar 2 millones de apoyos al 'Sí' y otra es imponer al resto de España que se trague con este intento de independencia.

Vender al resto del planeta que son un pueblo oprimido, con la boca tapada para no poder clamar su libertad, es una dura falacia que nadie merece en nuestro país. En lo que España debe mejorar es en calidad democrática, regeneración y capacidad de escucha. En eso, Podemos y partidos como el de Ada Colau han aportado la chispa nueva que demandaba la sociedad española. Si Iglesias, Garzón y compañía apoyan el derecho a decidir no debería ser interpretado como una amenaza a la unidad del Estado español, sino como un intento por dar voz a todos y buscar un consenso para continuar en paz y tranquilidad bajo un mismo Estado que, eso sí, dé garantías y calidad de vida todos, por no hablar de permitir desarrollar las identidades regionales de cada nación de las que se compone España.

La Constitución merece renovarse. No estamos en la sociedad de finales de los años 1970. Pero tampoco debe ser lanzada a la papelera como algunos pretenden. Quizás un referéndum sea la solución para algunos vascos, catalanes y gallegos, pero sin duda que la pregunta que se realice en esa papeleta debería ser lanzada a toda la población española, no sólo a la de esas comunidades autónomas. Que no olvide nadie que al igual que los independentistas reclaman democracia, derechos y leyes, el positivismo jurídico debe ser de ida y vuelta. Cualquiera que en España atentara contra los derechos de los miles de españoles que viven en estas 3 regiones sin ser autóctonos de ellas, estaría faltando a la Ley, y faltando también a los derechos y libertades de ciudadanos que viven en Barcelona, Bilbao o La Coruña. Con los mismos derechos que los que quieren dejar de ser España, pero a los que el resto del país invita y debe invitar a vivir en paz y libertad en cualquier otro punto del Estado, como podría ser Sevilla, Madrid o Valencia.

Luchemos por la convivencia y el entendimiento. Tender puentes y no volarlos. Pero eso, debemos aplicarlo todos.


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