Lo que quedó claro durante el desarrollo del debate fue que a los independientes, representados por 40 presentes que expresaron minuto a minuto sus percepciones sobre las respuestas de los candidatos, no les gustó ninguna de las descalificaciones que se hicieron uno contra el otro, o las que hizo Martinelli contra el Gobierno.
Ambos candidatos manejaron bien las respuestas, principalmente cuando se calmaron los primeros nervios, propios de este tipo de ejercicios electorales. Martinelli no se separó de sus ‘slogans’ de campaña, citando cada vez que pudo el estribillo publicitario “si no lo hicieron en cinco años, qué nos dice que lo vana a hacer ahora”, para calificar la candidatura de Herrera como el continuismo.
La campaña de Herrera pensaba que Martinelli iba a sufrir un colapso de imagen, pero el candidato salió ileso, seguro y manejando su programa con soltura, aunque su uso del lenguaje es pobre y dista mucho de parecerse al de un buen orador.
Balbina Herrera fue mejor en el empleo de los datos de la realidad panameña, las respuestas apegadas a su Programa de Gobierno, el control emocional y la pertinencia en las alusiones a los fallos del programa de la oposición.
La Universidad Latina hizo dos simulacros de votación: uno antes del debate, y otro inmediatamente finalizado. En ambos Balbina Herrera se impuso a Martinelli por 10 votos, demostrando que los debates no alteran significativamente la preferencia del votante.
Los medios dan –tímidamente- un empate. La campaña de Balbina Herrera esperaba un triunfo avasallador que no obtuvo su candidata; Martinelli salió airoso de su prueba, desmitificando que no es capaz de enfrentar a su adversaria.