Que el presidente valenciano
Camps no va a ir a la cárcel es algo evidente, aunque pase por el banquillo, cuestión no desdeñable. Que debe de estar pasando los peores días de su vida, también. Que se habrá repetido un millón de veces aquello de
“qué tonto he sido”, sin duda. Que
Mariano Rajoy tampoco debe de estar pasando una buena racha con el ‘caso Gürtel’, obvio: ahí sigue el tesorero del PP, que se amarró al palo mayor resistiéndose a dimitir como si defendiese Numancia.
Que en Moncloa y en Ferraz, para no citar los Ministerios de Defensa e Interior, se ha escuchado un suspiro de alivio al ver resuelto el ‘affaire’ en el que estaba involucrado el director del Centro Nacional de Inteligencia,
Alberto Saiz, es algo también patente. Son tres casos, los derivados del
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Gürtel y el del CNI, que han despertado la sed justiciera de sangre en la opinión pública.
En el último caso, el del ex director de los servicios secretos españoles, la cosa no ha terminado todavía, puesto que el PP reclama que se abra un proceso judicial contra Saiz por presunta malversación, entre otras cosas; que lo echen a los leones, reclama el respetable. En los dos primeros casos citados, el de Camps y
Bárcenas, el baile no ha hecho casi más que empezar, y conste que no equiparamos al presidente de la Generalitat, cuyo delito más importante, mucho más que el haber aceptado presuntamente unos trajes, es el de haber sido un pardillo, con el de Bárcenas, cuyo delito más destacado, más allá de las cuestiones fiscales, es el de haberse pasado de listo.
Con estos tres casos concluye un curso político que va a dar paso a otro en el que se van a discutir cuestiones mucho más de fondo, aunque menos apasionantes para los espectadores que piden pan y circo. Lo primero, así, será -debería ser- restablecer cuanto antes el orden y que cada cual pague lo que debe. Ni más, ni menos. Camps tendrá que afrontar lo suyo, y Bárcenas, más aún. Puede que Saiz aún tenga culpas que pagar. Pero luego vendrán, ay, cuestiones poco circenses: la financiación autonómica, que es la madre de todos los
sudokus, la sentencia del
Estatut catalán, los pactos para poder hacer unos Presupuestos realistas para el año que viene... Que Dios nos pille confesados, porque lo de este mes de julio, con todas sus tensiones, habrá sido un juego de niños.