Esto lo ha destacado en París Alain Bouillard en nombre de la Oficina de Investigaciones y Análisis (BEA, en francés), es decir, el organismo que se ocupa de analizar la agonía del aparato de Air France, donde viajaban 228 personas.
El problema es que la BEA no apunta a una versión más o menos verosímil de cuanto sucedió el 1 de junio. Casi todas las claves se alojan en las cajas negras, cuya autonomía energética para enviar señales debería haberse consumido hace 48 horas.
Sin embargo, Bouillard ha anunciado que la búsqueda va a prolongarse hasta el 10 de julio. Cumplida la fecha, muchos de los secretos se los quedará el mar. Incluido el impacto que pudo desempeñar la tormenta en el desenlace de la catástrofe.
Bouillard ha mencionado además la eventualidad de que las sondas que miden la velocidad del avión pudieran haber informado mal al comandante de la aeronave, pero descarta que semejante contratiempo sea en sí mismo el origen del accidente.