Es propio del megalómano refutar cualquier testimonio que roce con su ego; así sea levemente. No cabe en la psiquis del "comandante" ninguna opinión en contrario a sus deseos y malacrianzas. Calificar de m..., a todo lo que no se supedite al precepto que tiene en mente es secuela de sus tantos arrebatos de iracundia. Pero, al trasluz se ve lo que en el fondo oculta: rencor por pérdida de poder. Su naturaleza autocrática, seguramente venida de la condición de militar mandón, no es capaz de digerir algún escenario desarticulado con "la orden dada". ¿Cómo es posible que no se haya cumplido el edicto librepensador requerido y facilitarle poder ilimitado siendo que muchos dioses lo poseen?
Una muestra palmaria de su convicción de superioridad es el regaño dado a una pequeña concentración de sus seguidores en el Poliedrito, después de la derrota. Hizo responsable a los asistentes, en transmisión conjunta de las televisoras estatales, por la pérdida porque "no habían votado por él; que en consecuencia estaba obligado a pensar en su sucesor pues debía entregar la presidencia en 2012". No le pasó por la mente, ni por un instante, que la elección del "sucesor" no es potestad de su arranque obstinado sino que depende de otros factores inherentes a las democracias genuinas. Tampoco pensó que más del 50% de la población no sintió "culpa" por su fracaso, como había expresado, sino una esperanza para liberarse de la amenaza del instinto personal de alguien enfrascado en imponer un despotismo.
Antes, en el sermón de la madrugada del 3D, más que reflexionar (esas personas no reflexionan), dijo a sus seguidores y enviados extranjeros, que más de 3 millones habían dejado de votar por él. En otras palabras, que ninguno de los abstencionistas era del bloque del "NO". Debe consultar a las encuestadoras que lo asesoran para que le expliquen cómo es que la voluntad de los abstencionistas, en términos generales, en caso de votar, se distribuye de forma proporcional entre las partes antagónicas. Una interpretación más cabal sería que esos tres millones, en su mayoría, rechazaron su proyecto absorbente. Por eso no votaron.
La prepotencia es una de las lacras más difíciles de erradicar para aquellos que ejercen el poder bajo una concepción impía e irracional. Llamar insensatos, traidores, a la gente que votó por "NO" porque no le han cumplido las promesas de seguridad, dotación de viviendas, mantenimiento de infraestructura, suministro de alimentos básicos, control de inflación, es un testimonio de una iracundia carente de cordura. Según esa consideración, no importa que el pueblo pase por las vicisitudes de la revolución chavista mientras sus jerarcas se regodean con las pompas que brinda el "capitalismo salvaje": costosos vehículos, lujosos relojes, onerosos vestuarios y rimbombantes fiestas, entre otros, son los símbolos de una revolución que cultiva la miseria; pero para los otros.
Capítulo especial requiere la verborrea del vicepresidente quien tuvo la osadía de vincular la dignidad de las personas con una conducta cívica. Entre otros agravios llamó indignos a los que votaron por el "NO". Luego, con una afonía procedida por los gritos, repetía eufórico que Chávez era indispensable e insustituible; tal como los todopoderosos. Ello significaría el principio del fin, pues un régimen cuyo presidente surge de un proceso electoral democrático debe tener conciencia de las virtudes de la alternancia cívica. Una democracia no puede sustentarse exclusivamente por la obra divina de un ídolo; ello sería fanatismo.
Miguel Bahachille
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