El espectáculo valenciano
viernes 25 de septiembre de 2009, 16:54h
Después de leer innumerables páginas en las que se narran las “apasionadas” relaciones entre los componentes de la trama Gurtel, (sector levantino), no cabe duda: o aquí hay algo de verosimilitud o la policía cuenta con un escritor de la talla del difunto sueco Larsson. Tantos detalles, tan complejos, esas charletas de barra de bar mantenidas con teléfono de alto cargo valenciano son demasiado evidentes como para que Costa, (el hombre que susurraba a los Lacoste), diga que es un montaje.
Rajoy mientras tanto no exuda, ni tiene nada que decir porque ya en su día actualizó el juramento de Santa Gadea cuando dijo “estamos contigo, Paco”. Quizá le tuvo que hacer caso a las personas que en su partido le pedían que pusiera cierta distancia entre Valencia y Madrid, pero Rajoy no quiso buscar un cortafuegos y el incendio le llega a la moqueta del despacho, pero él que es un tipo tranquilo espera a que las lluvias de otoño apaguen las llamas. La indignación crece entre los cargos del Partido Popular que trabajan en otras regiones pero que tienen que responder por las cuitas de sus colegas valencianos. La distancia que hay, de gestión y de puesta en escena, de Feijó a Camps es sideral.
Será el juez el que tenga que dar categoría de prueba a esas conversaciones, o quién las archive. No se trata de adelantar veredictos en personas que son inocentes hasta que Su Señoría diga lo contrario, pero el espectáculo valenciano es detestable. La manera en la que se comunican unos con otros es de comedieta de aquello que se llamó “las alegres chicas de Colsada”: con vedettes, conseguidotes, trincones y amiguitos del alma.
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