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Viernes Santo

Viernes Santo

   Seguramente es verdad que la increencia, la secularización, el pasotismo están tomado cuerpo en la sociedad española y la Semana Santa es cada vez más turismo, incluso procesional, que sentimiento religioso profundo, vivo, encarnado en la conciencia de los hombres y mujeres de hoy. Es una verdad a medias, porque hay millones de españoles que siguen manteniendo vivos su fe, su esperanza y su testimonio, especialmente en momentos como la Semana Santa, la Semana Grande de los Cristianos, el momento en el que se fundamenta la fe que profesamos libremente: la muerte es derrotada por la resurrección que da esperanza a todos. La propia Iglesia debería repensar qué está pasando, por qué se está perdiendo el sentido trascendente de la vida y qué hacer para recuperarlo, para cimentarlo nuevamente. La propia Iglesia, pero no sólo la jerarquía, todos, deberíamos pensar cómo actuar para que esa esencia no se pierda y para que las expresiones religiosas seguidas por millones de españoles estos días afiancen el fervor, el testimonio de vida, de una forma de ser y no de estar.


   Porque lo que los cristianos celebramos estos días es la entrega plena del Dios del Amor y del Perdón, el Dios generoso hecho hombre y resucitado, el Dios de las víctimas, que, todo un contrasentido, es la gran víctima. Viernes Santo, preludio del Domingo de Resurrección. Tiempo de Cristo y de María, la Virgen Dolorosa pero firme, protagonistas ambos de casi todas las imágenes que procesionan. Capaces como nadie de entender al hombre y sus miserias, sus problemas, sus ruegos, sus esperanzas. Lo escribió Martín Descalzo: “En todas las esquinas de la vida,/ Tú lo sabes, Señora,/ nos espera el dolor/ los hijos muertos,/ la angustia del salario que no llega,/ el puñetazo cruel de la injusticia,/ la violencia y la guerra,/ el horrible vacío de tantas soledades,/ los infinitos ríos del llanto de los hombres. ¿Y a quién acudir sino a tu lado,/ Virgen experta en penas,/ sabia en dolores, / maestra en el sufrir,/ conocedora de todas las espadas?”.  


   La Iglesia los creyentes tenemos que sumergirnos en Dios y en María, recuperar la verdad de la Semana Santa, mirar la Cruz, las cruces del camino, no dimitir de nuestras responsabilidades, y poner la mirada en lo que importa. Ponernos de pie, como decía Blas de Otero: “Salva al hombre, Señor en esta hora/ horrorosa, de trágico destino;/ no sabe adónde va, de dónde vino/ tanto dolor, que en sauce roto llora./ Ponlo de pie, Señor, clava tu aurora/ en su costado, y sepa que es divino despojo, polvo errante en el camino;/ mas que tu luz lo inmortaliza y dora”. Somos mucho más que carne, que polvo. Aspiramos a la Verdad, a una sociedad más humana, más justa, más comprometida, trascendente. Es Viernes Santo. Y luego, tras la muerte, llega la vida, la Pascua, el gran misterio. Aunque a veces, demasiadas veces, no lo parezca.

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