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Epstein: virtudes públicas, vicios privados

martes 10 de febrero de 2026, 13:27h

Los 3 millones de nuevos documentos y archivos desclasificados por la Administración de Justicia norteamericana que acabamos de conocer sobre el caso Epstein, el empresario y pedófilo estadounidense que se suicidó en agosto de 2019 en una cárcel de Manhattan tras ser condenado por prostituir a una menor de edad –seguramente atisbando que toda su actividad nefanda acabaría saliendo a la luz pública–, no dejan de sorprender a la opinión pública mundial.

Al nombre de Donald Trump (veterano ya en estas lides) se le han ido sumando muchos otros que están provocando tantas sorpresas como estupor en la opinión pública de todas las latitudes. Desde el ya defenestrado príncipe Andrés de Inglaterra, el anterior embajador británico en Washington, Peter Mandelson, y el jefe de gabinete del premier británico (Starmer), Morgan McSweeney, o el ex consejero delegado del Barclays, James Staley, hasta la princesa Mette-Marit, llamada a ser futura reina consorte de Noruega si es que sus estrechas relaciones con Epstein no lo impiden; desde el matrimonio Clinton al príncipe heredero saudí, Bin Salman, pasando por el presidente de Emiratos, los todopoderosos Bill Gates y Elon Musk, y así hasta un largo etcétera.

Aclaremos desde el primer momento que aparecer en las agendas o en la correspondencia del pedófilo y empresario yanqui no significa nada más que eso. Hacen falta más pruebas gráficas o sonoras para poder inferir conclusiones mayores, porque esas relaciones pueden ser de naturaleza bien distinta.

En todo caso, es al mismo presidente de los EE.UU. a quien más conviene difuminar y hasta ocultar el alcance de su relación con el ya fallecido Epstein. Su ingerencia en la Administración de Justicia norteamericana para retrasar y hasta evitar en lo posible la salida a la luz pública de esos miles y miles de archivos es una muestra más de la hipocresía que adorna a Donald Trump, ese símbolo del egocentrismo, la ordinariez, lo errático y la discrecionalidad en las relaciones internacionales que tanto viene soliviantando y preocupando a las cancillerías de todo el mundo.

Andábamos buscando la forma de hacer que formaciones políticas enfrentadas visceralmente (es el caso de republicanos y demócratas en Estados Unidos) encontrasen algún interés común. Lo han encontrado, pero no para acercar posiciones sino para todo lo contrario, seguir tensando posturas. La han encontrado, digo, en la figura de Epstein, ya que un buen número de políticos, empresarios y artistas encuadrados en sectores progresistas estadounidenses andan también formando parte de estos documentos.

Está claro que una cosa es predicar y otra bien distinta dar trigo. Unos y otros andan jugando a esconder los vicios privados a base de maximizar las teóricas virtudes públicas que, al final, sirven únicamente para esconder los primeros. Nada que no conozcamos desde los primeros pasos de la humanidad.

José-Miguel Vila

Columnista y crítico teatral

Periodista desde hace más de 4 décadas, ensayista y crítico de Artes Escénicas, José-Miguel Vila ha trabajado en todas las áreas de la comunicación (prensa, agencias, radio, TV y direcciones de comunicación). Es autor de Con otra mirada (2003), Mujeres del mundo (2005), Prostitución: Vidas quebradas (2008), Dios, ahora (2010), Modas infames (2013), Ucrania frente a Putin (2015), Teatro a ciegas (2017), Cuarenta años de cultura en la España democrática 1977/2017 (2017), Del Rey abajo, cualquiera (2018), En primera fila (2020), Antología de soledades (2022), Putin contra Ucrania y Occidente (2022), Sanchismo, mentiras e ingeniería social (2022), y Territorios escénicos (2023) LInkedIn: https://www.linkedin.com/in/josé-miguel-vila-8642271a/

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