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Medias verdades

Entre el 18 y el 29 de mayo se ha realizado el programa municipal 'Barajas Participa', con el que se pretende implicar a la ciudadanía en la toma de decisiones sobre asuntos públicos de interés general. Este servicio, que se realiza de forma periódica por toda la capital distrito a distrito, está organizado por el Área de Economía y Participación Ciudadana del Ayuntamiento de Madrid. La verdad es que funciona bien, al menos en este distrito, porque han llegado cartas con información a todas las casas a través del correo ordinario. Lo único que hay que hacer es rellenar la encuesta de participación que adjunta y entregarlo en centros culturales, polideportivos o juntas municipales. Es decir, que el que no participa es porque no le da la gana.

En el papel se pide una valoración tipo test de la calidad de vida del distrito, el funcionamiento de los servicios y las infraestructuras municipales, los equipamientos que se echan en falta, el resto de canales de participación ciudadana, y el estado de los centros escolares, los parques, la seguridad, la movilidad, el transporte público y el comercio. Hay que reconocer el mérito de la propuesta. Sobre todo, porque se trata de la única administración que da la posibilidad, aunque sea de forma general, de opinar de manera activa y sin burocracias al menos una vez cada cierto tiempo. Ni la Comunidad de Madrid ni el Gobierno central se preocupan por los vecinos desde esta perspectiva.

Sin embargo, al ver la carta me surge una crítica constructiva y una pregunta. En cuanto a lo primero, el documento sólo permite respuestas cerradas. Estadísticas cuantificables por un ordenador, supongo que para ahorrar tiempo y dinero a la hora de sacar conclusiones. No se da ninguna opción a participar de manera abierta pudiendo escribir los motivos que justifican las respuestas o dando espacios para hacer hincapié en otros problemas del barrio o en elementos positivos que se pueden fomentar en otras zonas de la ciudad. Es decir, a aportar los elementos intangibles a los que la administración no llega. De esta manera, se pierde el valor cualitativo de la opinión del vecino (que es el que mejor sabe cómo está su barrio) y se simplifica su voluntad participativa en respuestas matemáticas.

Eso genera medias verdades. Estadísticas que no son falsas pero que no reflejan totalmente la realidad, con el consiguiente riesgo de generar errores de percepción, y de proponer un sistema que, por pragmático, puede derivar peligrosamente en una participación controlada o teledirigida de los ciudadanos. Decía Antonio Machado: '¿Dijiste media verdad? Dirán que mientes dos veces si dices la otra mitad'. Como supongo que ni el Ayuntamiento ni el ciudadano participante quieren 'mentir' dos veces a la hora de presentar los resultados ni a la hora de tomar decisiones, creo que sería importante incluir estas respuestas abiertas en el documento que llega a los vecinos.

La pregunta que me surge se centra en la cuestión del conocimiento de la ciudadanía y la utilidad en cuanto a la participación de los Plenos del Ayuntamiento, los consejos territoriales, los consejos locales de infancia y adolescencia, las mesas de diálogo y convivencia, las juntas locales de seguridad y las consultas ciudadanas. Estimado lector, ya somos dos que no sabíamos que se puede participar en tantas cosas. Y es que son elementos de administración cuya actividad, aún siendo herramientas al servicio de los ciudadanos, no se conoce o se conoce de forma muy confusa.

El resultado es que los que participan (partidos políticos, que nos representan en general pero no necesariamente en todas las opiniones y acciones particulares de nuestra vida diaria; y asociaciones de vecinos, que representan los intereses de un porcentaje pequeño de población) cobren un poder enorme en los canales de participación ciudadana. Y se traduce en que a la hora de decir lo que quieren o no quieren los ciudadanos, que en la mayor parte de los casos piensan que participar en su comunidad significa votar una vez cada cuatro años, exista la posibilidad real de que se les manipule, se les obvie o, directamente, no se cuente con ellos. Eso sí, siempre "en defensa de sus intereses".

La solución sería, quizás, que tanto el individuo como la administración desarrollen cauces para que cada vecino conozca en profundidad los organismos que le gobiernan, sus mecanismos y los derechos y deberes que le conceden. De esta manera, cada persona podría adquirir una 'mayoría de edad ciudadana' sin delegar en que 'papá Estado' le resuelva todos los problemas. También provocaría que se optimizase el sistema democrático y la responsabilidad comunitaria. Es decir, todos somos parte de los problemas y de las soluciones. La duda está en saber si gran parte de las personas que conforman esa masa ciudadana quiere 'hacerse mayor' en ese sentido. Entonces, a lo peor, nos damos cuenta que muchos no quieren saber que, al votar únicamente una vez cada cuatro años, delegar y no participar para poner de manifiesto sus opiniones de manera más pormenorizada; adquieren parte de la responsabilidad de las cosas que se hacen mal en las administraciones. Así pueden seguir quejándose y echando gratis la culpa al otro. En este caso, al que manda. En eso España siempre ha sido potencia mundial.

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