Por fin hemos descubiertos la “tostá” de la Deuda Histórica andaluza: la liquidación en solares, pactada entre el Gobierno central y el autonómico, constituía, en realidad, el primer “recorte” social de ZP. Con los bolsillos estatales más vacíos que la despensa de un pobre, ZP ensayó en Andalucía la rebaja de sus propuestas sociales, sabedor de que en la tierra del “santísimo PSOE” todo cuela. Y coló, claro.
Griñán cambió inversiones presupuestadas en colegios, sanidad y vivienda –el triángulo de oro de cualquier política social- por unos solares de dudoso valor, no ya social, sino incluso inmobiliarios.
El error de la Deuda Histórica es el primer gran error socialista del PSOE de Griñán: ha trucado el emblema de su política social en Andalucía –la reivindicación de un dinero históricamente destinado a paliar la “brecha” social respecto a otras autonomías- por la “burbuja” de unos solares que, con la que está cayendo, a ver quién es capaz de convertirlo en dinero, en valor rentable.
El segundo error socialista de Griñán es el mismo Griñán, la creencia de que un congreso extraordinario del PSOE-A iba a contener las tensiones internas y que el problema del desconocimiento “social” del nuevo líder se iba a arreglar con cuatro carteles de propaganda y el cambio de nombre (de José Antonio a Pepe).
Cuando un error se basa en la mentira – Griñán y todo el partido no veían, en principio, conveniente la celebración del cónclave- es doble error: a la fealdad del engaño se suma la falta de credibilidad y ese déficit conduce a la peor consecuencia para un líder político: la desconfianza en sus propias filas; en las del partido y en la de sus votantes.
Que el PSOE andaluz le viene grande a Griñán se evidenció en la que montó en el Ayuntamiento de Sevilla, cuando forzó precipitada y públicamente la renuncia a la reelección del alcalde, Alfredo Sánchez Monteseirín, sin importarle provocar una crisis institucional y dejar al partido sin “referente” en la capital a un año de las elecciones municipales. De paso, ha logrado que los ciudadanos visualicen en Juan Ignacio Zoido, el candidato del PP, al “alcalde”. Peor, imposible.
El penúltimo error socialista de Griñán deriva de la impostura de su liderazgo, de su artificialidad, de su imposición. El nuevo secretario general del PSOE-A no se ha ganado ni la autoridad ni la capacidad de influir. Sus órdagos al partido y sus trequemanejes en algunas provincias han tenido dos consecuencias inmediatas: las agrupaciones de Almería y Málaga quieren primarias para elegir a sus candidatos y el todopoderoso Gaspar Zarrías repareció para sentar cátedra en Almería (apoyo a Martín Soler, secretario provincial, en su pugna en la capital con los griñanistas almerienses) y en Andalucía, al advertir a la Ejecutiva de Griñan que los candidatos se elegirán cuanto lo dicte federal.
Y el último error – y con la expectativa, al paso que va, de otro patinazo en el Debate sobre el Estado de la Comunidad- dejó patidifuso a su grupo parlamentario, escandalizados a los zapateristas y en el mayor desconcierto al resto de los españoles, que lo vieron por televisión: Griñán dándole la espalda a Zapatero –ya lo hizo físicamente con Arenas,- al proclamar que era un mal presidente, un presidente-desastre.
Si a ellos unimos errores de andar por casa –fallo estrepitoso del grupo parlamentario en la votación de la ley de agua en la Cámara autonómica, para jolgorio del PP- y el error del estreno presidencial del Palacio de San Telmo cuando se bajan los sueldos a los funcionarios y se congelan las pensiones, cabe recordar una vieja máxima de Jean Jacques Rouseau: “Para corregir o prevenir el error, se necesita experiencia”. Justo lo que Griñán no tiene como dirigente socialista.