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¿Radicalizar qué?

¿Radicalizar qué?

No será esa la más grande radicalización, de todas, la de la tozudez y sordera?

Dura como siempre, una línea de pensamiento que prospera dentro del movimiento democrático se empeña en no entender algunas cuestiones cruciales. Diría, incluso, que se esfuerzan por entenderlas de un modo que está way out de la realidad, de la dura realidad que ha venido arrinconando a Chávez y su banda desde su irrepetible y ya lejano triunfo de diciembre/2006.

Tomemos el reciente certamen electoral. Por donde usted lo vea para el chavismo fue una dura derrota. Y lo peor, todo el mundo -literalmente todo el mundo, si hemos de seguir la pista de los grandes medios del planeta- entendió que fue una derrota tramposa: con menos votos obtuvo una falsa representación -mayoritaria- para la Asamblea Nacional. El chavismo ya no puede engañar a nadie. Y eso lo saben de sobra los "beneficiados".

Pero hay más: fue una derrota a las maniobras combinadas del CNE y la Asamblea Nacional. El "gerrymandering" (el reacomodo tramposo de los circuitos electorales) no logró todo lo que se proponía, y en algunos casos se volvió contra sus creadores; pero lo peor fueron los resultados de imponer el sistema inglés (gana quien tiene más votos, aunque sean pocos; y los votos del perdedor no valen nada) que golpeó severamente al chavismo en Miranda, Zulia, Táchira y de modo espectacular en Anzoátegui.

Pues bien, todavía hay gente que se identifica como del movimiento democrático empeñada en no aceptar la magnitud de la debacle chavista. La primera propuesta de estos analistas es quedarse sólo con el número de votos, negándose a aceptar que fue un castigo duro y ejemplar que la población propinó a plena conciencia. Sólo la cúpula chavista anda queriendo entenderla como un problema de maquinaria y pendejadas del mismo tipo.

No y no; fue un golpe que sólo tiene el precedente del 30 de noviembre de 1952 y que la población asestó sin vacilar y muy clara de lo que hacía. Si los perdedores no lo entienden así van mandados a una catástrofe final en el 2012. ¿De dónde sacan algunos, entonces, que el chavismo todavía tiene garra y fuerza, y que Chávez aún goza de un amplio margen de acción?, ¿de dónde?

Pareciera que hay como un extraño acuerdo entre Chávez y quienes desde la otra orilla -la nuestra- lo interpretan: la vía que parecería escoger Chávez es la de la radicalización. Y hasta uno sospecha que es esa, esa y no otra cosa la que Chávez desea le crean. Él pareciera que se aferra a la idea de que si logra meter miedo, ello inhibirá a sus enemigos. Lo que no parece poder captar es que son ya muchos y que, una y otra vez, nada sugiere que el temor les esté inhibiendo -por lo menos eso es lo que muestran los números. ¿O será que nos aproximamos al punto que tan bien ejemplificaron las masas de Alemania Oriental cuando les dijeron a sus tiranos: ¡Ya, ya está bueno!

Pero supongamos que sí, que Chávez escogió la vía de la radicalización. Bueno, por qué entonces no preguntarnos: ¿radicalización de qué? Siempre queremos suponer que ella se expresa en la andanada final contra las tierras y las empresas ajenas, las escuelas privadas y el asalto al mundo de la familia. Últimamente, incluso, se expresa hasta en el fulano Registro Militar, sin darnos cuenta de algo capital: la verdadera radicalización, la que inexorablemente el destino le depara a Chávez no parece ser la que él querría, sino la otra, una muy perversa, que terminaría dando al traste -¡por fin!- a esta pesadilla.

¿Y cuál es esa otra radicalización? Pues la del desempleo, ése sí que se está radicalizando, chamo. La de la falta de real, que es producto y a la vez productora de ese mismo desempleo. La de la sequía de viviendas, ésa que ha llevado a Chávez a pedir cacao por Rusia y Bielorrusia, ésa que le han generado las expropiaciones de las cementeras y de Sidor. Y el hombre no aprende, chamo.

¿No será esa la más grande radicalización de todas, la de la tozudez y sordera de Chávez? Y el que uno de los jóvenes diputados se vanaglorie de la labor "foquista" (no por foco, sino por foca) a la que se apresta, ¿no nos alerta también sobre la radicalización que nos espera: la absoluta incapacidad entre los que aún pretenden -o simulan- seguirlo de ver que va raudo hacia el despeñadero y no poder dar un frenazo? ¿O será que es peor la maldición que les persigue: con Chávez van al infierno, pero sin él lo que les espera es la nada? Esto sería, a no dudarlo, el suicidio supremo. Ése que tantas veces hemos visto en la historia: todos tras el líder, hacia la ruina definitiva y sin retorno.

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