Le encanta su trabajo y se le nota. Carmen Balfagón Lloreda (Madrid, 1954) lleva varios años al frente de la Agencia para la Reeducación y Reinserción del Menor Infractor (ARRMI) de la Comunidad de Madrid, donde trabaja para rehabilitar a los jóvenes madrileños sujetos a medidas judiciales. Una labor dura, pero, según reconoce, "gratificante", que ha dado como fruto las tasas más bajas de reincidencia de menores a nivel nacional.
¿Cree que es posible reinsertar a cualquier menor infractor?
Lo ideal sería que todos los menores pudieran reinsertarse, entendiendo como reinserción su devolución a la sociedad en unas condiciones óptimas y alcanzando el grado de ciudadanos, que es el que les corresponde. Todos pueden reinsertarse, pero algunos tienen determinadas patologías, como las psiquiátricas, que se escapan de la labor de esta agencia, y no obstante estamos trabajando con ellos.
¿Son ellos los más difíciles de reinsertar?
No se puede generalizar. El más difícil de reinsertar es aquel que no entiende el reproche social sobre la conducta que ha llevado a cabo, pero eso es lo primero que se aborda en la intervención.
La reincidencia ha bajado mucho en la Comunidad de Madrid. ¿Cuáles han sido las claves?
Esta agencia ha tenido la suerte de contar con unos responsables políticos que siempre han apoyado el trabajo de la agencia. La Consejería de Presidencia, Justicia e Interior de la Comunidad de Madrid ha hecho posible que nosotros podamos desarrollar todos los proyectos. Esto último es impagable. Gracias a este respaldo, hemos podido llevar a cabo una serie de programas especializados de intervención. A veces, la mayor de las injusticias es tratar a todo el mundo igual. La intervención con un homicida nunca puede ser la misma que la que se hace con quien ha cometido algún tipo de robo. El éxito de los profesionales que trabajan en este organismo ha sido acertar con los modelos de intervención, que nos han ayudado a bajar las cifras de reincidencia. En concreto, son espectaculares los resultados obtenidos por el programa de maltrato familiar, que ha reducido la reincidencia hasta el 1 por ciento. Esto responde a una intervención concreta diseñada por los mayores expertos en la materia.
También tienen otro programa específico para agresores sexuales. ¿Qué tal está funcionando este último?
Este programa se puso en marcha en 2006 y está dando muy buenos resultados, teniendo en cuenta que el delito de agresión sexual es complejo y tiene muchas connotaciones. Aquí es complicada la no reincidencia, según dicen todos los expertos en la materia, pero nosotros jugamos con la enorme ventaja de que trabajamos con menores, a quienes aplicamos también un programa especializado. En concreto, además de trabajar, como siempre, con la familia, hacemos hincapié en una serie de parámetros: el respeto a la otra persona y mucha educación sexual.
¿Qué ha enseñado la experiencia de estos años de rodaje de la agencia?
Creo su creación que fue un acierto del Gobierno de la Comunidad de Madrid y de su presidenta, Esperanza Aguirre, que fue quien decidió crear un organismo con el mandato de dedicarse a la reinserción y de especializar los centros. No se puede mezclar chavales con delitos diversos en un solo centro, sino que tienen que especializarse y adaptarse al trabajo con ellos con métodos de intervención concretos, adaptados y especializados, y consensuados con quien más sabe de cada tema. Toda esa información estaba ahí, pero no se había captado, así que eso fue lo que hicimos. Los programas de intervención para menores con delitos de maltrato familiar, de agresores sexuales, de madres…, son la nota diferenciadora frente a otros organismos que trabajan en la ejecución de las medidas en el resto de España.
¿Ha habido algún punto de inflexión especial en la trayectoria de la agencia?
