miércoles 20 de mayo de 2009, 13:50h
Actualizado: 21 de mayo de 2009, 07:28h
Reacciones PIB aparte, el debú de José Manuel Campa como secretario de Estado de Economía no ha podido ser más desafortunado. Da la sensación, según lo que ha dicho, que el Gobierno, con Zapatero al frente, va por una parte, cuando habla de "la salida social a la crisis" y el por otra. Y, que yo recuerde, ni en los peores tiempos en los que Guerra hablaba de los "descamisados y parias del mundo" mientras Solchaga decía que "en este país uno se puede hacer rico de la noche a la mañana", no se había producido tanta desincronización en un gobierno presuntamente de izquierdas y progresista.
Campa vuelve a irritar a los que le escuchan cuando sigue apoyando "El manifiesto de los 100 economistas" que el mismo firmó y que ha encendido todas las alarmas en las sedes sindicales cuando se plantea "un único contrato" que mas bien parece al "contrato de crisis" propuesto por los empresarios y que supone un nuevo abaratamiento del despido.
Y en este sentido, hay que tener mucho cuidado con lo que se dice y se plantea. Y llamar a las cosas por su nombre. Porque ese grupo no está proponiendo un abaratamiento de los costes de despido a la antigua usanza, tal y como lo entendemos. Está hablando de otra vieja aspiración que el malogrado José María Cuevas nunca logró sacar adelante por mucho que gritó y gritó en las infinitas negociaciones que llevó a cabo a lo largo de su vida: se trata de los salarios de tramitación. Eso es lo que verdaderamente escuece a los empresarios. Esos salarios que han de pagar desde que despiden a un trabajador hasta que se resuelve dicho despido en las instancias judiciales correspondientes. Cantidades que, en la mayoría de las ocasiones, superan los veinte días que pagan por "razones objetivas, económicas, o necesidades de la producción". Sepan ustedes que de 45 días por año trabajado nasti de plasta. Eso no lo cobran ni los EREs multimillonarios de algunas grandes empresas.
Campa señala, además, que el mercado laboral español es tan extraño que destruye empleos a mansalva cuando la economía deja de crecer a un ritmo alto, y le cuesta crear precisamente en dichos ritmos altos. De acuerdo. Pero el secretario de Estado de Economía culpa de tal fenómeno a los rigores del sistema laboral español cuando no es así. Es el mismo problema que surge cuando se juega con un modelo productivo claramente especulativo. Y el modelo español, basado en la construcción, se ha comprobado lo ineficaz que es no sólo a nivel de mantenimiento de puestos de trabajo sino también por su incapacidad de generar una riqueza estable para el País.
Y para rematar las cosas, Campa vuelve a insinuar, aunque muy diplomáticamente, la necesidad de "moderar salarios" en los tiempos en que vivimos. Y eso suena no sólo a rancio, sino, incluso a reaccionario. A frases de esos "ilustres economistas" españoles que se han caracterizado precisamente por su egoísmo a la hora de hablar de retribuciones. La ley del Embudo. Ellos facturan cantidades astronómicas por sus estudios y servicios y al empleado de turno que se joda y pierda poder adquisitivo que por eso estamos en tiempos de crisis.
Mal comienzo para un señor, como es José Manuel Campa, que parece haberse metido en un terreno que no es el suyo. Estaría mejor en una escuela de negocios, o en un servicio de estudios de un banco que en un Gobierno en el que su Presidente tiene línea directa diaria con el líder de uno de los dos sindicatos más fuertes del País