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Y ¿qué nos cuenta Conthe?

De entre las muchas propuestas informativas que nos llegan en la semana que comienza, yo seleccionaría la presencia de Manuel Conthe, aún presidente de la Comisión Nacional del Mercado de Valores, en el Parlamento. Comparecerá como él quería, como un requisito necesario para poner fin a su mandato, incómodo para todos, en la institución encargada de velar por la pureza de ese mercado al que tantas patadas se ha propinado a cuenta de las opas sobre Endesa, una sucesion de escándalos a la que algunos, piadosamente, prefieren llamar simplemente “culebrón”. Esta debe ser, pues, la semana de la dimisión de Conthe tras decir lo que tenga que decir ante la comisión de Economía del Congreso, donde los socialistas, otra torpeza, intentaron por todos los medios evitar que compareciese.

¿Qué dirá Conthe?

Probablemente, tratará de no involucrar ‘demasiado’ al Gobierno, el Gobierno que lo nombró, en la sucesión de irregularidades, sustos y tropelías que han provocado tanto escándalo en el mundillo económico español y más de una regañina procedente de los ámbitos europeos. Se ceñirá, dicen sus próximos, a cuestiones técnicas, mostrando que la penúltima deriva, la opa de Enel y Acciona, con compromiso de reparto de bienes de Endesa a E.on, no debería haber ocurrido. Probablemente, en el fondo dimitió a bombo y platillo por el favor oficial a esta última oferta de compra, tras haber decaído la de Gas Natural y la del gigante eléctrico alemán.

Soy de los que creen que Conthe decidió dar el portazo básicamente por vergüenza torera. El espectáculo no podía continuar, y la guerra subterránea entre las dos españas económicas, tampoco. Lo que pasa es que hizo las cosas mal, con exhibición de ese carácter endemoniado que le ha hecho enfrentarse sucesivamente al Banco Mundial, al País, a la Ser, al resto de los medios, a los grandes empresarios –con su ‘código Conthe de conducta’--, al vicepresidente de la propia CNMV, Arenillas (casado con una ministra del Gobierno Zapatero) y, por fin, con el vicepresidente económico de este Gobierno, Pedro Solbes, que fue quien lo colocó en el cargo, precisamente por su fama de persona incorruptible, aunque algo difícil. Conthe no podía exigir comparecer ante el Parlamento, porque es el Parlamento quien debe llamarle. Pero lo lógico era que lo llamasen, y la lógica se ha impuesto contra los deseos del grupo socialista y por imposición de todos los demás grupos, coincidentes al menos en este punto.

Tengo para mí que la sesión va a tener menos dramatismo y mucho menos morbo de lo que ahora se piensa. Pero puede ser clarificadora. Y terrible para alguien como Solbes, que hasta el momento ha conseguido colocarse de perfil ante todo lo que iba ocurriendo. Solbes es uno de los grandes activos del Gobierno, pero le va llegando la hora de la retirada. De hecho, sus fieles ya van proclamando por ahí que se marchará cuando concluya la Legislatura. Y esta vez sí lo hará, no como cuando prometía que él no formaría parte de un Gobierno Zapatero en el caso de que el PSOE ganase las elecciones generales: las ganó y él, Solbes, tras la negativa de Miguel Sebastián a entrar en el Ejecutivo como responsable económico, acabó cediendo.

El paso dado por Conthe señala muchos otros itinerarios. El de Solbes, que no ha sabido oponerse a ciertos desmanes, como el intento de hacerse, por la puerta de atrás, con el BBVA, o los amagos de desmontar a ciertos presidentes de grandes empresas privatizadas que fueron nombrados por el equipo de Aznar-Rato. O, claro, un Solbes que no ha podido, o querido, elevar su voz para protestar contra este lío de las opas, que tan poco ha gustado en la Unión Europea.

La dimisión del presidente de la CNMV debería quizá alumbrar también el camino hacia la puerta de otras personas al frente de organismos de control, como la Comisión Nacional de la Energía, cuya presidenta, Maite Costa, afecta a aquel desastre de ministro de Industria llamado José Montilla (¿recuerdan?), se ha convertido en pieza clave para que, al final, prospere o no esta última oferta, la de Enel y Acciona. Pero no, no esperen que el gesto torero de Conthe sea imitado por otros/as, aunque s´es posible que la CNE, al final, se fracture de forma irreversible. Tiempo al tiempo, que este tiovivo endemoniado no ha dado aún su última vuelta.
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