Los datos son inequívocamente pésimos. La
tasa de morosidad, cuyo dato actualizado se publicó ayer lunes, alcanza niveles más que preocupantes (el 3,8%). La
creación de empresas se hunde, con un 47% menos.
Al resto de datos macroeconómicos tenemos que unirle el más preocupante de todos ellos: el del paro. Se han alcanzado en febrero los 3 millones y medio de desempleados y es muy posible
que se llegue al verano a la fatídica cifra de 4 millones, la que todos los expertos y el Gobierno descartaron al comienzo de toda esta crisis.
Y sin embargo, los grandes titulares desde hace un tiempo se los llevan temas políticos y de sociedad. Por ejemplo, el asunto de los seguimientos y supuestos actos de espionaje llevados a cabo en la Comunidad de Madrid por mandato del ejecutivo de
Esperanza Aguirre. Un tema coronado con una
comisión de investigación parlamentaria esperpéntica con boicots de la oposición, que incluso desalojaron el parlamento madrileño.
Otro gran tema es, sin duda, la trama de corrupción en Madrid y Valencia en torno a la figura de
Francisco Correa. El 'caso Gürtel', vaya. El juez
Garzón, dicen las malas lenguas, comenzó a desatar esta tormenta contra el entorno del PP a instancias del Gobierno.
Una verdadera 'trama' tejida supuestamente para matar dos pájaros de un tiro:
dañar la imagen del principal partido de la oposición de cara a las elecciones que se celebraron el día 1 de marzo en Galicia y País Vasco y, de paso, acaparar la actualidad mediática con estos asuntos que en nada perjudican al Gobierno, como sí lo hace todo lo relativo a la crisis. ¿El último episodio?
Pues el sastre y los trajes de Camps, a la par entretenido y polémico, obligando a todos los medios a tomar partido y dejar la crisis 'aparcada'.
Los más retorcidos -o malpensados- tienen claro también que el Gobierno ha impulsado ahora la polémica de la reforma de la ley del aborto. Ha elegido este momento para ganar otro tema más que esté en la sociedad, en el debate del día a día, y evitar así la misma idea: que se hable tanto del paro y la crisis en general. La reforma del aborto no perjudica al Gobierno, si entendemos que se han medido bien las contrapartidas, y la
Iglesia ya está echada a la batalla para acrecentar el debate.
Lo dicho: estamos en Fallas, y toca hablar de otros fuegos... ¿objetivo conseguido?