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El secuestro de la infancia entre agendas y algoritmos
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El secuestro de la infancia entre agendas y algoritmos

sábado 14 de febrero de 2026, 17:56h

¿Estamos educando ciudadanos con pensamiento crítico o simplemente agotando a una generación?

Vivimos en la era de la hiperactividad programada. En un mundo que se mueve a golpe de clic y algoritmo, hemos caído en la trampa de creer que un niño "ocupado" es un niño "preparado". Sin embargo, si nos detenemos a observar el paisaje actual de nuestras aulas y hogares, la realidad es mucho más gris: tenemos a los niños más estresados de la historia y, paradójicamente, a jóvenes con una capacidad de análisis crítico cada vez más debilitada.

La tiranía de la agenda llena

El concepto de "tiempo libre" ha pasado a ser un lujo o, peor aún, una fuente de ansiedad para los padres. Hemos transformado las tardes en una gincana de idiomas, robótica y deportes, olvidando que el juego libre es el laboratorio natural del cerebro.

Este exceso de actividades extraescolares no solo drena la energía de los más pequeños, llevándolos a niveles de cortisol —la hormona del estrés— propios de un ejecutivo de mediana edad; también asfixia el núcleo familiar. La logística de las tardes se ha convertido en una fuente de fricción constante entre padres e hijos, donde el coche sustituye al salón como espacio de convivencia y el "¡date prisa!" es el mantra que define nuestra relación.

Menos "qué pensar" y más "cómo pensar"

Mientras llenamos sus agendas, estamos dejando vacío su pensamiento crítico. El sistema educativo actual, a menudo encorsetado en el cumplimiento de contenidos burocráticos, descuida la herramienta más vital para el siglo XXI: la capacidad de dudar, de contrastar y de discernir.

En un entorno saturado de fake news y realidades distorsionadas en redes sociales, el pensamiento crítico no es una asignatura pendiente, es una técnica de supervivencia. Si no enseñamos a nuestros jóvenes a cuestionar el porqué de las cosas, estaremos enviando al futuro a excelentes ejecutores de tareas, pero a ciudadanos profundamente vulnerables a la manipulación.

El valor del aburrimiento

Necesitamos recuperar el valor de la pausa. El estrés infantil no se cura con más psicología, sino con menos agenda. Es en el silencio del aburrimiento donde nace la creatividad; es en el tiempo no reglado donde un niño empieza a preguntarse quién es y qué piensa realmente del mundo que le rodea.

Impulsar el pensamiento crítico requiere tiempo. Requiere sentarse a debatir en la cena sin pantallas de por medio. Requiere que, como sociedad, dejemos de medir el éxito de nuestros hijos por la cantidad de diplomas que acumulan a los diez años y empecemos a valorarlos por su curiosidad y su capacidad de empatía.

La educación del futuro no debería ser una carrera de obstáculos, sino una invitación a la reflexión. Si queremos jóvenes libres, primero debemos dejar de criarlos como si fueran piezas de una cadena de montaje que nunca descansa.

Belén Aren

Senior Life Coach, activista social y presidenta de la Asociación Activos y Felices

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