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Ah, pero ¿se reconciliaron Del Olmo y Federico?

Ah, pero ¿se reconciliaron Del Olmo y Federico?

· La fiesta de la radio reunió, un rato, a los dos grandes rivales de las ondas

La gran fiesta de la radio ocurre en Ponferrada, con motivo de la entrega (ya va por la quinta edición) de los micrófonos de oro a periodistas radiofónicos, televisivos y a algún/a contante y hasta actor-actriz, si se tercia. Es una fiesta divertida, animada, claro está, por Luis del Olmo, que es a Ponferrada lo que Emilio Romero fue a Arévalo, salvadas sean las distancias a favor de Del Olmo. Y así transcurrieron las cosas, como siempre: con la vieja parafernalia inspirada por este ponferradino de pro, su museo de la radio, sus tertulias ‘in situ’, el rally de coches antiguos… Incluso, fuera de programa, por unanimidad, este año le dieron uno de los micrófonos al principal organizador del evento, al alma de tantas jornadas de radio: es decir, a Luis del Olmo. Lo ovacionamos todos,en pie, largamente, mientras en su rostro de duro de película se adivinaba una lágrima. Se merecía el homenaje, profeta en su tierra, este hombre que lleva más de medio siglo de radio, diez mil ‘Protagonistas’ a sus espaldas. Todo iba bien, pues, hasta que decidieron premiar a Federico Jiménez Losantos con uno de esos micrófonos de oro.
Perdón por la autocita, pero personalmente me siento enfermo cada vez que escucho el programa de FJL en la cadena de ondas eclesiásticas. Su mensaje de revanchismo, de matonismo, insultón y vociferante, de sal gorda y olvidos de una parte de la verdad, me parece contraproducente para el mensaje de moderación que debe dar el partido al que FJL dice apoyar, contradictorio con la doctrina que predica el propietario del medio en el que este señor detenta el micrófono y desde luego, aberrante como ejercicio del periodismo. Tiene sus adeptos, claro está, y alumnos le ovacionaron mientras recibía en la noche del sábado su galardón, pero tiene quienes rechazan vivamente ese mensaje de ‘todo va mal’ en este país, que, una vez más, repitió en la gala ponferradina de este fin de semana. Divide a la sociedad y él disfruta en su papel demoníaco.

Pues eso: ya se habían entregado los premios -merecidos- a Fernando Onega (el micro se lo entregaron sus hijas, que van camino del estrellato), Ramón García, Olga Viza, Lorenzo Milá, Andreu Buenafuente –que no asistió precisamente porque al tiempo premiaban al demoníaco--, ‘Flo’ Fernández, Estrella Morente, y habían sido entregados otros premios no tan merecidos -qué necesidad habrá de poner una folclórica en toda gala de este tipo?- cuando llegó Federico. Ya se sabe que entre Del Olmo y él ha habido palabras muy gruesas a través de las ondas. A Del Olmo le ha sentado particularmente mal que se premie al demoníaco precisamente en esta tierra berciana, de gentes nobles, de pocas palabras, acogedoras. A mí, particularmente, también. Perdonen la parcialidad, pero entre Del Olmo y Losantos entiendo que no hay comparación. Ni profesional, ni moral, ni humana, ni ética, ni estética. Luis es un caballero de las ondas, un trabajador de la información, y el otro es un demagogo ultra que no respeta nada.

Así que FJL legó y aprovechó para dar su mítin, envelto en algunas alusiones elogiosas a Del Olmo, que permanecía impasible, algo enfurruñado, en el estrado. Ni aplaudió el parlamento demagógico de FJL ni falta que hacía; yo tampoco le aplaudí, ni muchos que allí estaban. Uno hasta le gritó “esto es un premio, no un mítin”. Bastantes ponferradinos sí le vitorearon, sin duda concordantes con la doctrina losantiana. Al final, le dieron el micro -creo que se lo entregó Reyes Monforte- y se dieron la mano el gigante y el otro, Luis algo reticente. Cuídate, Luis, porque el aguijón no descansa: ayer estuvo en manso, tendiendo la mano con cierta coña de fondo. Mañana te volverá a claver el puñal por la espalda, tras haber ozado de tu hospitalidad. Es como el demonio, ya sabes.
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