El mes de mayo que según el refranero ha de ser florido y hermoso (“marzo lluvioso y abril ventoso hacen a mayo…”) va a ser este año lo que quiera que sea, pero sobre todo escenario de una nueva batalla electoral, con una campaña especialmente dura en Andalucía donde hay importantes ciudades cuyo futuro gobierno no aparece claro para casi nadie.
Y ahí está el ejemplo de una Marbella apetecida por todos por mucho que sus rectores y no rectores de los últimos años hayan arrastrado su imagen por el fango a base de corrupción municipal y delincuencia económica para grandes fortunas blanqueadas de forma descarada sin mirar para nada su procedencia. Una corrupción y podredumbre de la que según algunas autoridades andaluces no podemos sentirnos inocentes casi nadie, y menos los periodistas, pero por lo visto tampoco ellos por lo que ha dicho ya la candidata del PP (partido que por cierto, al menos hasta ahora, nunca ha aparecido implicado), según la cual “lo de Marbella no habría sido posible sin la connivencia de la Junta”.
Ha resonado como cualquiera de los cohetes que surcaron la medianoche pasada el cielo sevillano para anunciar que se había terminado la feria y llegaba la cita con las urnas, una cita para la que los andalucistas se preparan ansiosos de ver que se confirma que van a volver a ser, otra vez, los que tengan la llave del gobierno municipal hispalense, porque las encuestas dan un empate técnico entre populares y socialistas (con ligera ventaja al parecer de los primeros), por lo que ninguno de ellos va a poder gobernar sin el apoyo de un segundo partido… que parece han de ser ellos por su ventaja sobre el cuarto en litigio, Izquierda Unida, al que parece no ha hecho ningún favor sus cuatro años de gobierno con el actual alcalde, el socialista Sánchez Monteseirín.
Y mira que éste se ha empeñado, según su propio slogan, en hacer de la ciudad de Sevilla “la construcción de un sueño” (un famoso columnista europeo dijo que más bien la ha convertido en pesadilla) y aprovecha cualquier oportunidad para hablar de sus muchos logros y seguir “asistiendo” que “no inaugurando” muchas cosas para que los sevillanos no terminen de olvidarlo en ese camino hacia las urnas en las que aspira una reelección que las encuestas se empeñan en alejar cada vez más.
Andalucía, que ésta vez no ha de vivir renovación en su Gobierno autónomo, va a volver a ser campo de batalla municipal en el que los populares saben que tienen sus máximas posibilidades de hacerse con las Alcaldías de capitales (Almería, Cádiz, Granada, Huelva, Jaén y Málaga parece que vuelven a estar a su alcance, mientras Córdoba aparece entre tinieblas electorales y Sevilla podría volver a ser suya). Unas posibilidades que quieren aumentar también con el control de algunas Diputaciones para una mayor esperanza en la llegada de unas autonómicas en las que, cita tras cita, se ven inalcanzablemente superador por sus adversarios socialistas.