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¿De verdad creen que somos gilipollas?

viernes 10 de julio de 2009, 14:43h
A veces, uno se acostumbra tanto a la realidad de la corrupción que cree que es normal todo lo que pasa. Sucede con demasiada habitualidad que los amantes del bipartidismo no hacen ascos a los marrones que se denuncian de los suyos y echan pestes de las cosas guarripés a las que se acusa a los contrarios. Socialistas y populares reaccionan de manera muy distinta ante las denuncias de supuestas irregularidades, ya que consideran que la corrupción es cosa de los otros y que se les culpa sólo para verter basura injustificada en los contrarios.

Eso también es verdad, porque  tanto unos como otros se enganchan a los casos ajenos y no sueltan prenda hasta que otra anormalidad sustituye a la anterior. Son como perros de presa. Pero la situación del presidente de la Generalitat valenciana, Francisco Camps, ya no da para más y los amigos del mandatario de la tierra de la paella, y también los enemigos, están a punto de soltar el pantalón del traje regalado por un personaje nada común, amigo de los jefes de la trama Gürtel y presuntamente un golfo de los de siempre, de los que se aprovechan de sus buenos contactos con los que mandan en las distintas administraciones para sacar tajada y comérsela a escondidas.

La verdad - tan poco al uso entre la clase política porque cada uno tiene la suya propia y considera que siempre hay dos versiones ante una misma realidad- sobre este asunto quizá nunca se sepa. Cada uno tiene su verdad. Da la sensación que las dos patas del bipartidismo consideran que los   casos de corrupción que saltan a la palestra informativa no son más que excusas excelentes para dar caña al mono de la otra jaula distinta a la suya, y no una oportunidad para limpiar el escenario político de acciones indeseables, sea quien sea el que recurra a estos métodos de otra época como engatusar  al que tiene mando en plaza para sacar beneficio propio. Por si acaso hay dudas de que los suyos defienden a Camps, quien además de mentir sobre el pago de los trajes encargados por supuestos golfos  también se ha vestido con las ropas de la vergüenza, nadie pide su cabeza ni responsabilidades y lo que es más sangrante: ponen ejemplos poco instructivos para defender al trajeado presidente popular de Valencia, cuya alcaldesa, Rita Barberá, ha comparado los trajes regalados con las anchoas que ofrece el presidente de Cantabria, Miguel Angel Revilla, al mandatario español, José Luis Rodríguez Zapatero, quien, a juicio de estos malévolos del PP, debería de ser juzgado por meterse entre pecho y espalda estos exquisitos productos de Santoña.

Cómo va a ser igual el regalo de un simpático y parlanchín cántabro que el de unos señores ligados a señores que están siendo investigados por delitos penales. Está bien que cada bando apoye a los de su banda, pero no deja en buen lugar a los que hablan para los demás considerando que la gran mayoría somos gilipollas, porque nos tragamos sus gilipolleces como si fuesen ricas anchoas de Revilla y no nos parece mal que los trajes de Camps y otros sean pagados por otros que no son los que se visten por la cara. Prudentes y serenos sí son los ciudadanos que ellos consideran gilipollas.
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