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fujiperiodismo

fujiperiodismo

martes 21 de abril de 2009, 21:56h

Si no controlamos los medios no controlamos nada”, decía Vladimiro Montesinos a sus interlocutores en uno de los videos que marcaron el principio del fin de la larga dictadura democrática de Alberto Fujimori en Perú.

La frase del poderoso Montesinos resume lo que fue una de las épocas trágicas y heroicas para el periodismo de América Latina. El control a los medios fue una de las obsesiones de quien necesitaba una prensa dócil para su proyecto de gobernar 20 años y convertirse en una suerte de emperador de su país.

Fujimori impuso la agenda social manipulando la opinión pública. No tuvo políticas institucionales para comunicarse con la prensa, sino que diseñó una estructura de ‘redes populares’ del Gobierno para silenciar progresivamente al periodismo crítico.

Nunca hizo rendición de cuentas frente a una audiencia deliberante: presentaba informes de gestión en cadenas de televisión donde aparecía solo y arrogante, sin periodistas que se atrevieran a cuestionarlo.

Llegó a controlar centenares de periódicos, radios y canales de televisión mediante la intimidación tributaria, pactó con empresarios de la comunicación a cambio de millonarias sumas de dinero y apoyó financieramente el aparecimiento de tabloides sensacionalistas como El Bocón y El Chino a cambio de un periodismo cómplice.

Con todo el poder en sus manos, calló a sus detractores, confiscó canales de televisión, debilitó la opinión pública, desprestigió a la oposición, dio golpes mediáticos al terrorismo y ejerció un gobierno prepotente y abusivo.

En un entorno de impunidad y derroche, el fujiperiodismo vivió años de esplendor. El dictador demócrata viajaba por el mundo acompañado de un grupo de reporteras conocidas como ‘las geishas’ por su fanatismo, encantamiento y sumisión.

Tras una década en el poder, Fujimori parecía invencible. Las políticas antipobreza y el conflicto con Ecuador lo mantenían con un voto duro de 50% en los sectores más pobres. Para el año 2000, mientras el periódico El Chato titulaba “Fujimori a la reelección para que Perú no vuelva al pasado”, poquísimos periodistas se jugaban la vida con sus investigaciones.

Pero el tesón pudo más. La resistencia de una prensa honesta y valiente, en especial del diario La República, logró revelar graves hechos de corrupción y violaciones a los derechos humanos. La sociedad volvió a creer en el buen periodismo, rechazó a los medios gobiernistas, se lanzó a las calles y derrumbó el proyecto imperial.

La sentencia de 25 años de prisión contra Fujimori también es una condena moral a la prensa fanatizada, reverencial y complaciente con el gobierno de turno.

El ejemplo de Perú es esperanzador para América Latina.

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