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El efecto Patxi

El efecto Patxi

lunes 29 de junio de 2009, 18:20h
El pacto del Partido Socialista y el Partido Popular en el País Vasco que personalizan Patxi López y Antonio Basagoiti, sin pronosticar sobre su futuro, resulta,  hoy, admirable. Ello hace que nos preguntemos por qué no es posible a nivel nacional lo que las circunstancias hicieron aconsejable en un territorio determinado.

Lo más simple es atribuir este entendimiento a la existencia de un problema común cruel: el terrorismo. Pero frente a este enemigo, también, pasados los días de la claudicación y el diálogo-trampa, podemos considerar que existe un acuerdo. El terrorismo extiende sus tentáculos cuando puede y con sus atentados más sanguinarios por el territorio nacional. El pacto del País Vasco pretende ir más allá que como arma frente al terrorismo. Es una voluntad política de defensa de las libertades que debe proyectarse hasta dimensiones sociales e históricas sometidas a coacción y manipulación por los nacionalismos. Llega hasta el detalle de la apertura informativa en la televisión vasca, la política educativa o la integración de la oficina vasca en Madrid a la presidencia de la autonomía en vez de a la falacia de una acción exterior.

En el plano nacional existe, además de estas circunstancias, el drama de una crisis que avanza hacia el paro del veinte por cien de la población activa y una economía que está agotando su margen de endeudamiento. Esta situación dramática justificaría un pacto de Estado para coordinar todas las energías nacionales. ¿Por qué no es posible? Evidentemente porque las actuales personalizaciones de poder y oposición no son las apropiadas.

El presidente Zapatero, con cinco años acumulados de engaños y esquizofrenia económica no suscita la confianza suficiente para demandar colaboración con sus improvisaciones salvo a una oposición suicida. El líder de la oposición, tras fracasar en dos envites para desplazar a Zapatero parece más preocupado por llegar a toda costa a un tercer encuentro que en sacar las castañas del fuego a su rival decadente. Los liderazgos de Patxi López y de Antonio Basagoiti sobre sus seguidores en el país Vasco, son de una naturaleza más saludable que el de Zapatero y Rajoy sobre sus partidos nacionales. Por ello, el efecto Patxi, que se manifestó tan claro tras el último asesinato de Eta, no tiene otra versión nacional que la de dos viajeros en el mismo avión Falcon que navegan con dos obsesiones imposibles de conciliar: mantenerse cada uno a la cabeza de su casa, contra viento y marea, disimulando con discursos imprecisos los malos olores de algunas de sus habitaciones.
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