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A contracorriente. Del Athletic de Bilbao a la “kale borroka”

A contracorriente. Del Athletic de Bilbao a la “kale borroka”

Desde que tengo uso razón soy hincha del Athletic de Bilbao. Qué le voy a hacer. Llegué a ver actuar, aunque nunca juntos, a Iriondo, Venancio, Zarra, Panizo y Gainza. Un respeto, oigan. En aquellos años y en épocas posteriores, todos los chicos de varias generaciones aspirábamos jugar en el Athletic. Sólo quienes no valíamos para ello nos hicimos ingenieros, economistas o abogados.

Ahora, ya ven los disgustos que nos dan tanto el Athletic como la Real, ambos en el fondo de la clasificación. Y es que los jóvenes vascos han pasado de jugar en las playas de La Concha y Ereaga a gastar su tiempo en las herriko tabernas y foguearse en la kale borroka. Así no hay manera.

En la selección española llegaron a participar hasta seis jugadores del Athletic en un solo partido, como en aquella victoria por 3-0 sobre Suiza en 1955, en que se alinearon Carmelo, Garay, Mauri, Maguregui, Arteche y Arieta I. Aquellos eran años en los que se decía que la final de Copa la disputaban siempre “el Athletic y otro más”. Y de hecho era así.

También la Real, casi tres décadas después, consiguió dos campeonatos de Liga consecutivos con Arconada, Zamora, Satrústegui, López Ufarte,… Había tantos y tan buenos jugadores vascos durante aquellos años que los demás equipos se nutrían de ellos. En el Barça de la temporada 90-91, primera de las cuatro Ligas consecutivas ganadas con Johann Cruyff, jugaban siete oriundos de Euskadi: Zubizarreta, López Rekarte, Alexanco, Bakero, Goicoechea, Julio Salinas y Beguiristain.

No quiero agobiar con recuerdos de un pasado esplendor futbolístico a una generación que los ignora. Los mohínos socios del Athletic especulan con el agotamiento de la cantera futbolística, como si se tratara de una mina con sus filones agotados. Probablemente, muchos no se den cuenta que la postración moral producida por ETA también ha tenido su repercusión en el deporte: ¿dónde están los saltadores vascos de antaño?, ¿y sus baloncestistas?, ¿y hasta sus ciclistas, si me apuran?

El terrorismo ha agostado una sociedad otrora pujante. ETA ha mangoneado tanto y durante tanto tiempo, que impunemente ha entrado y salido a su antojo de las instituciones. No me refiero sólo a Otegi y su creciente impunidad judicial. Josu Ternera y Jon Salaberria han realizado patéticos viajes de ida y vuelta de ETA al parlamento vasco sin traba alguna. Por su parte, la kale borroka ha ocultado bajo la forma de gamberrada urbana, unos cursos acelerados de terrorismo a coste cero y sin apenas riesgo. La prueba es que los últimos etarras detenidos se formaron en su día en la violencia callejera antes de llegar al master del asesinato.

De haber estado peloteando en las instalaciones de Lezama o de Zubieta, seguro que nada de esto habría pasado.
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