Lindezas episcopales
miércoles 18 de marzo de 2009, 17:13h
Actualizado: 25 de marzo de 2009, 13:01h
No, así no. Con lindezas no se aborda ninguna cuestión, tampoco la relativa a la interrupción voluntaria del embarazo. Si los insultos a la inteligencia vienen de enemigos de las posiciones a favor de la mujer a la hora de afrontar el aborto, decisión siempre difícil para la persona que la toma, sencillamente se ven como parte de la campaña en contra de la reforma que plantea el Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero. Cuando los improperios contra el aborto salen de un representante de los obispos españoles que deja caer que se protege más a los niños que a los linces, especie animal protegida, no es más que una lindeza episcopal.
Aquellos que se financian con las aportaciones voluntarias de sus fieles y con el dinero de nuestros impuestos que les da cada año el Ejecutivo estatal, que en esta ocasión les ha subido la asignación con nuestros euros, están en su legítimo derecho de apostar por el no al aborto, pero no están autorizados a meter el miedo en el cuerpo a nadie con sus comparaciones vomitivas. Los niños están protegidos legalmente, aunque desgraciadamente muchos menores sufren lo indecible porque sus familias, las sagradas familias, no saben o no pueden darles lo necesario para desarrollarse saludablemente y ser educados correctamente. Las mujeres que abortan lo hacen por razones diversas e indudablemente es un reto urgente reducir el número de las interrupciones voluntarias con campañas para prevenir embarazos no deseados y con una buena educación sexual en ese sentido. Tabúes, fuera.
La Iglesia tiene derecho a informar de sus posiciones en este controvertido asunto, y en otros, y a imponer a sus fieles el rechazo al aborto, al divorcio, al condón y a la opulencia de muchos que acuden a sus misas para lavar su conciencia llenando los cepillos de las parroquias. Pero nadie les ha dado vela en este entierro de hipócritas, ni nadie les ha validado para tratar de imponer a los creyentes en otras religiones, a los ateos o a los agnósticos sus obsesiones morales. Estas son lindezas episcopales aireadas por alguien que se considera un lince porque se ha creído sagaz al insinuar que los derechos de los animales en extinción superan a los de cualquier criatura y dejar caer que Zapatero, el que les da más de nuestros impuestos, es inhumano. Y se curan siendo el acompañante de una mujer embarazada que ha decidido abortar. La angustia, el dolor, las dudas, los pensamientos y los daños al propio cuerpo salen por los poros de las chicas a las que durante un tiempo se les transforma el cuerpo, el instinto y las emociones.
Antes, interrumpir un embarazo era un delito y las que tenían dinero y poder lo hacían en Londres. Ahora, la ley protege este derecho de la mujer, que lleva pidiendo desde tiempos inmemoriales el poder de decisión y considera que la norma ha de tenerla en cuenta. Antes, era indisoluble el matrimonio, aunque fuese un infierno para todos los miembros de una de esas desgraciadas familias, y el divorcio no existía. Ahora ambas cuestiones son derechos.
Los obispos, los de antes y los de ahora, siguen sin enterarse que ellos no dictan las normas sociales y que sólo son un lobby de influencia más. Gracias por defender sus creencias, pero las lindezas episcopales, para sus momentos íntimos.