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La farmacia del día después

jueves 14 de mayo de 2009, 11:27h
Actualizado: 20 de mayo de 2009, 13:34h
Pongamos que un día de fiesta cualquiera una amigdalitis con placas me pone dificultades para tragar, me eleva la temperatura corporal y me produce las molestias propias de esta dolencia. Pongamos que acudo a una farmacia de guardia para que me dispensen el antibiótico de toda la vida para combatir esa amigdalitis, para aliviar ese incómodo estado febril en el que me encuentro. Y pongamos que el farmacéutico de turno, en aplicación de la normativa vigente, se niega a despecharme el medicamento, porque no puede dispensarlo sin receta médica. Y punto. Y me vuelvo a casa con las anginas poniendo una angustiosa barrera en mis tragaderas.

Pongamos que detrás de mí llega a la farmacia de guardia una colegiala que ha tenido un acceso de fiebre de sábado noche, y va a comprar la píldora del día después para impedir un embarazado no deseado, y el buen farmacéutico no tiene más remedio que dispensarle el producto –no puedo llamarlo medicamento, porque no cura nada- sin receta, sin prescripción médica, sólo porque el gobierno ha decidido que se despache libremente, sin límite de edad, sin control.

Y uno se frota los ojos para ser consciente de en qué país de inconscientes vivimos, en qué lugar del mundo donde para comprar un antibiótico es preciso tener receta y no para comprar la píldora del día después. El segundo paso será hacer gratuito ese producto, regalarlo, sacarlo de las farmacias y dispensarlo en máquinas expendedoras en locales públicos, o quizá mejor, introducirlo como un producto más en las tiendas de chuches, para que esté al alcance de las crías y que los padres no sospechen cuando vean entrar en la tienda a la niña y entre los paquetes de gominolas, chicles y palomitas se llevan una píldora del “por si acaso”.

El anuncio lo han hecho a dos voces las ministras de Sanidad y de Igualdad. El día antes del debate sobre el estado de la Nación. El día después, el del debate más comprometido que haya tenido el presidente del Gobierno por la grave crisis por la que atraviesa el país, de lo que se hablaba en la calle no era  de economía, de paro, de medidas, de soledad parlamentaria. Se hablaba de la venta libre y sin receta de la píldora del día después. No hay nada como provocar una polémica inquietante para acallar un asunto de grandes proporciones.  
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