El punto de inflexión más importante fue establecer la educación obligatoria en todos los centros, a través de un centro de enseñanzas para estos menores. El mandato del Gobierno de la Comunidad fue reeducar y reinsertar. El convenio con la Consejería de Educación garantizó el derecho constitucional de la educación en todos los centros. Ahora cada joven, en su centro de internamiento, puede cumplir con un programa académico al igual que cualquier otro menor que esté en libertad, y eso supuso un hito. Esta es la primera comunidad de España que apostó por esta política, que permite asegurar que las medidas de internamiento sirven para formar al chico y establecer el currículum laboral más adecuado para aquellos que prefieran trabajar y cumplan los requisitos necesarios.
El juez de Menores de Granada Emilio Calatayud acaba de publicar un libro, ‘Mis sentencias ejemplares’. ¿Se están poniendo en marcha medidas similares en Madrid?
El juez Calatayud ha dictado sentencias como obligar a un menor infractor a sacarse el Bachillerato, pero nosotros obligamos a todos ellos a estudiar y les damos todo el apoyo necesario para ello. Por eso hacía hincapié en la diferencia de Madrid con otras comunidades autónomas: lo que en otros lugares es una obligación, nosotros lo entendemos como un derecho. Los jueces madrileños conocen muy bien la creación de este organismo. Quiero agradecer la labor de los jueces, el apoyo y la confianza que han puesto en nosotros. Hay un entendimiento mutuo a la hora de trabajar con los menores. Lo que ocurre es que se conocen poco nuestras medidas, pero nosotros hemos puesto en marcha prestaciones en beneficio de la comunidad que implican un alto grado de solidaridad.
El año pasado, la agencia llevó a un grupo de menores a hacer el Camino de Santiago. ¿Cómo valora esta experiencia?
El Camino de Santiago fue una experiencia que venía realizándose de manera reiterada con presos adultos y nos pareció que podíamos importarla para nuestros menores. No pudimos atender toda la demanda, ya que hubo que valorar quiénes iban y quiénes no, pero lo vamos a repetir. El Camino, además de la enorme carga cultural que conlleva, aporta muchos valores y supone compartirlo todo con otros menores y con los monitores durante unos días. Cada paso es una enseñanza. La asociación que nos prestó su apoyo hizo un trabajo fantástico y creo que su experiencia también se ha visto enriquecida con nuestros menores. Creo que habría que aprovechar esa oportunidad.
¿Cuáles han sido los momentos más emotivos que ha vivido en su cargo?
He tenido muchos. Uno de los mejores fue la firma del convenio con la Consejería de Educación y también el primer Festival de Medidas Judiciales. Ver cómo chicos que en su vida habían recibido un aplauso, gracias a su esfuerzo, dedicación y a la labor de sus profesores eran capaces de tocar unos instrumentos musicales fue emocionante. Y también el agradecimiento de los menores por haberles dado la oportunidad de participar en talleres musicales. A mí me gusta hablar con los chicos y me conocen casi todos, al menos aquellos que cumplen medidas de internamiento en régimen cerrado. Una vez, un joven se presentó en mi oficina para darme su tarjeta porque había sido contratado por una editorial y quería decirme que se iba a casar y que deseaba invitarme a la boda. Así fue como tuve la oportunidad de ver que un chaval que había sido condenado por un delito de robo llevaba un año ganándose la vida de forma honrada.
¿Y los momentos más duros?
Ha habido muchos también. Por ejemplo, cuando hubo que decirle a un chaval interno que su madre había fallecido, sobre todo al pensar que esa madre no había podido pasar sus últimos años en compañía de su hijo.
Haga un balance del año que está a punto de terminar.
Ahí están las cifras. La agencia es un nombre, pero detrás de ella hay muy buenos profesionales sin los cuales no habríamos podido obtener estos resultados, y es la sociedad en su conjunto quien tiene que valorarlas.
¿Cuáles son los planes para 2009?
Seguir avanzando en estas líneas y en la innovación científica para poder alcanzar nuestro objetivo final, que es la reincidencia cero. Es ambicioso y arriesgado, pero es nuestro objetivo. Cada vez que baje la reincidencia será un éxito para nosotros, y para eso tenemos que seguir avanzando.