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Progresistas y fachas

Progresistas y fachas

La fuerza de la palabra no tiene oposición posible y quien gana la batalla del lenguaje ha ganado la guerra de las ideas.

Esto lo saben bien los politólogos,  y los que han querido sustituirlos en el arte del análisis de lo que pasa – es decir los expertos en marketing político -  se esmeran en construir ideas fuerza  con la simplicidad de un concepto que resuma toda una ideología.

A día de hoy los partidos que están obligados a explicitar sus propuestas y soluciones, insisten en esa simplificación y quieren que los ciudadanos aceptemos como dogma de fe la autodefinición que se atribuyen sin que nos demuestren que es cierta.

¿Acaso España, la España del 2006 esta dividida entre progresistas y fachas?
Eso es lo que nos quieren hacer creer quienes se autodefinen como progresistas cuando un análisis desapasionado de la realidad no nos lleva a esa conclusión.
Desde Adolfo Suárez a José Luís Rodríguez Zapatero, todos los Presidentes  del gobierno en España  - también José María Aznar, aunque algunos quieran negarlo – han hecho políticas progresistas, porque todos han trabajado por las libertades, por la creación de empleo y por legislar a favor de la sociedad.

Las diferencias programáticas entre la izquierda y la derecha  son claras pero no excluyentes, porque en pleno siglo XXI no hay fuerza política democrática que no trabaje por el bien de los ciudadanos.

España está habitada por gente de derecha y de izquierda, no por fachas y progresistas, porque si mantenemos este discurso nos podemos encontrar con la contradicción de que se llame progresista a un dirigente vasco de izquierda condenado por malos tratos a su mujer, y que se llame facha  a un dirigente de derecha víctima de ETA que ha luchado por su desparición.

El problema no es que este lenguaje confuso y falso lo utilicen los políticos, porque ése es su juego. El problema es que este lenguaje cale en la sociedad, en el lenguaje habitual de los españoles que, si realmente tienen memoria histórica, saben que lo que lamentablemente ocurrió cuando a Zapatero le fusilaron a su abuelo – parece que fue el único – no tiene nada que ver con lo que felizmente ocurre hoy en la España de nuestros días.

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