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Los mejores y peores discursos de los líderes políticos en el debate de investidura
(Foto: Congreso de los Diputados)

Los mejores y peores discursos de los líderes políticos en el debate de investidura

martes 23 de julio de 2019, 08:05h

Ayer lunes tuvo lugar la primera jornada del debate de investidura de Pedro Sánchez y con él, el primer duelo entre los líderes políticos nacionales desde las elecciones, ya que hasta ahora no se habían tenido que batir en la arena pública.

Sólo pudieron intervenir el propio Sánchez, así como Pablo Casado, Albert Rivera, Pablo Iglesias -y sus socios de coalición- y Santiago Abascal, a falta de que este martes hablen los representantes de los partidos minoritarios (ERC, PNV, JxCat, CC, Compromís, Navarra Suma, PRC...). Éstos son los mejores y peores discursos de la primera jornada, ordenados de peor a mejor:

5.- Albert Rivera

Muy bronco y con un tono casi antipático, el presidente de Ciudadanos quiso agitar el clima del debate de investidura para sacudir sin cuartel a Pedro Sánchez. Al final, le quedó otro de sus discursos e intervenciones efectistas, con poco contenido político, con el único objetivo de atacar la imagen del rival, pero aportando alternativas y mensajes con un trasfondo político. Rivera repitió los mismos argumentos de los últimos meses y hubiera bastado con escuchar de nuevo sus intervenciones en los 2 debates electorales para ahorrarnos su casi hora de show, entre su discurso inicial de media hora y las posteriores réplicas y contrarréplicas entre él y Sánchez.

4.- Santiago Abascal

Su mejor baza fue que jugaba con el punto positivo de que era su debut parlamentario y por tanto cualquier cosa que dijera iba a sonar novedosa. Se le notó algo tenso, teniendo que beber agua hasta unas 6 veces, provocando pausas incómodas en su intervención. Sin embargo, sus argumentos fueron realmente peligrosos, citando episodios de la etapa democrática de comienzos del siglo XX, los asesinatos de Eduardo Dato, José Canalejas o José Calvo Sotelo, con un tono guerracivilista más que alarmante, y culpando de toda responsabilidad al PSOE mientras arremetía contra Pedro Sánchez, sin mencionar que los 2 primeros fueron asesinados por pistoleros anarquistas -enfrentados con los socialistas-. Abascal quiso defender a Vox de la acusaciones de homofobia, xenofobia y machismo, pero dejó más claro si cabe que su partido encaja con esas descripciones.

3.- Pedro Sánchez

El aspirante a la presidencia no estuvo nada fino. Su discurso inicial, de casi 2 horas de duración, sí estuvo correcto en el fondo, pero no en las formas. Sánchez se olvidó absolutamente de sus posibles aliados, de manera intencionada, y también prefirió callar descaradamente sobre Cataluña y otros temas que la próxima legislatura tendrá que afrontar como grandes retos políticos. Esa actitud esquiva no gustó a casi nadie, ni en sus propias filas, donde además estaban más que tensos por el momento en que tuviera que dar la cara frente a Pablo Iglesias y tener que hablar de un pacto que no se ha producido todavía y que parece peligrar. En las réplicas a sus rivales estuvo correcto, salvo con Iglesias, con quien mantuvo una postura demasiado chulesca a falta de argumentos para convencernos que él cree en la idea de un gobierno de coalición que, realmente, aborrece.

2.- Pablo Casado

El líder del PP estuvo especialmente correcto en el tono, aunque tuvo un primer tramo de discurso algo bronco y cayendo, como Rivera, en argumentos más que escuchados en los últimos meses. Sin embargo, mantuvo una actitud más propia de un hombre de Estado, con vocación de gobernar el país algún día, que de un contendiente bronco y efectista, como sí es el líder de Ciudadanos. Casado no tendió la mano al PSOE, ni se acercó, pero encajó más en un perfil más adecuado respecto a lo que necesita nuestra política nacional.

1.- Pablo Iglesias

Sin duda, barrió a todos. Gusten o no sus ideas, sus planteamientos y sus posiciones ideológicas, es el mejor orador y dio sopas con ondas a todos. Si hubiera tenido que hacer oposición en el debate a Rivera, Casado y Abascal, también hubiera sido abrumadora su intervención. A Sánchez le dio varias lecciones políticas e históricas y le dejó sin argumentos para seguir negándose a una coalición en el Gobierno. Su único punto negativo fue buscar la bronca en su primera intervención acusando al PSOE de buscar el apoyo en las derechas en lugar de volcarse en palabras conciliadoras con su partido y socios. Sin embargo, se le vio más sueltos en las réplicas y con un tono más conciliador y constructivo, desarmó uno por uno los argumentos de Sánchez, dejándole en evidencia. Eso sí, lo hizo pagando un alto precio político: ganó pero casi enterrando cualquier posibilidad de un pacto con el PSOE después de atacar tan duramente a los socialistas. También porque reveló finalmente el contenido de las negociaciones con el PSOE, en las que se ha negado a Unidas Podemos cualquier ministerio de peso, incluidos Hacienda, Trabajo, Igualdad o Transición Ecológica.

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