Se le veía venir. Este hombre no puede dejar pasar muchos días sin clavar su puntada para la historia. El ex presidente, durante más de 20 años, de la Junta de Extremadura,
Juan Carlos Rodríguez Ibarra, no se calla ni a tiros. Este prohombre del PSOE –les encanta que les llamen
“barones”, con B alta- aseguró el lunes que «comienza a haber un turismo sanitario de extranjeros que vienen a España con un billete de avión de 300 euros y se operan de la cadera, que cuesta un poquito más» y mostró, tan pancho, su solidario deseo de que la sanidad pública sea "sólo para españoles".
Este y otros muchos de sus agudos pensamientos a veces hacen dudar al ciudadano de si los que creíamos probos socialistas “
de toda la vida” lo son de verdad. El ex diputado y primer presidente de la Comunidad de Madrid,
Joaquín Leguina, afirmó hace pocos días que
José Luis Rodríguez Zapatero ha adoptado "abundantes decisiones estratégicas erróneas y peligrosas". Cuando uno lee esos peligros se topa con que se refiere a “abrir el melón territorial” u “
ocurrencias carísimas como el cheque-bebé”. Leguina, otro barón socialista de pro, le reprocha a Zapatero que haya marginado a "
toda una generación de socialistas", se supone que a él mismo incluído. Lo dice en su propio blog de internet, en el que se despacha a gusto contra el líder de sus correligionarios o contra "
el nuevo PSOE que dirige Rodríguez Zapatero".
El predecesor de
Gallardón (que le condecoró con medalla de oro incluida, y con la ausencia de
Aznar) y
Esperanza Aguirre en el Gobierno de la Comunidad de Madrid, y al que hay quien califica de apologeta, afirma que "
Rodríguez Zapatero ha sacado del baile interno a toda una generación de socialistas a la que pertenezco y no estoy dispuesto a aplaudir la jugada". Para acabar sentenciando: “
Creo -como muchos compañeros del PSOE- que durante la primera legislatura de Zapatero hubo abundantes decisiones estratégicas erróneas y peligrosas, como fue abrir el melón territorial, que no se sabe a dónde nos puede llevar, y no pocas ocurrencias, algunas carísimas", como la de "
los 2.500 euros por cada niño nacido" o
"las opas fallidas impulsadas desde el Gabinete Económico de la Presidencia". El inefable ex vicepresidente del primer gobierno socialista,
Alfonso Guerra, describía a Leguina como un hombre “
culto e inteligente, pero le pierde su gusto por las frases". Si Alfonso Guerra lo dice…
Guerra ha sido, precisamente, un acuchillador inmisericorde de sus correligionarios, especialmente de aquellos que hoy no acaban de situar muchos en la órbita del socialismo gobernante. Sobre el actual Comisario de Economía de la Unión Europea, y ex ministro de Trabajo y Administraciones Públicas bajo el Gobierno de
Felipe González, Joaquín Almunia, dejó caer este comentario: "
A ver si trabaja más de un cuarto de hora seguido..." Alfonso Guerra se quedó solo en aquel 28 Congreso Federal del PSOE de finales de los 70, cuando levantó el puño al lado de un Felipe que se lo metió en los bolsillos mientras cantaban “La Internacional”. Ahora la que saca el puño y canta “
La Internacional” es Leire Pajín, Secretaria de Organización del Partido Socialista Obrero Español, mientras su señora madre estira el brazo
“cara al sol” de Benidorm. Sólo un pequeño grupo de fieles estaba dispuesto a luchar al lado de Guerra para impedir que el PSOE cambiara de nombre, de logotipo, de estructura organizativa y, sobre todo, de ideas. Felipe juró y perjuró que si echaban a Guerra –por lo de su hermano-no se iría solo: se irían “
dos por uno”, como en Carrefour… ¡A la hora de la verdad sólo se fue Guerra! Alfonso Guerra ha sido uno de los pocos socialistas que han acertado casi siempre en sus disparos, fueran a la Oposición, la Iglesia, la Banca, los Militares o su propio Partido. Una vez dijo, allá cuando gobernaba la UCD (en 1979), que
Suárez regentaba la Moncloa “como una güisquería”…sin adivinar –no era la vidente de El Escorial- que tres años más tarde, la güisquería de la Moncloa devino en Bodeguilla. Coll, Umbral y otros santones del primer gobierno socialista pimplaron allí más güisquis que
Steve Wonder antes de hacer el anuncio “
Si conduces no bebas”.
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Cuando era Ministro de Economía del gobierno de Felipe González,
Carlos Solchaga dijo que en este país, que calificaba de capitalista, “
sólo los tontos no se hacen ricos”. Una de las frases que más daño ha hecho al ciudadano español, que debió pensar que si un socialista decía eso, ¡había que ir a por todas! Primero fue la espantá de
Miguel Boyer y luego fueron llegando las demás. No en vano diría de él su compañero de partido, Guerra: “
Solchaga está engordándose la nómina para cuando regrese al BBV” o “
Parece que hace lo posible para preparase su vuelta al BBV”, según diversas fuentes, porque lo dijo en una fiesta.
De modo que cuando uno oye, escucha, lee o recuerda tales dogmas de los viejos socialistas, lo único que le viene a la mente es que abandonen el barco, el barco de la solidaridad, la igualdad, la justicia, la utopía y los sueños que muchos han esperado y siguen esperando de aquellos a quienes las urnas confiaron la difícil, la dura, la hermosa tarea del cambio. Un cambio que Zapatero intenta contra viento y marea. Y contra sus propios barones. Esos que tienen la desvergüenza de decir sin el más mínimo pudor que los inmigrantes vienen por 300 euros a curarse la cadera y que la sanidad es sólo para los que han nacido en Vitigudino. ¡Mentecatos! (Mente cata). Y hay que incluir aquí a los que piensan que a algunos columnistas de este diario les paga Ferraz o el PSOE. ¡Necios!” (=ne scire: no saber, ignorantes).