Hoy el calendario dice que es el día del amor, y aunque las luces y los escaparates intentan vendernos una idea de romance perfecta y brillante, yo prefiero quedarme con lo que nosotros tenemos: un amor real, de raíces profundas y manos fuertes.
Te escribo esta carta porque, a veces, el ritmo del día a día nos hace dar por sentado lo más extraordinario. Y lo más extraordinario en mi vida eres tú. No solo por lo que haces, sino por quién eres.
En un mundo donde parece que los valores están en peligro de extinción, tú los llevas como una brújula silenciosa. Tu honestidad, tu respeto y tu integridad no son poses para los demás, son la esencia con la que tratas a nuestra familia cada mañana. Pero, sobre todo, quiero darte las gracias por tu forma de amar cuando la vida se pone difícil.
Es muy fácil estar enamorado cuando el sol brilla y todo sale según lo previsto. Sin embargo, ha sido en mis momentos de duda, en las rachas de cansancio o cuando el mundo pesaba demasiado, donde he visto quién eres de verdad. Gracias por no soltarme la mano cuando el camino se puso cuesta arriba. Gracias por ese amor lleno de valores que no juzga, que no presiona y que sabe esperar a que yo recupere el aliento.
Tener a una buena persona al lado no es "suerte", es la mayor de las bendiciones. Tu bondad no es debilidad, es la fuerza más grande que conozco. Me has enseñado que el amor no es un sentimiento pasajero, sino una decisión que se toma cada día a través de los pequeños gestos: una mirada de comprensión, un abrazo que repara el alma y esa capacidad tuya de recordarme quién soy cuando yo misma lo olvido.
Feliz Día de los Enamorados. Gracias por ser mi refugio, mi mejor amigo y el ejemplo más puro de lo que significa amar con mayúsculas.